Histórico: los hórreos ya son Patrimonio Cultural Inmaterial en España

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El Gobierno de España dio un paso clave en la protección de su identidad cultural al declarar a los hórreos como Patrimonio Cultural Inmaterial. La medida, aprobada el 7 de abril de 2026 por el Consejo de Ministros, reconoce no solo estas construcciones tradicionales, sino también los saberes y prácticas que las rodean.

Los hórreos son pequeños graneros elevados sobre pilares, característicos del norte peninsular, especialmente en regiones como Galicia, Asturias, Cantabria, Navarra y el País Vasco. Su diseño no es casual: al estar separados del suelo, protegen los alimentos de la humedad y de plagas como los roedores, mientras permiten una ventilación constante que ayuda a conservar cereales y otros productos.

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Más allá de su función práctica, los hórreos representan una parte fundamental de la vida rural. Durante siglos, fueron espacios vinculados a la agricultura, la alimentación y la organización social de las comunidades. Su presencia en el paisaje no solo define la estética del norte español, sino que también actúa como un símbolo de identidad colectiva.

La iniciativa fue impulsada por el Ministerio de Cultura, encabezado por Ernest Urtasun, y se formalizó mediante un Real Decreto tras varios meses de tramitación. La declaración los incluye como “Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial”, una categoría que busca proteger tanto el objeto físico como el conocimiento asociado a su construcción y uso.

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Sin embargo, este reconocimiento llega en un momento crítico. Con el paso del tiempo, muchos hórreos han perdido su función original, lo que generó un progresivo abandono y desconexión con las nuevas generaciones. A esto se suma la falta de relevo en los oficios tradicionales y la homogeneización de las construcciones, que pone en riesgo las particularidades locales.

Por eso, la medida no solo apunta a conservar estas estructuras, sino también a preservar la memoria y los conocimientos transmitidos durante generaciones. La declaración permitirá impulsar su estudio, documentación y difusión, además de fomentar su valor cultural y social.

En definitiva, proteger los hórreos es proteger una forma de vida. Un legado que sigue en pie entre montañas y paisajes verdes, recordando cómo las comunidades supieron adaptarse al entorno mucho antes de la modernidad.

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