La conservación en África atraviesa un momento de profundo dolor tras el violento ataque ocurrido en el Parque Nacional Upemba, en la República Democrática del Congo. Durante la madrugada del 3 de marzo, un grupo de hombres armados irrumpió en la estación de Lusinga, cuartel general del área protegida, dejando un saldo de siete integrantes del parque muertos, además de provocar graves daños en la infraestructura.

Entre las víctimas se encontraban Ruth Osodu y Subira Bonhomme, dos miembros civiles del equipo que dedicaban su vida a la conservación. Osodu, veterinaria, trabajaba activamente en terreno junto a guardaparques, mientras que Bonhomme, originario de Kivu del Norte, era reconocido por su compromiso con el desarrollo y la gestión de este territorio clave para la biodiversidad del país.
Según los reportes posteriores al ataque, la ofensiva fue rápida y coordinada. Un numeroso grupo armado logró sobrepasar en pocos minutos a la reducida fuerza de seguridad presente en la base. Testimonios de sobrevivientes indican además que los atacantes tenían una lista específica de personas a las que buscaban, lo que refuerza la hipótesis de que se trató de una acción dirigida y no de un hecho aislado.

Lo ocurrido en Lusinga vuelve a poner en evidencia la extrema vulnerabilidad en la que operan muchas áreas protegidas en regiones atravesadas por conflictos armados, abandono estatal e intereses económicos sobre el territorio. En lugares como Upemba, proteger la naturaleza no solo implica conservar ecosistemas únicos, sino también enfrentar riesgos constantes que ponen en juego la vida de quienes trabajan día a día por preservar el patrimonio natural.









