Monte Etna, el volcán más activo de Europa y uno de los más vigilados del planeta, podría tener un origen completamente distinto al de cualquier otro gran volcán conocido. Así lo plantea una nueva investigación que sugiere que su formación no encaja en ninguno de los modelos geológicos tradicionales.
El estudio, publicado en la revista Journal of Geophysical Research y liderado por la Universidad de Lausana, contó además con participación del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Catania.
Actualmente, el Etna supera los 3.000 metros de altura y registra erupciones varias veces al año. Sin embargo, hasta ahora los científicos no lograban explicar con precisión cómo se originó.

El volcán no se encuentra en el límite clásico entre placas tectónicas, tampoco responde al modelo de volcanes explosivos formados en zonas de subducción como el Monte Fuji, ni está ubicado sobre un “punto caliente” como ocurre con Hawái o La Reunión.
Para resolver el misterio, los investigadores analizaron muestras de lava generadas durante los últimos 500.000 años. Los resultados revelaron que la composición química del material expulsado se mantuvo sorprendentemente estable a lo largo del tiempo, incluso pese a cambios tectónicos en la región.
Según el trabajo, el Etna se alimenta de pequeñas reservas de magma presentes en el manto superior, a unos 80 kilómetros de profundidad. Ese material sería impulsado hacia la superficie por los complejos movimientos generados por la colisión entre las placas africana y euroasiática.

Esto llevó a los expertos a proponer que el volcán siciliano pertenecería a una cuarta categoría poco conocida llamada “petit-spot”, un tipo de volcán descrito por primera vez en 2006 por geólogos japoneses y normalmente asociado a pequeñas estructuras submarinas.
Si se confirma, el Etna sería un caso excepcional: un gigantesco volcán terrestre funcionando bajo un mecanismo que hasta ahora solo se relacionaba con volcanes mucho más pequeños.
El hallazgo no solo cambia lo que se sabía sobre el Etna, sino que también podría ayudar a entender el origen de otros sistemas volcánicos aún enigmáticos en distintas partes del mundo.









