Un grupo de expertos nepalíes logró una arriesgada hazaña en el Monte Everest al reabrir una de las rutas más importantes hacia la cumbre, que permanecía cerrada desde hacía dos semanas por una enorme torre de hielo inestable.
El obstáculo era un serac, una gigantesca masa de hielo suspendida en la temida Cascada de Hielo del Khumbu, uno de los sectores más peligrosos de toda la montaña y paso obligado para quienes ascienden por la cara sur de Nepal.

La misión extrema
El operativo fue realizado por 21 especialistas, entre ellos ocho integrantes de los llamados “icefall doctors”, guías de élite encargados de preparar cada temporada el camino hacia la cima más alta del planeta.
Su trabajo consiste en instalar cuerdas fijas y colocar escaleras de aluminio sobre grietas profundas para permitir el paso seguro de cientos de escaladores.
Tras una intensa jornada, lograron reabrir el tramo hasta el Campamento 1, permitiendo que las expediciones puedan retomar lentamente su avance.
El peligro sigue latente
Aunque la ruta quedó habilitada, las autoridades advirtieron que el enorme bloque de hielo continúa en la zona y todavía representa una amenaza.
“El riesgo persiste”, señalaron desde las agencias de montaña, mientras se analiza la situación con sobrevuelos y monitoreo constante.
Actualmente, cientos de montañistas aguardaban en el campamento base sin poder avanzar, en plena temporada alta de ascensos.
Una zona con antecedentes trágicos
La Cascada de Hielo del Khumbu es considerada una de las áreas más letales del Everest. Allí enormes bloques pueden desprenderse sin aviso y provocar avalanchas.

En 2014, una tragedia sacudió la montaña cuando una avalancha de hielo mató a 16 guías sherpas, en uno de los peores desastres registrados en la historia del Everest.
Temporada récord en marcha
Nepal emitió este año más de 410 permisos para escaladores extranjeros que intentarán alcanzar la cima antes de fines de mayo.
Cada temporada, miles sueñan con llegar al techo del mundo, pero esta nueva emergencia volvió a recordar que en el Everest la naturaleza siempre tiene la última palabra.









