Parque Nacional Yosemite atraviesa una temporada histórica… pero no precisamente por buenas razones. Tras eliminar el sistema de reservas obligatorias para ingresar, el parque comenzó a registrar niveles récord de visitantes, enormes embotellamientos y estacionamientos completamente saturados.
La nueva normativa entró en vigor en febrero de 2026 y permite acceder al parque sin necesidad de reservar previamente. Ahora, cualquier persona puede ingresar simplemente comprando un pase de entrada válido. Sin embargo, la medida generó un fuerte aumento del turismo y complicaciones logísticas en uno de los destinos naturales más famosos de Estados Unidos.

Según cifras oficiales, solo en marzo de este año Yosemite recibió más de 225.000 visitantes, muy por encima de los registros del mismo período en 2025. Las autoridades ya reconocen que muchas áreas alcanzan su capacidad máxima durante las primeras horas del día, especialmente en fines de semana y vacaciones.
Los principales problemas se concentran en el tráfico interno, las largas filas de acceso y la falta de estacionamiento. Además, los servicios de transporte dentro del parque operan al límite y en algunos momentos se deben implementar cortes temporales de circulación para evitar colapsos.
Durante los últimos años, Yosemite había utilizado sistemas de reservas para controlar el número de visitantes, especialmente después de la pandemia. Sin embargo, el Servicio de Parques Nacionales consideró que ese mecanismo ya no era la mejor opción y decidió apostar por una gestión más flexible del flujo turístico.

A pesar de las dificultades, las autoridades aseguran que el parque seguirá abierto sin reservas y recomiendan a los turistas llegar temprano, evitar fines de semana y consultar reportes de tráfico en tiempo real antes de viajar.
El caso volvió a abrir el debate sobre cómo equilibrar el turismo masivo con la conservación de espacios naturales icónicos, especialmente en destinos que reciben millones de visitantes cada año.








