Mientras Europa enfrenta una intensa ola de calor con temperaturas que superan los 40 °C, en Francia comenzó a popularizarse un método tan simple como económico para mantener las viviendas más frescas: pintar las ventanas con una mezcla de tiza y agua.
El recurso, que ya se utiliza en escuelas, hogares y comercios, se volvió tan popular que en varias ciudades el producto comenzó a agotarse debido al aumento de la demanda.
¿Cómo funciona este método?

La técnica consiste en mezclar blanc de Meudon, un polvo elaborado principalmente con carbonato de calcio, con agua y aplicar la mezcla sobre los vidrios.
Al secarse, forma una capa blanca semitransparente que deja pasar parte de la luz natural, pero refleja gran parte de la radiación solar y del calor antes de que ingrese al interior de la vivienda.
De esta manera, las habitaciones permanecen varios grados más frescas durante las horas de mayor temperatura.
La ciencia respalda el efecto
Especialistas explican que el carbonato de calcio posee una gran capacidad para reflejar la luz visible, la radiación ultravioleta y el infrarrojo cercano, responsable de gran parte del calor solar.
Por esa razón, este material también se utiliza en investigaciones destinadas a desarrollar pinturas capaces de enfriar edificios sin necesidad de consumir electricidad.
Diversos estudios demostraron que las superficies blancas pueden reducir significativamente la temperatura interior de una construcción, mientras que las llamadas pinturas «ultrablancas» logran reflejar hasta el 98 % de la radiación solar.
Una alternativa al aire acondicionado
Además de su bajo costo, uno de los principales beneficios de este sistema es que no requiere consumo eléctrico.
A diferencia del aire acondicionado, que demanda energía y libera calor al exterior, la capa de tiza simplemente refleja la radiación solar antes de que atraviese el vidrio, disminuyendo el calentamiento del ambiente de forma pasiva.
Por ese motivo, muchos expertos consideran que este tipo de soluciones pueden ayudar a enfrentar las olas de calor cada vez más frecuentes provocadas por el cambio climático.
Una tendencia que crece en Europa
El éxito de este método se suma al auge de los llamados «techos fríos», cubiertas pintadas de blanco o recubiertas con materiales reflectantes que ya comienzan a implementarse en distintas ciudades europeas.
La idea no es nueva: desde hace siglos, muchas localidades del sur de Europa, especialmente en Grecia, utilizan fachadas blancas para mantener las viviendas más frescas durante el verano.
Incluso algunos estudios estiman que este tipo de estrategias podrían reducir la temperatura urbana y evitar cientos de muertes relacionadas con el calor extremo.
También probaron con… yogur
Curiosamente, la tiza no es el único material que despertó el interés de los investigadores.
Un experimento realizado en el Reino Unido mostró que aplicar una fina capa de yogur sobre los vidrios también ayuda a bloquear parte del calor solar. Según los resultados, las viviendas tratadas con este método registraron temperaturas interiores de hasta 3,5 °C más bajas durante jornadas de intenso calor.
Aunque pueda parecer una solución insólita, tanto el yogur como la tiza forman parte de una nueva búsqueda de alternativas sencillas, económicas y sostenibles para hacer frente a las temperaturas extremas que cada año afectan a más regiones del mundo.








