Un equipo de investigadores logró explorar una de las áreas más estrechas y frágiles de la cueva de Altamira utilizando un dron equipado con tecnología de última generación. La misión permitió crear una reconstrucción tridimensional de alta precisión y detectar grietas que podrían comprometer la estabilidad de este histórico sitio arqueológico sin necesidad de que ingresaran personas a los sectores más vulnerables.

La iniciativa fue desarrollada por especialistas del Museo de Altamira, la Universidad de Zaragoza y la Universidad de Cantabria, quienes realizaron doce vuelos con un vehículo aéreo diseñado para desplazarse en espacios confinados donde el acceso humano resulta extremadamente difícil.
Cómo logró orientarse el dron dentro de la cueva
Uno de los mayores desafíos fue que en el interior de Altamira no existe señal GPS y la iluminación es mínima. Para resolverlo, el dron utilizó un sistema de navegación SLAM, capaz de construir un mapa del entorno mientras calcula su propia ubicación en tiempo real.
Además, incorporó sensores LiDAR, una tecnología basada en pulsos láser que permite generar reconstrucciones tridimensionales con precisión milimétrica. Gracias a esta combinación, los investigadores obtuvieron un modelo digital completo de sectores que hasta ahora nunca habían podido documentarse con ese nivel de detalle.
Detectaron grietas y posibles riesgos estructurales
Más allá del valor arqueológico del escaneo, el estudio permitió identificar fracturas activas, bloques de roca sobresalientes y acumulaciones de sedimentos en zonas completamente inaccesibles mediante métodos tradicionales.
Estos hallazgos ayudarán a monitorear la estabilidad estructural de la cueva y a diseñar estrategias de conservación para proteger uno de los conjuntos de arte rupestre más importantes del mundo, con pinturas de más de 20.000 años de antigüedad.

La inteligencia artificial también participó del proyecto
Los investigadores complementaron el trabajo con un sistema de inteligencia artificial basado en aprendizaje profundo, entrenado para reconocer automáticamente grietas e indicios de inestabilidad geológica a partir de las imágenes obtenidas durante los vuelos.
La combinación de drones autónomos, escaneo láser e inteligencia artificial abre una nueva etapa en la investigación arqueológica, ya que permite estudiar espacios extremadamente delicados sin intervenir físicamente sobre ellos.
Los responsables del proyecto consideran que esta tecnología podría aplicarse en otras cuevas, túneles y yacimientos arqueológicos donde el acceso humano representa un riesgo tanto para los investigadores como para la conservación del patrimonio.







