El “Chernóbil argentino”: un pozo petrolero abandonado contamina el bosque salteño

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En Lomas de Olmedo, al norte de Salta, un antiguo pozo libera gases y líquidos con hidrocarburos. Mientras las autoridades aseguran que realizan controles, vecinos y ambientalistas denuncian que todavía no existe una solución definitiva.

En medio del bosque nativo del norte de Salta, un pozo petrolero abandonado se convirtió en el centro de una grave crisis ambiental. Se trata del Lomas de Olmedo X-10, también identificado como L.O. X-10, ubicado en el área hidrocarburífera Puesto Guardián, cerca de Pichanal, en el departamento de Orán.

El pozo fue perforado en 1983 por YPF, cuando la petrolera todavía era una empresa estatal. Con el paso de los años, la explotación del área quedó en manos de distintas compañías. La última operadora fue President Petroleum S.A., cuya quiebra fue declarada en 2025.

Desde hace aproximadamente tres años, el lugar presenta fugas de gases y líquidos con hidrocarburos. Organizaciones ambientalistas sostienen que las emanaciones afectaron el aire, el suelo, el agua, la vegetación y la fauna de los alrededores. Greenpeace llegó a describir el lugar como un Chernóbil salteño o “Chernóbil argentino”, una expresión utilizada para representar la magnitud y persistencia del daño, aunque el episodio no involucra contaminación nuclear.

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Un paisaje donde la vegetación dejó de crecer

Según Greenpeace, la contaminación alcanzó al menos 20 hectáreas de bosque. Las imágenes difundidas por la organización muestran árboles secos, suelos cubiertos por fluidos y sectores donde prácticamente desapareció la vegetación. También se denunciaron animales muertos y el desplazamiento de familias que vivían o trabajaban cerca del pozo.

La zona forma parte del Gran Chaco Americano, uno de los ecosistemas forestales más extensos y biodiversos de Sudamérica. Por ese motivo, el impacto no se limita a la superficie inmediata del yacimiento: ambientalistas advierten que las fugas pueden afectar cursos de agua, fauna silvestre, ganado y comunidades rurales.

Los gases que emergen del subsuelo también generan preocupación por el riesgo de intoxicaciones e incendios. En junio de 2025, el Comité de Crisis provincial estableció inicialmente un radio de seguridad de entre 200 y 300 metros alrededor de la boca del pozo, sujeto a los resultados de las mediciones.

Reclamos, controles y una solución que no llega

El Gobierno de Salta informó que fiscaliza el lugar y que, debido a incumplimientos de la empresa, la Secretaría de Minería y Energía ordenó mediante la Resolución 114/2024 el abandono obligatorio del pozo y la realización de estudios ambientales. La Provincia también indicó que existe una denuncia por contaminación ambiental ante la Fiscalía Penal de Pichanal.

Durante 2025 se instalaron cercos, vigilancia policial y puestos de control. Además, se realizaron mediciones de gases y se conformó un comité integrado por organismos de minería, energía, ambiente, recursos hídricos y seguridad.

En diciembre de ese año, el Gobierno provincial dictó el Decreto 826/25, relacionado con la situación de la concesión del área Puesto Guardián. Sin embargo, vecinos y Greenpeace sostienen que, más de seis meses después, las fugas continúan y todavía no se presentó públicamente un plan concreto, financiado y con plazos definidos para sellar el pozo y recuperar el ecosistema.

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¿Quién debe pagar la remediación?

Uno de los principales interrogantes es quién asumirá el coste de controlar definitivamente la fuga y reparar el daño ambiental. La empresa que operaba el área quebró, pero el pozo pasó anteriormente por distintas administraciones y compañías.

Las organizaciones ambientalistas reclaman que quienes obtuvieron beneficios económicos durante la explotación se hagan responsables. También piden que el Estado garantice la seguridad de los habitantes, realice estudios independientes sobre la contaminación y publique toda la información relacionada con los gases, el agua y el suelo.

El caso expone un problema que va más allá de Salta: qué ocurre con los pozos petroleros cuando dejan de ser rentables y las empresas abandonan las instalaciones sin completar correctamente su cierre.

Un desastre silencioso en el norte argentino

A diferencia de una explosión repentina, la crisis de Lomas de Olmedo avanza lentamente. Cada día que pasa sin que el pozo sea sellado aumenta la posibilidad de que los contaminantes se extiendan y que la recuperación del bosque resulte más difícil y costosa.

El denominado “Chernóbil argentino” no es una catástrofe nuclear, pero sí representa una advertencia sobre las consecuencias de una explotación petrolera sin controles suficientes y sin garantías efectivas para el momento del abandono.

Mientras las autoridades hablan de controles y procedimientos administrativos, los pobladores esperan una acción concreta: detener las emanaciones, determinar la magnitud real del daño y comenzar la restauración de una zona donde antes había monte, animales y familias, y donde hoy persiste una herida ambiental abierta.

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