En las montañas de Chiapas existe un lugar donde la Coca-Cola no es solamente un refresco. Está presente en las comidas, en las reuniones familiares, en las tiendas y hasta en algunas ceremonias religiosas.
Se trata de San Juan Chamula, una comunidad indígena ubicada a unos 10 kilómetros de San Cristóbal de las Casas, en la región de Los Altos de Chiapas, al sur de México.
Con frecuencia, Chamula aparece en medios de todo el mundo como “el lugar que más Coca-Cola consume en el planeta”. Sin embargo, detrás de ese título impactante existe una realidad mucho más compleja, atravesada por la falta de agua potable, la pobreza, la publicidad, los hábitos alimentarios y una particular apropiación cultural de la bebida.
¿Dónde queda San Juan Chamula?
San Juan Chamula es la cabecera del municipio de Chamula, en el estado mexicano de Chiapas.
La localidad se encuentra en una zona montañosa, a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar, y está habitada principalmente por población indígena tsotsil. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda de 2020, el municipio de Chamula tenía 101.967 habitantes, mientras que la localidad de San Juan Chamula contaba con 4.727 residentes.

Más que una ciudad en el sentido tradicional, Chamula es una comunidad conocida por conservar una fuerte identidad indígena, su propia organización social y una religiosidad que mezcla elementos católicos con creencias ancestrales.
¿Cuánta Coca-Cola se consume?
Una de las cifras más repetidas sostiene que en Chiapas se consumen aproximadamente 821,25 litros de Coca-Cola por persona al año.
Es importante aclarar que no existe una estadística pública y periódica que demuestre que cada habitante de San Juan Chamula bebe exactamente esa cantidad. El dato suele atribuirse al estado de Chiapas y después se utiliza para describir el caso extremo de comunidades como Chamula.
Tomando esa cifra como referencia, el consumo equivaldría a:
- 2,25 litros por persona al día.
- 15,75 litros por semana.
- 68,44 litros por mes.
- 821,25 litros por año.
En envases, serían aproximadamente:
- Casi 4 botellas de 600 mililitros por día.
- Alrededor de 114 botellas de 600 mililitros al mes.
- Unas 1.369 botellas de 600 mililitros al año.
- Más de 410 botellas de 2 litros al año.
Para dimensionar el fenómeno, la OPS situó históricamente el consumo promedio mexicano de bebidas azucaradas alrededor de los 163 litros anuales por persona. La cifra atribuida a Chiapas sería, por lo tanto, unas cinco veces mayor.

El equivalente en azúcar
La cantidad exacta de azúcar depende de la fórmula y de la presentación comercial. Como cálculo orientativo, si se utiliza una referencia de 10,6 gramos de azúcar por cada 100 mililitros, beber 2,25 litros diarios representaría aproximadamente:
- 238 gramos de azúcar por día.
- 7,25 kilos de azúcar por mes.
- 87 kilos de azúcar por año.
Eso equivaldría a cerca de 60 cucharaditas de azúcar diarias, aunque se trata de una conversión teórica basada en el promedio de consumo y no de una medición individual.
La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar los azúcares libres a menos del 10% de la ingesta energética diaria y señala que reducirlos por debajo del 5% puede aportar beneficios adicionales.
¿Por qué se bebe tanta Coca-Cola en Chamula?
No existe una única explicación. El fenómeno combina cuestiones económicas, culturales, sociales y de infraestructura.

1. El acceso irregular al agua potable
En numerosas comunidades de Chiapas, el acceso al agua segura no es continuo. Algunas familias reciben agua durante pocas horas, deben almacenarla o comprarla por separado.
En ese contexto, una bebida embotellada, sellada y disponible en casi cualquier tienda puede ser percibida como una opción más confiable que el agua de origen incierto.
La paradoja es especialmente llamativa porque Chiapas es uno de los estados más lluviosos de México. Sin embargo, las precipitaciones abundantes no garantizan redes de distribución, sistemas de saneamiento ni agua potable dentro de los hogares.
2. Una distribución comercial muy eficiente
Mientras el agua potable puede no llegar todos los días a determinadas comunidades, los camiones repartidores de refrescos alcanzan incluso pequeñas localidades rurales.
La amplia red de distribución, la presencia de refrigeradores en los comercios, las promociones y los envases familiares transformaron a la Coca-Cola en un producto extremadamente accesible.
En algunos casos, su precio puede acercarse al del agua purificada, algo que influye especialmente en las decisiones de los hogares con menores ingresos.
3. Publicidad y presencia de marca
La publicidad de bebidas azucaradas tiene una gran presencia en Chiapas. Carteles, toldos, fachadas pintadas, refrigeradores y mobiliario comercial convierten a la marca en parte del paisaje cotidiano.
La Coca-Cola también se asocia con celebraciones, hospitalidad, reuniones familiares y prestigio social. Ofrecer un refresco a una visita puede interpretarse como una muestra de atención o respeto.
4. Una incorporación a los rituales
Uno de los aspectos más curiosos de Chamula es la utilización de refrescos dentro de determinadas ceremonias religiosas.
En el interior de la iglesia de San Juan Bautista no hay bancos convencionales. El suelo suele estar cubierto con hojas de pino y los participantes encienden velas, realizan plegarias y efectúan rituales que combinan elementos católicos con prácticas tradicionales tsotsiles.


En algunas de estas ceremonias se consume Coca-Cola junto con pox, un aguardiente local elaborado tradicionalmente a partir de maíz o caña de azúcar.
La carbonatación provoca eructos, que pueden ser interpretados simbólicamente como una forma de expulsar enfermedades, energías negativas o malos espíritus.
Esto no significa que la Coca-Cola sea una tradición ancestral. La bebida fue incorporada con el paso del tiempo a un sistema ritual preexistente. Es un ejemplo de cómo una comunidad puede apropiarse de un producto global y otorgarle un significado completamente local.
Una iglesia diferente a cualquier otra
La iglesia de San Juan Bautista es uno de los sitios más conocidos de Chamula. Su exterior recuerda a un templo católico colonial, pero en el interior se desarrollan prácticas religiosas particulares.
No suelen celebrarse misas católicas de manera convencional. Las familias se reúnen en pequeños grupos, colocan velas de diferentes colores sobre el suelo y realizan oraciones en lengua tsotsil.

Las fotografías dentro del templo están estrictamente restringidas. Para la comunidad, no se trata simplemente de una atracción turística, sino de un espacio sagrado. Los visitantes deben respetar las reglas locales y evitar fotografiar ceremonias o personas sin autorización.
Los problemas asociados al consumo excesivo
La presencia cultural de la bebida no elimina sus consecuencias sanitarias. La OMS advierte que el consumo frecuente de bebidas azucaradas aumenta la ingesta de azúcares libres y calorías, y está relacionado con problemas como el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y la caries dental.
Diabetes tipo 2
La exposición cotidiana a grandes cantidades de azúcar puede aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, especialmente cuando se combina con factores como alimentación de baja calidad, predisposición genética, pobreza y acceso limitado a controles médicos.
La diabetes puede causar complicaciones graves, entre ellas daño renal, pérdida de visión, problemas cardiovasculares, lesiones nerviosas y amputaciones.
Obesidad y enfermedades cardiovasculares
Las bebidas azucaradas aportan muchas calorías, pero producen menos sensación de saciedad que los alimentos sólidos. Esto facilita que una persona consuma más energía de la que necesita.
A largo plazo, el exceso de peso puede incrementar el riesgo de hipertensión, enfermedades del corazón y otros trastornos metabólicos.
Caries y pérdida de piezas dentales
El azúcar alimenta a las bacterias que producen ácidos y deterioran el esmalte dental. A esto se suma la propia acidez de las bebidas gaseosas.
En regiones con acceso limitado a dentistas, tratamientos preventivos o productos de higiene bucal, una caries puede convertirse rápidamente en un problema grave.
Impacto en la infancia
Una de las principales preocupaciones es la introducción temprana de bebidas azucaradas en la alimentación infantil.
Cuando los niños se acostumbran desde pequeños a sabores extremadamente dulces, puede resultar más difícil reemplazarlos posteriormente por agua u otras bebidas sin azúcar. Además, aumenta el riesgo de caries temprana, sobrepeso y alteraciones metabólicas.
La polémica por el agua
Cerca de San Cristóbal de las Casas funciona una planta embotelladora operada por Coca-Cola FEMSA. Diversos informes académicos y periodísticos han cuestionado durante años la cantidad de agua que la industria de bebidas extrae de la zona, especialmente mientras numerosas comunidades sufren interrupciones en el suministro.
Una publicación de la Universidad de Michigan menciona una autorización de extracción cercana a 1,14 millones de litros diarios para la planta.
Sin embargo, atribuir la escasez de agua únicamente a una empresa sería una simplificación. El problema también involucra redes deficientes, falta de inversión pública, crecimiento urbano, contaminación, administración inadecuada de los recursos y variaciones climáticas.

La controversia central puede resumirse en una pregunta: ¿cómo puede una bebida industrial llegar de manera constante a las comunidades mientras el acceso al agua potable continúa siendo irregular?
Un fenómeno que no debe reducirse a una curiosidad
Presentar a Chamula únicamente como “el pueblo adicto a la Coca-Cola” puede convertir un problema social en una anécdota turística y reforzar estereotipos sobre las comunidades indígenas.
La realidad es más profunda. La población no consume refrescos simplemente por desconocimiento. Sus decisiones están condicionadas por la disponibilidad de agua segura, los precios, la publicidad, la infraestructura, las costumbres y las desigualdades económicas.
Tampoco sería correcto responsabilizar a las ceremonias tradicionales por todo el consumo. Los usos rituales representan solamente una parte de una presencia mucho más amplia de la bebida en la vida cotidiana.
Algunas cifras para entender la dimensión
Si los 101.967 habitantes del municipio consumieran hipotéticamente el promedio de 821,25 litros por persona al año, el volumen total alcanzaría aproximadamente:
- 229.426 litros diarios.
- 6,98 millones de litros mensuales.
- 83,74 millones de litros anuales.
Ese volumen anual sería suficiente para llenar más de 33 piscinas olímpicas, considerando una capacidad aproximada de 2,5 millones de litros por piscina.
Nuevamente, se trata de una proyección matemática: no demuestra que todo el municipio consuma exactamente esa cantidad ni que el consumo esté distribuido de manera uniforme.
¿Qué soluciones se proponen?
Especialistas en salud pública y organizaciones comunitarias suelen señalar que reducir el consumo no depende solamente de decirle a la población que beba menos refresco.
Para que exista una alternativa real, es necesario:
- Garantizar agua potable segura y continua.
- Instalar sistemas comunitarios de captación de lluvia.
- Mejorar las redes de distribución y saneamiento.
- Limitar la publicidad dirigida a niños.
- Facilitar el acceso a controles de glucosa y atención odontológica.
- Impulsar programas educativos en las lenguas de las comunidades.
- Ofrecer bebidas saludables a precios accesibles.
- Trabajar junto con las autoridades tradicionales, sin estigmatizar las prácticas culturales.

Chamula, entre lo global y lo ancestral
San Juan Chamula es mucho más que una estadística de consumo.
Es un lugar donde una de las marcas más conocidas del planeta ingresó en la economía, en la vida cotidiana y hasta en determinadas expresiones espirituales de una comunidad indígena.
Pero también es el reflejo de una contradicción: en una región con abundantes lluvias, una bebida azucarada puede ser más fácil de encontrar que un vaso de agua potable.
Esa paradoja explica por qué la historia de Chamula resulta tan llamativa. No se trata solamente de cuántos litros de Coca-Cola se beben, sino de las condiciones sociales, económicas y culturales que hicieron posible que un refresco industrial ocupara un lugar tan central.







