Lo que parecía una misión imposible terminó convirtiéndose en una de las mayores hazañas de la natación de ultraresistencia. El polaco Bartłomiej Kubkowski logró cruzar a nado el mar Báltico desde Suecia hasta la ciudad costera de Dziwnów, en Polonia, tras recorrer 160 kilómetros durante 55 horas ininterrumpidas. Además de establecer un nuevo récord mundial, la travesía permitió recaudar cerca de 230.000 dólares para la lucha contra el cáncer.
El desafío no fue sencillo. Kubkowski, conocido por el apodo de «Foka», necesitó cinco intentos para completar el recorrido. En 2025 había quedado a apenas 11 kilómetros de la meta, pero esta vez la preparación, la experiencia y la determinación hicieron la diferencia.
Un entrenamiento extremo para un desafío único
Durante meses, el nadador se sometió a un plan de entrenamiento diseñado para soportar el desgaste físico y mental de permanecer más de dos días seguidos en el agua. Realizó sesiones que se extendían durante más de 30 horas, incluso de noche, para acostumbrar al cuerpo a la falta de descanso y a la fatiga extrema.

Las condiciones del mar Báltico elevaron aún más la dificultad. El agua rondaba los 16 °C en algunos sectores, mientras que el oleaje y las corrientes obligaban a mantener un esfuerzo constante para no desviarse del recorrido.
Como parte de las reglas del reto, Kubkowski no podía tocar la embarcación de apoyo en ningún momento. Cada vez que necesitaba alimentarse, el equipo le acercaba comida y bebidas mediante un sistema especial que le permitía seguir nadando sin perder el contacto con el agua.
El momento más crítico: las alucinaciones
Luego de más de 50 horas de esfuerzo continuo, comenzaron a aparecer las consecuencias del agotamiento extremo. El nadador empezó a sufrir episodios de desorientación y alucinaciones, una reacción que su equipo ya esperaba debido al nivel de exigencia física.
En varios momentos perdió la noción del rumbo y preguntaba repetidamente hacia dónde debía dirigirse. Al advertir que algo no estaba bien, los integrantes del equipo incrementaron las raciones de comida para aportarle energía y mantenerlo consciente.
Kubkowski contó más tarde que veía «cosas extrañas» mientras avanzaba hacia la costa. Uno de los momentos más curiosos ocurrió cuando encontró una botella de gaseosa que su equipo había arrojado al agua para animarlo. Antes de beberla, preguntó varias veces si realmente podía hacerlo y celebró el pequeño premio como si fuera un gran logro.
Una llegada histórica y solidaria
Después de 55 horas ininterrumpidas en el agua, Kubkowski finalmente alcanzó la playa de Dziwnów, donde fue recibido entre aplausos por quienes siguieron de cerca la travesía. Exhausto, confesó que todavía no era capaz de dimensionar lo que había conseguido.

Tras salir del mar fue trasladado a un hospital para realizar controles médicos, ya que las alucinaciones y la desorientación son respuestas habituales del organismo después de un esfuerzo tan prolongado.
Más allá del récord mundial, la expedición tuvo un fuerte componente solidario. Gracias al desafío se reunieron cerca de 850.000 zlotys, equivalentes a unos 230.000 dólares, fondos que serán destinados a apoyar la lucha contra el cáncer a través de una fundación benéfica.
La travesía quedó registrada como una de las más exigentes realizadas en aguas abiertas y convirtió a Bartłomiej Kubkowski en protagonista de una historia donde la resistencia física, la fortaleza mental y la solidaridad fueron de la mano.








