El fenómeno climático ya comenzó a modificar los patrones regionales y podría prolongar su influencia durante los próximos meses. Más lluvias en algunas zonas, recuperación de los suelos y riesgo de crecidas aparecen entre los principales efectos.
El fenómeno de El Niño podría mantener su influencia sobre Argentina hasta el comienzo del otoño de 2027, según las proyecciones citadas por especialistas en clima. Su impacto, sin embargo, no será igual en todo el país y dependerá de cómo interactúe el calentamiento del Pacífico con otros patrones atmosféricos.
El Niño se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial presentan temperaturas superiores a las habituales, alterando la circulación de la atmósfera y modificando los patrones de lluvias y temperaturas en distintas partes del planeta.
Para Argentina, el escenario puede tener efectos positivos, especialmente después de períodos de déficit hídrico, aunque también plantea riesgos vinculados con precipitaciones excesivas, anegamientos y crecidas de ríos.
El factor que puede cambiar el escenario
La presencia de El Niño por sí sola no alcanza para determinar cuánto lloverá en Argentina. Uno de los elementos clave será el comportamiento de los vientos del oeste que circulan alrededor de la Antártida.
Cuando esta circulación adopta una configuración que permite el avance hacia el norte de los frentes fríos, estos pueden encontrarse con el aire cálido y húmedo proveniente de la Amazonia y el Atlántico tropical. El resultado puede ser un aumento de las tormentas y de las precipitaciones.

En cambio, si los vientos permanecen más concentrados alrededor del continente antártico, los sistemas frontales tienden a desplazarse más hacia el sur y la señal de lluvias puede ser menor en el centro del país.
Otro elemento que los especialistas siguen de cerca es el Dipolo del Océano Índico (IOD), un patrón climático que también puede influir en la circulación atmosférica.
¿Qué zonas de Argentina sentirán más el efecto?
El impacto tampoco será uniforme dentro del territorio nacional.
La investigadora del CONICET y especialista en ciencias de la atmósfera Carolina Vera señaló que existen dos regiones especialmente sensibles a la influencia de El Niño.
La primera es el centro-este argentino, particularmente la zona vinculada con la Cuenca del Plata, entre los ríos Paraná y Uruguay. Allí la señal del fenómeno suele tener una relación más directa con las precipitaciones.
La segunda comprende Cuyo y los Andes norpatagónicos, donde la influencia puede ser más importante durante el invierno y la primavera.
Más agua para los campos, pero también nuevos riesgos
Uno de los principales beneficios potenciales para el sector agropecuario es la recuperación de la humedad del suelo.
Después de períodos con déficit hídrico, un aumento de las precipitaciones podría favorecer a cultivos como maíz, soja y girasol, al mejorar las reservas de agua disponibles para la campaña agrícola.
Pero el exceso de lluvia también puede convertirse rápidamente en un problema. Si las precipitaciones se concentran durante la época de cosecha, podrían dificultar la entrada de maquinaria a los campos, retrasar las tareas y afectar tanto la calidad de los granos como el transporte.
El especialista en agroclimatología Eduardo Sierra consideró que la transición hacia una fase plenamente establecida de El Niño será gradual y que la señal del fenómeno debería ganar fuerza durante la primavera y el verano.
La atención estará puesta en el Paraná y el Uruguay
El impacto también podría sentirse en los grandes ríos de la región.

Una recuperación de las lluvias puede contribuir al aumento de los caudales del Paraná, el Uruguay y el Iguazú, algo favorable para la recuperación de las reservas hídricas después de períodos de bajante.
Sin embargo, si las precipitaciones son demasiado abundantes, el incremento de los niveles de los ríos puede generar desbordes, inundaciones en zonas ribereñas y complicaciones en rutas e infraestructura.
Por eso, el seguimiento de las cuencas y los sistemas de alerta meteorológica será fundamental durante los próximos meses.
Un fenómeno que exige planificación
La evolución de El Niño será monitoreada por organismos meteorológicos y centros especializados de Argentina y otros países de Sudamérica. La temperatura del Pacífico ecuatorial, la circulación atmosférica y el comportamiento de los sistemas de humedad serán algunos de los indicadores fundamentales para anticipar cómo se traducirá el fenómeno en cada región.
El escenario que se abre para Argentina es, por lo tanto, de oportunidades y riesgos al mismo tiempo: más agua puede ayudar a recuperar los suelos y mejorar las condiciones para la agricultura, pero también puede aumentar la posibilidad de tormentas intensas, anegamientos y crecidas.
Con un fenómeno que podría extender su influencia hasta el otoño de 2027, la clave estará en anticiparse a sus cambios y adaptar la planificación agrícola, hídrica y urbana a un clima que puede volverse cada vez más variable.







