Una tecnología capaz de “ver” debajo de la vegetación permitió descubrir más de 2,5 kilómetros de caminos prehispánicos en los alrededores de la muralla de Mandor, cerca de Machu Picchu.
El hallazgo, realizado por especialistas de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco junto con el Centro de Estudios Andinos de la Universidad de Varsovia, podría aportar nuevas pistas sobre cómo se organizaba el territorio y cómo se conectaban distintos sectores alrededor de la ciudad inca.
Un camino oculto bajo la selva
Los restos permanecían ocultos bajo la densa vegetación de la ceja de selva, por lo que resultaba difícil detectarlos desde la superficie.

Para localizarlos se utilizó tecnología LiDAR, un sistema que emite pulsos de luz láser desde el aire y permite construir mapas tridimensionales del terreno. De esta manera, los investigadores pudieron identificar estructuras que permanecían prácticamente invisibles entre la vegetación.
Entre los hallazgos se destaca un camino de al menos 1,2 kilómetros de extensión, cuyo trazado presenta sectores en zigzag y características compatibles con técnicas constructivas de época inca.
Sin embargo, los especialistas todavía deben realizar investigaciones arqueológicas específicas para determinar con precisión cuándo fueron construidos estos caminos y cuál era su función.
También aparecieron posibles terrazas y plataformas
El estudio no se limitó a los caminos. La exploración permitió detectar también posibles plataformas y terrazas que podrían formar parte del antiguo paisaje construido alrededor de Machu Picchu.
La muralla de Mandor se encuentra al este de la antigua ciudad inca y ocupa un lugar estratégico dentro del paisaje cultural del sitio. Por eso, las nuevas evidencias podrían ayudar a comprender mejor cómo se distribuían los espacios y cómo funcionaban las rutas de circulación.
Machu Picchu todavía guarda secretos

El descubrimiento demuestra que, incluso en uno de los sitios arqueológicos más estudiados del mundo, todavía pueden aparecer nuevas evidencias ocultas por la vegetación.
Tras el hallazgo, las autoridades anunciaron investigaciones arqueológicas focalizadas, que incluirán trabajos de prospección y registro en el terreno para conocer mejor las características, antigüedad y estado de conservación de las estructuras.
Así, casi cinco siglos después del fin del Imperio inca, los caminos que quedaron escondidos en la selva vuelven a revelar cómo funcionaba el territorio alrededor de Machu Picchu.








