En medio del Parque Nacional de Peneda-Gerês, un santuario rodeado de montañas recibe cada año a miles de peregrinos. Una escalinata de 300 metros, veinte capillas y una celebración que combina fe, música y tradiciones populares son parte de su atractivo.
En el extremo norte de Portugal, entre montañas, bosques y pequeños pueblos atravesados por antiguos caminos de peregrinación, se encuentra uno de los rincones religiosos más singulares del país: el Santuario de Nossa Senhora da Peneda.
El templo está ubicado en el municipio de Arcos de Valdevez, dentro del Parque Nacional de Peneda-Gerês, el único parque nacional portugués. El enclave se encuentra a unos 150 kilómetros de Oporto y forma parte de la Vía Mariana, una ruta de peregrinación que conecta Braga con Muxía, en Galicia.
Cada año, entre finales de agosto y comienzos de septiembre, el lugar cambia por completo. La tranquilidad habitual de la montaña da paso a nueve jornadas de celebraciones religiosas, procesiones, música tradicional y peregrinos procedentes tanto de Portugal como de Galicia.
Un santuario entre las montañas
El origen de la devoción por Nossa Senhora da Peneda se remonta a varios siglos atrás y está rodeado de leyendas.

Una de las historias más conocidas cuenta que, en 1220, una niña que cuidaba su rebaño tuvo una aparición de la Virgen, quien le habría pedido que construyeran una ermita en aquel lugar. Al principio nadie creyó en su relato, hasta que una segunda aparición estuvo relacionada con la curación de una mujer enferma.
Otra tradición sostiene que una imagen de madera de la Virgen apareció en la montaña siglos antes, posiblemente escondida durante las invasiones musulmanas. Con el tiempo, aquel hallazgo habría dado origen a la devoción que todavía continúa.
Más allá de las leyendas, los historiadores relacionan el desarrollo del culto con el tránsito de monjes entre distintos monasterios de la región durante la Edad Media.
Una escalinata de 300 metros y veinte capillas
Uno de los elementos que más sorprende a quienes visitan el santuario es su monumental acceso.
El recorrido comienza en una plaza situada al pie del conjunto y continúa por una escalinata de unos 300 metros, rodeada de árboles y pequeñas capillas. En total, son veinte construcciones que representan diferentes escenas de la vida de Cristo.
El diseño recuerda al famoso Santuario de Bom Jesus do Monte, en Braga, especialmente por la utilización de fuentes, esculturas y distintos descansos a lo largo del ascenso.
Durante el recorrido también aparecen elementos vinculados con la historia de Portugal y con la devoción religiosa. Entre ellos se encuentran una capilla ofrecida por el negus de Etiopía y un pilar donado por la reina María I de Portugal.
En la parte superior se encuentra la iglesia, construida durante el siglo XIX. El templo, de estilo neoclásico, se integra con las construcciones destinadas históricamente a recibir a los peregrinos.
El conjunto fue reconocido como Santuario Diocesano y Monumento Nacional, mientras que su tradicional romería forma parte del Inventario Nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial de Portugal.
Una celebración que dura nueve días
La festividad principal se desarrolla durante nueve jornadas. En 2026, las celebraciones están previstas del 31 de agosto al 8 de septiembre, coincidiendo con el período que precede a la Natividad de María.
La programación combina actos religiosos con manifestaciones de la cultura popular de la región.
Durante esos días se celebran misas, procesiones, rezos y ceremonias relacionadas con las promesas que los peregrinos realizan a la Virgen. Una de las tradiciones consiste en recorrer las capillas del santuario mientras se reza, como parte de las prácticas vinculadas a las peticiones y agradecimientos.
La peregrinación a pie también ocupa un lugar central. Muchos visitantes llegan siguiendo antiguos senderos de montaña, una costumbre que durante siglos estuvo estrechamente relacionada con la vida de los pastores de la zona.

Música, baile y una noche que se extiende hasta el amanecer
La fiesta no se limita a las ceremonias religiosas.
Con el paso de los días aparecen las rusgas y los ranchos folclóricos, acompañados por instrumentos tradicionales y canciones populares. La celebración reúne a comunidades de ambos lados de la frontera y, especialmente durante las jornadas centrales, llegan peregrinos de las diócesis gallegas de Tui-Vigo y Ourense.
Uno de los momentos más esperados es la noche del arraial, cuando la música y el baile toman las calles del santuario y las tradicionales concertinas acompañan la celebración hasta altas horas de la madrugada.
También forman parte del programa el Cortejo de los Mayordomos, la Bendición de los Ganados y una procesión de velas que se realiza durante la noche del 7 de septiembre.
Una central hidroeléctrica construida para iluminar la fiesta
La historia del santuario también guarda un episodio poco habitual.
La cofradía vinculada al lugar llegó a construir su propia central hidroeléctrica para producir electricidad y garantizar la iluminación durante las celebraciones religiosas.
La iniciativa ocurrió cuando todavía no existía suministro eléctrico en muchas de las zonas rurales cercanas. De esta manera, el santuario pudo contar con iluminación propia durante sus festividades, algo que en aquella época debió representar un enorme contraste con la oscuridad de las comunidades vecinas.
Hoy, entre las montañas del Parque Nacional de Peneda-Gerês, el santuario continúa funcionando como lugar de peregrinación y encuentro. Su combinación de arquitectura religiosa, paisajes de montaña y tradiciones populares lo convirtió en uno de los enclaves más particulares del norte de Portugal.








