Construyen búnkers bajo los Alpes para proteger las fortunas de los multimillonarios

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Mientras la incertidumbre geopolítica y económica crece en distintas partes del mundo, una nueva forma de proteger grandes patrimonios comenzó a ganar terreno en Europa: bóvedas de alta seguridad construidas en el interior de las montañas.

En Suiza, una empresa especializada en excavaciones está perforando los Alpes para crear enormes espacios subterráneos destinados a almacenar obras de arte, metales preciosos y otros activos de gran valor.

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El proyecto se llama Brünig Mega Safe y fue fundado en 2019 por el empresario Thomas Gasser y su familia, que aprovecharon décadas de experiencia en ingeniería de rocas y construcciones subterráneas para desarrollar este particular negocio.

Un refugio dentro de la montaña

Las instalaciones se encuentran en el macizo de Brünig, a unos 40 kilómetros al suroeste de Lucerna. Allí, en el interior de la roca, se construyen cámaras blindadas pensadas para ofrecer máxima seguridad y condiciones ambientales estables.

Para acceder al complejo es necesario atravesar estrictos controles de seguridad. En el lugar también existen otras instalaciones vinculadas a las actividades subterráneas de la empresa.

Las bóvedas podrán utilizarse para almacenar desde metales preciosos hasta obras de arte y otros bienes de alto valor. Pero su atractivo no se limita únicamente a la seguridad.

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Las paredes naturales de roca permiten mantener una temperatura constante de 12 °C y una humedad relativa cercana al 40 %, condiciones especialmente útiles para la conservación de determinados objetos y mercancías.

Espacios gigantes bajo tierra

El proyecto prevé aprovechar una superficie dentro de la montaña equivalente, aproximadamente, a 10 canchas de fútbol, con posibilidades de ampliar esa capacidad.

Las cámaras tendrán tamaños muy diferentes: algunas contarán con unos 100 metros cúbicos, mientras que otras podrían ser hasta 1.000 veces más grandes. Además, algunas estructuras alcanzarían alturas de hasta 90 metros.

El acceso a uno de estos espacios no será económico. Según la información difundida sobre el proyecto, el precio inicial ronda los 500.000 euros, aunque el valor puede aumentar considerablemente según las dimensiones y el equipamiento elegido.

Una bóveda que también puede ser una propiedad

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es que estos espacios no solo pueden alquilarse: también pueden comprarse.

Quienes adquieren una de las cámaras pueden contar con una unidad registrada de manera independiente en el catastro de Suiza, lo que permite incluso hipotecarla como si se tratara de una propiedad convencional.

La creciente demanda de este tipo de instalaciones está vinculada a la búsqueda de seguridad entre las personas con mayores patrimonios. La pandemia, la volatilidad de los mercados y distintos episodios de inestabilidad social y política llevaron a algunos grandes inversores a buscar alternativas para mantener sus bienes fuera del sistema bancario tradicional.

Así, debajo de una de las regiones montañosas más famosas de Europa, comienza a desarrollarse un negocio pensado para quienes pueden pagar por algo más que una caja fuerte: una montaña entera convertida en refugio para sus fortunas.

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