Recuperaron un bosque para salvar tortugas y, 20 años después, se convirtió en refugio para casi 500 ranas en peligro de extinción

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Hace más de dos décadas, Jim y Laura Currie comenzaron a transformar un terreno degradado de su propiedad en Mississippi, Estados Unidos. Su objetivo era claro: recuperar el hábitat natural de la tortuga de tierra, una especie protegida que ya vivía en la zona. Sin embargo, el resultado de ese trabajo terminó superando todas las expectativas.

Veinte años después, el bosque restaurado no solo volvió a convertirse en un lugar apto para las tortugas, sino que también fue elegido para liberar casi 500 ejemplares de rana gopher oscura, uno de los anfibios más raros y amenazados de Estados Unidos.

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La liberación se realizó en junio de 2026 en Woodland Cottage, la propiedad de los Currie ubicada en el condado de Hancock. El acontecimiento marcó un hito para la conservación de la especie: se trata de la primera población activa de estas ranas en el condado y también de una de las primeras reintroducciones realizadas en un terreno privado que continúa siendo utilizado de manera productiva.

Todo comenzó con la restauración del ecosistema original. Durante años, los propietarios trabajaron junto a diferentes organizaciones y organismos especializados para recuperar un ambiente que había sido degradado por actividades como la tala y el pastoreo.

El proyecto incluyó la plantación de pinos de hoja larga, una especie característica de la región, y la recuperación del sotobosque mediante pastos y plantas nativas. Además, utilizaron quemas prescriptas, una técnica que busca imitar el papel natural del fuego en determinados ecosistemas y ayudar a mantener las condiciones necesarias para que sobrevivan distintas especies.

El objetivo principal era favorecer a la tortuga de tierra, también conocida como tortuga gopher. Pero esta especie tiene una importancia mucho mayor dentro del ecosistema: sus enormes madrigueras funcionan como refugio para más de 300 especies diferentes.

Entre esos animales se encuentra justamente la rana gopher oscura, un anfibio que pasa gran parte de su vida en ambientes terrestres y puede utilizar las galerías excavadas por las tortugas para protegerse de las altas temperaturas, las sequías y los depredadores.

La situación de esta rana es especialmente delicada. Históricamente, la especie habitaba distintos sectores de Luisiana, Mississippi y Alabama, asociados a los bosques de pino de hoja larga. Sin embargo, la pérdida y fragmentación de su hábitat provocaron una caída drástica de su población.

Durante años, la situación llegó a ser crítica: entre 1988 y 2004, los científicos conocían apenas una población superviviente, concentrada alrededor de un único estanque en el Bosque Nacional De Soto, en Mississippi.

Los programas de reproducción en cautiverio y reintroducción permitieron comenzar a revertir parcialmente ese escenario. Sin embargo, establecer nuevas poblaciones sigue siendo fundamental para evitar que un único evento, como una sequía, una enfermedad o un cambio ambiental extremo, pueda poner en riesgo a toda la especie.

Por eso, cuando los especialistas buscaron un nuevo lugar para liberar a las ranas criadas en cautiverio, Woodland Cottage se convirtió en una opción ideal. Después de más de 20 años de restauración, el terreno había recuperado muchas de las características necesarias para que la especie pudiera sobrevivir.

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Casi 500 ranas fueron trasladadas hasta los estanques restaurados gracias a un trabajo conjunto entre organismos de conservación, autoridades de Mississippi, el Zoológico de Memphis, Wildlife Mississippi y los propietarios del terreno.

Pero el impacto del proyecto no termina en las tortugas y las ranas. La recuperación del bosque también favoreció a otras especies, entre ellas aves migratorias, polinizadores, pavos silvestres y codornices.

La historia de Jim y Laura Currie demuestra cómo la recuperación de un ecosistema puede generar un efecto mucho más amplio del que se imaginaba al comienzo. Lo que empezó como un proyecto para proteger a las tortugas de tierra terminó, dos décadas después, convirtiéndose en un nuevo refugio para casi 500 ranas de una especie que estuvo al borde de desaparecer.

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