Las olas de calor de este verano afectaron el permafrost de los Alpes y provocaron un fuerte aumento de los desprendimientos en el macizo.
El paisaje del Mont Blanc, la montaña más alta de Europa occidental con sus 4.805 metros de altitud, está cambiando a una velocidad que preocupa a científicos, alpinistas y autoridades locales. Las sucesivas olas de calor que afectaron Europa durante este verano aceleraron el deshielo de glaciares y del permafrost, debilitando algunas de las paredes rocosas del macizo.
El impacto ya se refleja en la cantidad de desprendimientos registrados. Según el investigador Ludovic Ravanel, de la Universidad Savoie Mont Blanc, este año podrían contabilizarse alrededor de 400 grandes derrumbes de roca, una cifra que sería aproximadamente diez veces superior a la registrada hace dos décadas.

La situación recuerda al verano de 2022, considerado uno de los años más críticos en materia de desprendimientos, cuando se registraron cerca de 300 episodios.
El hielo que mantiene unidas las montañas
El permafrost funciona como una especie de cemento natural en las zonas de alta montaña. El hielo presente entre las grietas de las rocas contribuye a mantener estables las paredes de los grandes macizos.
Pero cuando las temperaturas aumentan y ese hielo comienza a descongelarse, algunas estructuras pueden perder estabilidad.
Ravanel advierte que esto no significa que todas las paredes de los Alpes vayan a derrumbarse, pero sí que algunas zonas que permanecieron estables durante siglos podrían volverse progresivamente más frágiles.
Los efectos ya son visibles en diferentes sectores del Mont Blanc. Desde mediados de julio se observó un incremento de los desprendimientos, mientras que el retroceso de los glaciares dejó al descubierto nuevas grietas y modificó algunas rutas utilizadas habitualmente por los alpinistas.
Un verano excepcionalmente cálido
En la Aiguille du Midi, uno de los puntos más conocidos del macizo y situado a 3.842 metros de altitud, las temperaturas registraron valores inusualmente elevados.
La temperatura media de julio alcanzó 3,3 °C, el valor más alto registrado hasta ahora. En 1994, la media para ese mismo mes había sido de 1,6 °C.
Para Stéphane Bozon, teniente de alcalde de Chamonix-Mont-Blanc, la diferencia resulta especialmente preocupante porque la montaña está experimentando condiciones que antes eran prácticamente desconocidas.
“La montaña se secó por completo, con temperaturas como ninguna que hubiera experimentado nunca”, señaló.

Las consecuencias también alcanzaron a los glaciares. En Lombardía, Italia, los glaciares alpinos perdieron más del 40% de su superficie desde 1991, según los datos citados por especialistas de la región.
Además, en zonas donde históricamente predominaba la nieve a grandes alturas, cada vez son más frecuentes las precipitaciones en forma de lluvia, lo que también puede afectar la estabilidad del terreno.
Los alpinistas ya modifican sus rutas
El cambio en las condiciones de la montaña también está afectando directamente a quienes trabajan y practican actividades en el macizo.
El guía de montaña Stuart MacDonald, residente en Chamonix, explicó que durante sus recorridos puede mostrar a sus clientes dónde llegaba un glaciar años atrás y cuánto retrocedió desde entonces.
Este verano, el deshielo y los desprendimientos hicieron que varias rutas fueran más difíciles de atravesar y obligaron incluso a cancelar ascensos previstos hacia la cima del Mont Blanc.
“Oyes el ruido antes de verlo y luego te das la vuelta y solo ves una enorme cascada de rocas bajando por una ladera”, relató el guía.
El problema no se limita a la dificultad para escalar. Algunas rocas comenzaron a desprenderse sobre sectores que tradicionalmente eran utilizados durante el verano, aumentando el riesgo para montañistas y visitantes.
Chamonix se prepara para nuevos escenarios
La transformación del Mont Blanc también genera preocupación en las localidades ubicadas a sus pies. Desde Chamonix advierten que será necesario prepararse para escenarios en los que fragmentos de hielo glaciar o grandes bloques de roca puedan desprenderse de las zonas altas.
“Tenemos que actuar con bastante rapidez, porque este verano nos ha sacudido y, año tras año, nos sacude el retroceso de los glaciares”, afirmó Bozon.
Los especialistas señalan que el calentamiento no provoca automáticamente el derrumbe de una montaña, pero sí puede modificar progresivamente las condiciones que durante miles de años contribuyeron a mantener estables sus paredes.
En el Mont Blanc, ese proceso ya dejó de ser solamente una cuestión visible en el paisaje: también está cambiando las rutas de montaña y aumentando los riesgos para quienes recorren uno de los macizos más emblemáticos de Europa.








