Vivir entre montañas, en uno de los pueblos más bonitos de España y sin pagar alojamiento ni comida puede parecer un plan difícil de conseguir. Sin embargo, una propuesta de voluntariado ofrece justamente eso a cambio de dedicar hasta tres horas al día a tareas de jardinería y mantenimiento de una casa.
La oportunidad fue publicada en Workaway, una plataforma de intercambio cultural que conecta a viajeros con anfitriones que necesitan ayuda en distintos proyectos. A cambio de las tareas realizadas, los voluntarios reciben alojamiento y comida durante su estancia.

En este caso, la propuesta está dirigida a una o dos personas que quieran instalarse durante los meses de octubre, noviembre y diciembre en un pequeño pueblo de Salamanca.
Una casa en medio de las montañas
El anfitrión es Javier, un español de 36 años, que conoce de primera mano este tipo de experiencias porque anteriormente participó como voluntario en Nueva Zelanda.
Ahora busca personas que quieran acompañarlo durante unos meses en Candelario, un municipio de apenas 900 habitantes ubicado en la Sierra de Béjar, al sur de Castilla y León.
El pueblo se caracteriza por su arquitectura tradicional y por sus calles empedradas y en pendiente, pero también conserva algunos elementos muy particulares que forman parte de su identidad.
Uno de ellos son las regaderas, pequeños canales por los que circula agua limpia a través de las calles. El otro son las batipuertas, unas puertas de madera características de las viviendas de la localidad.
Candelario fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1975 gracias a la conservación de su casco urbano y además forma parte de la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España.
Solo tres horas de trabajo al día
La propuesta resulta especialmente llamativa por la cantidad de tiempo que requiere.
Según explica el anfitrión, los voluntarios tendrán que dedicar aproximadamente una o dos horas al jardín y alrededor de una hora a diferentes tareas dentro de la casa.
En total, la colaboración no supera las tres horas diarias, por lo que el resto de la jornada queda libre para recorrer el pueblo, conocer los alrededores o simplemente disfrutar del entorno natural.
Las tareas están relacionadas principalmente con jardinería y ayuda en la casa, y el anfitrión aclara que no es necesario tener experiencia profesional como jardinero.
A cambio, alojamiento y comida
El intercambio funciona bajo el modelo habitual de Workaway: los voluntarios colaboran durante algunas horas y reciben alojamiento y comida gratis durante el período acordado.
La estancia, sin embargo, está limitada a los meses indicados en la propuesta. Una vez terminado el período de colaboración, los voluntarios deberán abandonar la vivienda.
Javier también deja claro que busca una experiencia tranquila y flexible. “No espero que sigas una rutina estricta”, explica en la publicación, donde destaca que la idea es que tanto el anfitrión como quienes lleguen a la casa puedan disfrutar del intercambio.
Por eso, no se trata de un empleo remunerado, sino de una experiencia de intercambio cultural. No existe un salario, nómina ni cotización a la Seguridad Social.
Para quienes buscan pasar unos meses en un pueblo pequeño, rodeados de montañas, arquitectura tradicional y naturaleza, la propuesta ofrece una particular forma de conocer la España rural mientras el alojamiento y la comida están incluidos a cambio de unas pocas horas de colaboración al día.









