Fotografió a uno de los felinos más difíciles de encontrar y su encuentro tuvo un inesperado final

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Redactora
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En medio del desierto marroquí, un fotógrafo francés consiguió algo que para muchos especialistas y amantes de la fauna puede ser un verdadero golpe de suerte: encontrarse cara a cara con un gato de las arenas, uno de los felinos más esquivos del mundo.

El protagonista del encuentro fue Rémi Vacher, fotógrafo de naturaleza que viajó hasta Marruecos después de enterarse de que una familia de estos animales había sido localizada en una zona remota del desierto.

Lo que encontró al llegar fue una escena mucho más inesperada. La familia se había dispersado y una pequeña hembra había quedado sola cerca de su madriguera.

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Un felino que parece un fantasma

El gato de las arenas, cuyo nombre científico es Felis margarita, es una especie particularmente difícil de observar. Es nocturno, pequeño y extremadamente sigiloso, además de habitar algunas de las regiones desérticas más remotas y difíciles de recorrer.

Vacher ya conocía la especie y llevaba años fascinado con ella. Según contó, aunque está presente en los Emiratos Árabes Unidos, donde vive, los avistamientos son tan poco frecuentes que prácticamente parece “un fantasma”.

Por eso, cuando recibió la noticia de que una familia había sido localizada en Marruecos, decidió viajar hasta allí para intentar fotografiarla.

La familia estaba compuesta inicialmente por una madre y cinco cachorros, pero cuando el fotógrafo llegó al lugar los animales comenzaron a dispersarse.

La pequeña que quedó sola en el desierto

Cuando Vacher llegó acompañado por un guía, descubrió que la situación era diferente a la que esperaba.

Dos de los gatos se alejaron en una dirección y otros dos tomaron el camino contrario. La madre también desapareció, mientras que una de las pequeñas quedó sola cerca de la madriguera.

El fotógrafo pudo observar que la gatita estaba muy delgada y cubierta de garrapatas. La situación planteaba un dilema: podía intentar ayudarla dándole comida o agua, pero intervenir también podía tener consecuencias para el animal.

Finalmente, decidió no alimentarla y limitarse a monitorear la zona con cámaras trampa, utilizadas habitualmente para estudiar el comportamiento y los movimientos de animales salvajes.

La decisión tenía un motivo. Una intervención humana podía hacer que la madre abandonara definitivamente a la cría o trasladara la camada, aumentando el riesgo para los animales.

Además, el gato de las arenas está perfectamente adaptado a las condiciones del desierto y obtiene buena parte del agua que necesita a través de sus presas. Una alimentación inadecuada podría perjudicarlo y el contacto frecuente con personas podría hacer que perdiera la cautela necesaria para sobrevivir.

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Diez días después ocurrió lo que esperaba

La incertidumbre terminó aproximadamente diez días después del viaje.

La madre finalmente regresó y, según contó Vacher, la pequeña comenzó a recuperarse rápidamente.

Después, tanto la madre como la cría desaparecieron de la zona y el fotógrafo perdió su rastro. Sin embargo, los habitantes nómadas del lugar continuaron encontrando huellas de gatos de las arenas, por lo que sabe que la familia continúa moviéndose por la región.

Para Vacher, el encuentro fue especialmente significativo precisamente por lo difícil que resulta observar a estos animales.

“Son muy, muy raros de ver. Estoy muy feliz de haber podido hacerlo”, explicó.

Un felino perfectamente adaptado al desierto

El gato de las arenas posee varias características que le permiten sobrevivir en ambientes extremadamente áridos.

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Su pelaje claro funciona como camuflaje entre la arena y las zonas desérticas donde habita. Además, sus patas están adaptadas para desplazarse sin producir demasiado ruido y sus sentidos están especialmente desarrollados para detectar presas durante la noche.

También es un animal pequeño: no suele superar los 52 centímetros de longitud. Sus orejas pueden parecer enormes en comparación con su cuerpo, aunque tienen un tamaño similar al de las de un gato doméstico. La diferencia está principalmente en su capacidad auditiva, mucho más desarrollada.

Su distribución comprende zonas del norte de África, la península arábiga y Asia Central. La cantidad total de ejemplares que quedan en libertad no se conoce con precisión.

Durante el día suelen refugiarse en madrigueras, mientras que por la noche salen a cazar pequeños animales, entre ellos reptiles y roedores.

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La especie fue descrita científicamente como Felis margarita en 1858, después de que fuera identificada en el Sahara argelino.

Encontrar uno continúa siendo una cuestión de suerte. Para Vacher, esa combinación de desierto, oscuridad, sigilo y escasez de avistamientos convirtió a aquella pequeña gata marroquí en uno de los encuentros más especiales de su carrera como fotógrafo.

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