Después de más de 70 años de ausencia, el yaguareté vuelve a ocupar un lugar en los paisajes del Parque Nacional Iberá, en Corrientes. El nacimiento de un nuevo cachorro marcó un momento histórico para la conservación de la especie en Argentina: ya son 50 los yaguaretés que viven en libertad en esta región.
El ejemplar número 50 nació en abril de 2026 y tiene una historia especialmente significativa. Es hijo de Porá, una de las primeras hembras que fueron liberadas como parte del proyecto que busca recuperar al gran felino en los Esteros del Iberá.
La llegada de este cachorro no representa solamente un nuevo integrante de la población. También demuestra que los yaguaretés reintroducidos lograron adaptarse a su ambiente natural y reproducirse en libertad, uno de los principales objetivos del programa de conservación.

Un regreso que comenzó con pocas familias
Durante décadas, el yaguareté estuvo ausente de los Esteros del Iberá debido a la presión de la caza y la pérdida de hábitat. La especie llegó a desaparecer de esta región, dejando un enorme vacío en uno de los ecosistemas más importantes del país.
El proyecto de reintroducción comenzó a cambiar esa historia mediante la liberación de ejemplares provenientes de programas de cría y conservación. Con el tiempo, algunos de ellos comenzaron a reproducirse en libertad y la población fue creciendo generación tras generación.
Entre esas primeras protagonistas estuvo Porá, que ahora vuelve a ser noticia gracias al nacimiento de su cachorro.

Porá y una escena que refleja el regreso de la especie
Durante las tareas de monitoreo, los especialistas pudieron observar a Porá desplazándose junto a su cría e incluso trasladándola en la boca, un comportamiento característico de las madres de esta especie cuando sus cachorros todavía son pequeños.
La escena permitió comprobar que el cachorro se encuentra bajo el cuidado de su madre y forma parte de una nueva generación de yaguaretés nacidos en libertad dentro del Iberá.
El nacimiento del ejemplar número 50 es así mucho más que una cifra. Es el resultado de años de trabajo de conservación y una señal de que el yaguareté vuelve a formar una población silvestre en un territorio donde había desaparecido durante más de siete décadas.









