Una cueva de España permaneció sellada durante 16.800 años y conserva una vivienda de la Edad de Piedra

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Un derrumbe ocurrido durante la última glaciación bloqueó la entrada a una galería de la cueva de La Garma, en Cantabria, y permitió preservar un espacio habitado por humanos prehistóricos. Ahora, mediante modelos digitales en tres dimensiones y técnicas de fotogrametría, los investigadores lograron reconstruir cómo era este refugio y qué actividades se desarrollaban en su interior sin alterar los restos originales.

El yacimiento de La Garma, ubicado en el municipio de Ribamontán al Monte, conserva uno de los espacios domésticos del Paleolítico mejor preservados de Europa. Su importancia radica en que el cierre natural de la entrada dejó prácticamente intacto el suelo que pisaron sus últimos ocupantes hace aproximadamente 16.500 años, durante el Magdaleniense medio.

El hallazgo permite acercarse a la vida cotidiana de los grupos humanos de la Edad de Piedra y comprender cómo organizaban sus refugios, aprovechaban los recursos disponibles y realizaban distintas tareas en un entorno subterráneo.

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Un derrumbe que convirtió la cueva en una cápsula del tiempo

La historia de este espacio se remonta a la última gran glaciación, cuando un derrumbe de rocas sepultó la entrada original de la galería inferior. El bloqueo impidió el acceso durante milenios y protegió el interior de las alteraciones que suelen afectar a los yacimientos arqueológicos.

En ese ambiente quedó preservada la denominada estructura I-A, una pequeña vivienda prehistórica que permite estudiar cómo se organizaban los espacios de refugio. A diferencia de otros sitios arqueológicos, donde los objetos aparecen desplazados o mezclados con materiales de distintas épocas, La Garma conserva una disposición excepcional de sus elementos.

Esta condición convierte al yacimiento en una fuente de información especialmente valiosa para los investigadores, que pueden analizar la relación entre los objetos y las actividades que se desarrollaban alrededor de ellos.

Una vivienda de apenas cinco metros cuadrados

La estructura I-A ocupa una superficie aproximada de cinco metros cuadrados y presenta una planta subcircular u ovalada. Sus constructores aprovecharon las características naturales de la cueva para levantar un refugio bajo una pequeña visera de roca que ofrecía una altura de entre 1,6 y 1,7 metros.

Para delimitar y asegurar el espacio utilizaron bloques de caliza procedentes de la propia cavidad e incorporaron incluso algunas estalagmitas naturales que sobresalían del suelo. De esta manera, adaptaron la construcción a la geografía del lugar sin necesidad de levantar una estructura completamente independiente.

En el centro del refugio se identificaron las marcas de una pequeña hoguera, que habría cumplido un papel fundamental en la vida cotidiana. El fuego proporcionaba calor en el interior de la cueva y funcionaba como punto de encuentro para realizar distintas tareas.

Sin embargo, los investigadores consideran poco probable que se tratara de una vivienda permanente. Según explicó Pablo Arias, investigador y codirector del proyecto, las características del espacio apuntan a un refugio de uso esporádico o temporal dentro del sistema cavernario.

Tecnología 3D para estudiar el pasado sin tocarlo

Uno de los principales desafíos del yacimiento consiste en investigar sus restos sin modificar un suelo que permaneció prácticamente intacto durante miles de años. Para resolver este problema, los arqueólogos recurrieron a técnicas de fotogrametría y modelado digital de alta precisión.

Un estudio publicado en 2025 mostró cómo los modelos tridimensionales permiten registrar con detalle la estructura I-A, los suelos, las paredes cercanas y los objetos encontrados, entre ellos herramientas de sílex y piezas de industria ósea.

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El procedimiento consiste en generar reconstrucciones digitales que permiten examinar la posición, las dimensiones y las relaciones espaciales entre miles de elementos sin necesidad de moverlos físicamente. Así, los especialistas pueden estudiar la distribución del refugio y formular hipótesis sobre el uso de cada sector.

La magnitud del trabajo quedó reflejada en los resultados difundidos por la Universidad de Cantabria en septiembre de 2026. En apenas 18 meses, el equipo consiguió registrar exactamente 4.614 piezas en dos de las estructuras de la galería inferior.

Esta documentación constituye una herramienta fundamental para futuras investigaciones, ya que permite volver a examinar el yacimiento de manera virtual y comparar distintas interpretaciones sin comprometer su conservación.

Qué hacían los humanos prehistóricos alrededor del fuego

El análisis de la distribución de los objetos permite reconstruir algunas de las actividades que realizaban los habitantes de La Garma. Entre las evidencias identificadas aparecen restos relacionados con el procesamiento de animales cazados, el tratamiento de pieles y la fabricación de utensilios a partir de huesos y piedra.

La ubicación de estos materiales ayuda a determinar cómo se organizaban las tareas dentro del pequeño refugio y qué recursos aprovechaban sus ocupantes. En lugar de ofrecer únicamente una colección de herramientas antiguas, el yacimiento conserva pistas sobre las acciones que se desarrollaban en un espacio concreto.

La combinación de arqueología y tecnología digital permite reconstruir esas escenas con un nivel de detalle difícil de alcanzar en otros sitios. Cada pieza registrada aporta información sobre las actividades humanas y su relación con el entorno.

Después de miles de años de aislamiento, la cueva de La Garma ofrece una oportunidad excepcional para conocer la vida cotidiana durante el Paleolítico. El derrumbe que selló su entrada terminó preservando un espacio doméstico que hoy, gracias a las nuevas herramientas de investigación, permite estudiar cómo vivían, trabajaban y se refugiaban los grupos humanos de la Edad de Piedra.

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