Un estudio genético publicado en la revista Science reveló vínculos entre los pueblos originarios de Hawái y los habitantes de Rapa Nui. Los resultados apuntan a una ruta migratoria por el Pacífico que habría incluido una escala en Mangareva durante el siglo XIII.
Mucho antes de que los exploradores europeos atravesaran los océanos, los pueblos polinesios ya protagonizaban extraordinarias travesías marítimas para descubrir nuevas tierras y establecerse en islas remotas. Una investigación científica reciente aportó nuevas pruebas sobre estas expediciones al identificar una conexión genética entre los habitantes originarios de Hawái y los de Rapa Nui, también conocida como Isla de Pascua.

El estudio, publicado en la revista Science, analizó el ADN de más de 1.000 personas de diferentes islas del Pacífico para reconstruir antiguas rutas migratorias. Los resultados indican que los primeros pobladores de Hawái estaban estrechamente emparentados con los habitantes de Rapa Nui y que sus antepasados habrían recorrido miles de kilómetros a través del océano durante el siglo XIII.
La investigación ofrece nuevas pistas sobre cómo se expandieron las comunidades polinesias por una de las regiones más extensas y desafiantes del planeta. También permite comprender mejor la historia genética de estos pueblos y las posibles consecuencias que tuvieron las migraciones sobre su salud.
Una ruta oceánica que conectó islas a miles de kilómetros
Para reconstruir los desplazamientos, los científicos estudiaron muestras genéticas de distintas poblaciones del Pacífico, entre ellas 317 personas nativas de Hawái, 12 habitantes de Rapa Nui y ocho de Mangareva, en la Polinesia Francesa. También incluyeron comunidades de las islas de la Sociedad, Tuamotu, Marquesas, Australes, Samoa y Tonga.
A partir del análisis de genomas completos, el equipo identificó segmentos de ADN compartidos que permiten rastrear antepasados comunes y establecer vínculos entre poblaciones separadas geográficamente.
Los resultados señalaron una conexión entre Rapa Nui y Hawái que apareció en el 61% de los árboles genealógicos reconstruidos por los investigadores. El hallazgo fue contrastado mediante diferentes métodos de análisis para comprobar la solidez de la relación genética.
Según los científicos, la ruta migratoria habría pasado primero por Mangareva, situada a más de 2.400 kilómetros de Hawái. Desde allí, un grupo de navegantes habría continuado hacia el archipiélago hawaiano durante el siglo XIII, en una travesía que implicó atravesar enormes extensiones de océano sin las herramientas de navegación modernas.
Cómo sobrevivían los navegantes durante el viaje
Las expediciones polinesias requerían una planificación cuidadosa para afrontar largas distancias, cambios climáticos y la incertidumbre de encontrar tierra firme. Para ello, los navegantes utilizaban canoas de doble casco y transportaban alimentos, plantas y animales que les permitieran sobrevivir durante el trayecto y establecer nuevas comunidades al llegar a destino.
Entre los recursos que llevaban se encontraban plátanos, taro y camote, además de gallinas. Estas especies también resultaban fundamentales para desarrollar cultivos y garantizar el abastecimiento una vez instalados en las nuevas islas.

La expansión por el Pacífico no consistió únicamente en desplazamientos aislados, sino que formó parte de un proceso de exploración y poblamiento que se extendió durante siglos. Los conocimientos sobre las corrientes, los vientos y la navegación permitieron a estas comunidades conectar territorios separados por distancias enormes.
Los investigadores describen esta tradición de exploración oceánica mediante el término hawaiano Holomoana Nui, asociado a la gran navegación por el océano.
El estudio también aporta información sobre la salud de los pueblos polinesios
Además de reconstruir las migraciones, el análisis genético permitió estudiar cómo el aislamiento geográfico y el establecimiento de pequeñas comunidades influyeron en la diversidad genética de las poblaciones del Pacífico.
Cuando un grupo reducido funda una comunidad en una isla, lleva consigo solo una parte de la diversidad genética de su población de origen. Este proceso se conoce como efecto fundador. Si se repite a lo largo de sucesivas migraciones, algunas variantes genéticas pueden volverse más frecuentes, mientras que otras desaparecen.
Los científicos identificaron variantes relacionadas con determinadas afecciones, incluidas enfermedades renales y problemas de visión, que aparecen con frecuencias elevadas en algunas poblaciones de la Polinesia Francesa. Estos resultados podrían contribuir al desarrollo de estrategias de prevención y diagnóstico adaptadas a las características genéticas de cada comunidad.
El equipo también incorporó información sobre Tahití, donde se estima que una población fundadora llegó alrededor del año 1070 y estaba compuesta por unas 800 personas. Para Hawái, los investigadores consideran que el grupo inicial pudo haber sido de un tamaño similar o incluso menor, aunque se trata de una estimación.
Una historia que cambia la mirada sobre los grandes exploradores
Los hallazgos permiten ampliar el conocimiento sobre las migraciones humanas en el Pacífico y respaldan la idea de que los pueblos polinesios desarrollaron complejas redes de navegación mucho antes de los grandes viajes europeos.
La conexión entre Hawái y Rapa Nui demuestra que las comunidades de estas islas, pese a encontrarse separadas por miles de kilómetros, comparten una historia ancestral que todavía puede reconstruirse mediante la genética.
Más allá de la distancia recorrida, estas expediciones reflejan la capacidad de los navegantes para orientarse en mar abierto, transportar recursos y establecer asentamientos en territorios desconocidos. Una historia de exploración que, gracias a los avances científicos, comienza a revelar con mayor precisión cómo se pobló una de las regiones más extensas del mundo.









