Harry James Kitto tenía 24 años y estaba recorriendo Latinoamérica junto a su novia cuando sufrió una reacción alérgica grave después de comer churros en un histórico café de Buenos Aires. Según el testimonio de su pareja, ambos habían consultado en varias ocasiones si el producto contenía maní y recibieron respuestas negativas. El joven murió días después del episodio.
El hecho ocurrió el 30 de octubre de 2025, cuando Harry y Naomi Pye visitaron el emblemático Café Tortoni, uno de los establecimientos más tradicionales de la capital argentina. La pareja había pedido churros acompañados de chocolate caliente, sin imaginar que aquella parada durante su viaje terminaría en una emergencia médica.
Harry, que trabajaba como barbero y fotógrafo en el Reino Unido, tenía una alergia grave al maní. Por ese motivo, antes de consumir los alimentos, ambos preguntaron al personal del local, tanto en inglés como en español, si los churros contenían frutos secos. De acuerdo con el relato de Naomi, les aseguraron que no.

Volvieron a preguntar antes de comer
La preocupación de la pareja no terminó con la primera respuesta. Según contó Naomi, Harry comenzó a sospechar que podía haber algún ingrediente que representara un riesgo, por lo que volvieron a consultar a los empleados. En esa segunda ocasión, siempre según su testimonio, recibieron nuevamente una respuesta negativa.
Poco después de comer, el joven comenzó a presentar síntomas compatibles con una reacción alérgica grave. Sus labios se hincharon y empezó a tener dificultades para respirar, una señal de alarma que llevó a su novia a actuar de inmediato.
Naomi buscó el autoinyector de adrenalina EpiPen que Harry llevaba consigo y se lo aplicó en el muslo mientras esperaban la llegada de una ambulancia. Sin embargo, el joven no logró recuperarse y murió el 7 de noviembre de 2025, varios días después del episodio.
La familia volvió al café para preguntar por el maní
Tras la muerte de Harry, su padre y su hermano regresaron al Café Tortoni para intentar aclarar qué había ocurrido y obtener respuestas sobre la posible presencia de maní en los alimentos que había consumido.
Según el relato difundido, las respuestas que recibieron no fueron concluyentes. Uno de los camareros manifestó que no sabía si el producto contenía ese ingrediente, mientras que otro aseguró que no.

El caso volvió a poner el foco en los riesgos que enfrentan las personas con alergias alimentarias graves cuando comen fuera de casa, especialmente durante un viaje al extranjero. En estas situaciones, una exposición accidental a un ingrediente puede desencadenar una reacción potencialmente mortal, incluso cuando la persona toma precauciones y consulta previamente.
La historia de Harry también refleja las dificultades que pueden surgir al comunicar restricciones alimentarias en otro idioma y la importancia de contar con información precisa sobre los ingredientes y la posible contaminación cruzada durante la preparación de los alimentos.
El joven estaba cerca de terminar su recorrido por Sudamérica y prepararse para regresar a casa junto a su novia. Lo que debía ser una parada para disfrutar de una comida típica terminó convirtiéndose en una tragedia que dejó a su familia buscando respuestas.









