Leyendas y mitos alrededor de los lugares más visitados de Argentina

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Editora / Travel Content Editor
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A lo largo de toda la Historia, el mundo ha visto cultivar historias, leyendas y mitos que circularon y circulan en el imaginario popular. Transmitidos de generación en generación y de manera oral en su mayoría, Argentina no queda fuera de estos recursos narrativos que nacieron con el objetivo de explicar fenómenos, accidentes naturales y hasta forman parte de sucesos emblemáticos en la cultura.

La identidad nacional de Argentina se encuentra compuesta por los antepasados indígenas que han habitado en aldeas en distintas partes del país y también por la presencia de los gauchos en la región pampeana del territorio nacional. La figura del gaucho en este país ha sido asociada a la imagen de hombres con características de espacios rurales, con independencia y sumamente rebeldes a la ley.

Un recorrido por las leyendas aborígenes

Los pueblos originarios de Argentina están compuestos por comunidades indígenas y autóctonas que se encuentran habitando los territorios de este país. Los integrantes de estas tribus originarias fueron fueron durante muchos años conocidos como indios, ya que el contraste con la influencia europea los mostraba como carentes de civilización. Finalmente, durante el último tiempo se comenzó a adoptar el término de aborigen para identificarlos, concepto que representa «quien vive allí desde el origen».

Hasta que las Cataratas los separe

Las Cataratas del Iguazú son mundialmente reconocidas por ser integrantes de las famosas 7 Maravillas del Mundo. Sus impresionantes saltos de agua han logrado cautivar a turistas nacionales e internacionales en una visita única e irrepetible en la selva paranaense en la provincia de Misiones.

Un dato curioso y que muchos turistas suelen enterarse de recorrida por el lugar es la historia aborigen sobre cómo se dio origen a las cataratas. Esta anécdota toma gran importancia para los habitantes de la ciudad. Para la leyenda local -de origen guaraní-, en el Río Iguazú habitaba una gran serpiente llamada Boi. Según el mito, todos los años los integrantes de las tribus guaraníes concedían a esta especie el cuerpo de una muchacha tirándola al agua como ofrenda. Lo cierto es que durante un año, próximos a la eventualidad, el referente de una de las tribus fue enamorándose de la muchacha que había elegido para la realización del sacrificio. Este joven, llamado Tarobá, intentó de todas las formas posibles hacer convencer a los caciques del grupo para que no sacrificaran a Naipí.  

Ante no poder conseguir este objetivo, Tarobá busca a Naipí para darse a la fuga juntos. Así fue como decidieron subirse a una canoa por las aguas del Río Iguazú. Según cuenta el desenlace de la historia, la serpiente Boi se enteró y en un ataque de furia y rabia decide quebrar el río en dos partes, y de esta manera es como, a partir de este relato, se dio origen a las cataratas. Los jovenes quedaron atrapados en la inmensa naturaleza y sin posibilidades de escapar. Finalmente, la serpiente Boi habría convertido el cabello de la joven en la caída de agua que se observa en los saltos.

Un extraño suelto en Bariloche

Bariloche es una localidad situada en la provincia de Río Negro. Con una ubicación privilegiada sobre la patagonia argentina, esta ciudad se enmarca con paisajes y vistas naturales dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi junto a la Cordillera de los Andes.  

En sus historias de vida y sucesos emblemáticos que hayan sido parte del lugar se destaca la leyenda que transcurre ni más ni menos que en las profundidades del Lago Nahuel Huapi. Hay quienes cuentan que este mito aborigen es incluso previo al surgimiento de Bariloche como ciudad y atractivo turístico. Según las tribus mapuches y tehuelches, comunidades originarias de la región patagónica, en el interior del lago se encuentra una criatura con forma de una especie característica del período Jurásico. Algo así como un mal llamado dinosaurio marino.

Caída libre para el amor

La ciudad de Mendoza se encuentra en el oeste de Argentina, a una distancia de alrededor de mil kilómetros de Buenos Aires. Esta localidad suele ser uno de los lugares elegidos para disfrutar en un mismo espacio la combinación de algunos de sus imponentes atractivos como la Cordillera de los Andes, los centros de nieve y ski, el Cerro Aconcagua, y el imperdible vino. Al mismo tiempo, Mendoza es escenario de una gran y marcada presencia de comunidades indígenas, las cuales han desplegado una infinidad de leyendas y mitos aborígenes en torno a sus espacios.

Por ejemplo una de las visitas obligadas durante una estadía en Mendoza es Malargüe. Este departamento municipal alberga al Pozo de las Ánimas, una composición geológica que, según cuenta la leyenda, vio combatir durante una noche a dos tribus de la zona. La tribu que iba perdiendo en el enfrentamiento, decidió huir y abandonar el lugar. No obstante, la tribu contraria empezó a perseguirlos para que no abandonaran la pelea. En la odisea por seguir sus rastros escucharon ruidos de derrumbe, motivo por el cual deciden regresar a las tolderías. Un par de horas después, ya con el sol levantándose entre los cerros, continuaron escuchando ruidos de lamento y deciden dar comienzo a la búsqueda del lugar desde donde se emitían esos sonidos. La imagen que vieron fue algo que no se hubieran imaginado: las personas que integraban la tribu cayeron en un pozo de 70 metros de profundidad. En consecuencia, los ruidos de llantos y lamentos que escuchaban eran provenientes del dolor que los apenaba. Según cuenta la historia, a partir de este momento comenzó a generarse una depresión física en el pozo que, por su profundidad y el factor del viento pareciera dar la sensación de un zumbido en el pozo.

A una escasa distancia también se encuentra la Laguna La Niña Encantada, nombre que guarda un relato romántico y dramático al mismo tiempo y que también tiene como protagonistas a dos tribus del lugar que constantemente mantenían enfrentamientos. Se debe a una leyenda aborigen que cuenta la historia de dos tribus que mantenían un constante enfrentamiento. Para calmar dicho conflicto, los líderes caciques de las dos tribus como acto de consenso decidieron unir en matrimonio a la princesa de una de las tribus con el príncipe de la tribu enemiga. Sin embargo, la princesa disconforme con la decisión de su padre decide huir de la tribu, acompañado de su amado. Comienzan su persecución, los enamorados pierden el camino y observan que los siguen atrás comandados por la bruja maligna de la tribu. Cuando llegan a la laguna, encuentran un precipicio con agua al fondo. Al mirar hacia atrás y notar que los persiguen, deciden entregar sus vidas arrojándose al agua helada de la laguna.

Donde hubo fuego, cenizas quedan… Y flores también

Según leyendas de la región noreste de Argentina, hace cientos de años vivía una inquieta muchacha indiecita llamada Anahí. Esta joven gustaba de correr por los prados y bosques de la zona. Según el relato, no era una niña muy agraciada físicamente, pero la dulzura y el amor en su vida abundaban. A Anahí le gustaba muchísimo cantar y de hecho mientras caminaba por los bosques y sierras Anahí cantaba. Solían decir que era el canto de un pájaro, por su dulzura y amor.

Hasta que un día llegaron invasores y dieron comienzo a un enfrentamiento con los guerreros de la tribu local. Estos invasores venían en busca de tierras y saqueaban y mataban a cualquier persona que se les pusiera en el camino.

La lucha duró varios días y Anahí, aunque frágil y joven, participaba de aquellas batallas con el deseo ferviente de defender la tierra que tanto amaba. Luchaba como el mejor guerrero de su tribu pero un día, la secuestraron dos soldados. No pudo liberarse y quedó cautiva de los soldados que quisieron tomarla como prisionera. Durante una noche, Anahí logró escaparse pero al salir de su prisión, se encontró con uno de los soldados que la había tomado por prisionera, entonces Anahí, lo mató y huyó rápidamente. El ruido que se produjo en la lucha con ese soldado hizo que otros se despertaran y, mientras ella huía vieron, como moría el soldado que Anahí había matado.

Intentó refugiarse entre los árboles que tanto amaba y conocía pero los soldados eran muchos y pronto la encontraron. Como castigo Anahí debía morir. Fue así que la ataron a un árbol. Anahí intentó soltarse con todas sus fuerzas pero todos sus intentos fueron en vano. Entonces ella comenzó a cantar. Los soldados iban a prender fuego a la niña y al árbol y así lo hicieron a pesar de todo. Mientras el fuego crecía alrededor de Anahí, colores rojos de entre las llamas salían hacia el cielo. En ese momento Anahí logró tocar el corazón de los soldados que la habían tomado como prisionera con su hermosa voz. Pero, aunque maravillados, no la soltaron y las llamas comenzaron a extenderse hacia el cielo, envolviendo a la niña… Pero ella no dejó de cantar hasta el amanecer.

Por la mañana, aquel árbol donde había estado Anahí se había convertido en un árbol con flores rojas, del mismo rojo que salía de entre las llamas mientras Anahí cantaba la noche anterior. Aquel árbol que una noche anterior era un árbol más, se había convertido de la noche a la mañana en un árbol cubierto de una hermosa flor roja a la que le pusieron la flor del Ceibo.

Los soldados, sin poder hablar, quedaron asombrados de aquella flor de magnifica belleza. La flor del ceibo representa a aquella niña guerrera que se defendió hasta la muerte. En el año 1942 esta flor fue declarada como la Flor Nacional Argentina.

La mitología del gaucho en Argentina

Como mencionábamos anteriormente, la figura del gaucho pampeano en Argentina ha adquirido gran relevancia como símbolo de la identidad nacional. Tal es la importancia que tomó que se ha generado hasta literatura ‘gauchesca’ en honor a recrear el lenguaje gaucho, representando un hombre reacio, independiente y valiente que ha habitado territorio de llanuras.

Martín Fierro

La obra literaria de «El gaucho Martín Fierro» responde al género de un poema narrativo escrito en verso por José Hernández en 1872. Cuenta, ni más ni menos, que la historia de Martín Fierro, un gaucho trabajador que se vuelve rebelde y reacio a la ley frente a las injusticias sociales del contexto histórico en el cual vive.

Los relatos escritos de la época representan a este hombre como un ser sufrido, que ha atravesado penurias y malas condiciones de vida hasta que toma la decisión de escapar y desertar el servicio. Pero su malestar no termina allí, ya que al volver se encuentra con que su rancho fue abandonado y convertido en una tapera. Y a su vez, fue causante de gran dolor para Martín Fierro enterarse de que su mujer y sus hijos se han separado para lograr sobrevivir. Frente a esta desdicha, este hombre gaucho comienza a frecuentar pulperías y emborracharse hasta convertirse en un gaucho matrero, que desobedece y rompe los límites de lo establecido.

Aquí me pongo a cantar 
al compás de la vigüela,
que el hombre que lo desvela
una pena extraordinaria,
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.
Imágenes de «Martín Fierro: la película» – Año 2007

Un Gauchito Gil que todo lo puede

Siguiendo el relato de un gaucho que resalta y se distingue por sobre el resto de los mortales, en Argentina se ha incorporado la simbología del «Gauchito Gil» como una figura tan religiosa y devota de los pueblos en cualquier punto de Argentina. Dicen que en verdad el gauchito gil existió bajo el nombre de Antonio Gil Núñez.

Su fundamento histórico está en la persona del gaucho Antonio Gil Núñez, de quien se sabe poco con certeza aunque según la leyenda nació cerca del año 1840 en la localidad de Pay Ubre, cercano a la ciudad de Mercedes (Corrientes). Lo verdaderamente cierto es que en torno a su figura se han comentado distintas hipótesis acerca de su vida y obra. Hay quienes dice que Antonio Gil fue un trabajador rural que se enamoró perdidamente de un mujer viuda que poseía mucho dinero. Razón por la cual, este hombre comenzó a ganarse el odio de los hermanos de la mujer. Incluso también se ganó el descontento del jefe de la policía local, a quien también le gustaba la susodicha. Frente a este panorama, Gil decide abandonar el territorio y prepararse para pelear en la Guerra de la Triple Alianza -suceso que marcó a Argentina, Uruguay, Paraguay y el antiguo Imperio del Brasil- durante los años 1864 a 1870). Al regresar de este enfrentamiento, es tomado para formar parte de las fuerzas del Partido Autonomista pero al negarse, fue capturado y degollado. Antes de ser asesinado, cuenta la leyenda que Antonio Gil le ordenó a su verdugo que rezara en su nombre para resolver los problemas de salud que tuviera su hijo.

Cuando el verdugo regresó a su casa encontró a su hijo agonizando así que, tal y como dijo el verdugo, comenzó a rezar en su nombre y fue así como ocurrió el milagro: el hijo logró recuperarse y se salvó de morir. En consecuecia, y también en homenaje, el verdugo se encargó de enterrar a Antonio Gil de manera decente y con decoro, construyendo un santuario que es frecuentado año a año por miles de fieles que buscan al Gauchito Gil para encomendarle sus pedidos. Es por eso que se conoce a este Santo -aunque carece de legitimidad para la Iglesia católica- como aquel que cumple con los deseos imposibles.

Existen también otras versiones que si bien no hacen énfasis en la historia de amor entre el Gauchito Gil y una viuda, sí refuerzan el sentido de que logró hacer sanar al hijo de uno de sus enemigos (quienes manifiestan que era comisario) que se encontraba con una enfermedad terminal.

Todos los 8 de enero, en conmemoración al aniversario de su muerte, se rinde culto a este «santo popular» peregrinando al santuario emplazado cerca del lugar de su muerte, en Mercedes.

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