En Bariloche (Argentina) hay un cementerio de aerosillas bastante creepy (y genial)

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Qué puede contarse de novedoso acerca de Bariloche? “Nada”, dirán los argentinos, quienes por lo general conocen la ciudad como la palma de su mano. Para los que nunca la hayan escuchado nombrar, se puede resumir diciendo que: es un destino invernal reconocido internacionalmente por su enorme centro de ski y es el lugar al que la mayoría de los estudiantes va en el último año del secundario, en el conocido como “viaje de egresados”.

Sin embargo, hay un aspecto no tan conocido de la ciudad: el cementerio de aerosillas que se esconde en la Isla Victoria. Ésta es la isla más grande del Lago Nahuel Huapi y es uno de los impresionantes lugares que se puede recorrer cuando se viaja a Bariloche. Se llega a ella en una navegación de aproximadamente 40 minutos, durante la cual te acompaña un paisaje tan impactante que no dejará que te escapes de la siguiente fórmula: lago + montañas + bosque = adiós memoria de la cámara!

En Isla Victoria hay muchos senderos que pueden recorrerse, pero atención: uno solo de ellos, el que asciende al cerro Bella Vista, te permitirá ver la estación de aerosillas abandonada, la confitería que seguramente supo llenarse de gente en su época de gloria y los cables reventados colgando sobre el frondoso bosque. Y si buscas bien, podrás llegar a encontrar la zona donde descansan arrumadas a la intemperie las viejas aerosillas que el óxido y la maleza se van comiendo lentamente.

Creepy, y por lo tanto, genial.

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

Isla Victoria

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Estas fotografías muestran a un pueblo italiano rodeado de coloridas flores silvestres

Castelluccio di Norcia, un pequeño pueblo en el centro de Italia, es conocido por su floración anual (o la fioritura), que atrae a miles de turistas cada año.

Entre los meses de junio y julio, la naturaleza nos regala un mosaico de distintas tonalidades de flores que se posan a los pies de los Montes Sibilinos (Monti Sibillini en italiano), concretamente en la llanura de Castelluccio.

Los campos están llenos de amapolas, acianos, orquídeas, margaritas, violetas y otras flores silvestres. Los agricultores de la aldea se aseguran de no usar pesticidas, y cuando los campos no son un mar de flores silvestres, los agricultores cultivan y cosechan lentejas.

Castelluccio

Los colores predominantes que se van a poder admirar son el rojo presente en las amapolas, el amarillo de los tulipanes, el blanco de los narcisos, el morado de las violetas y el azul de la centaurea cyanus, popularmente conocida como aciano.

Sin dudas, la naturaleza no deja de sorprendernos, al conformar un impresionante escenario digno de admirar y de apreciar en primera persona.

Las lentejas de Castelluccio son un producto muy demandado tanto en Italia como fuera de sus fronteras, en especial durante la Nochevieja. La tradición dicta desde hace siglos, que los italianos en vez de uvas deben comer lentejas y si son las de Castelluccio la fortuna del año entrante está más que asegurada.

Monti Sibillini

Durante los últimos años, la floración en Castelluccio tiene un especial valor por el terrible terremoto de 6,5 en la escala de Richter que aconteció en octubre de 2016 cuyo epicentro se registró entre las localidades de Norcia y Preci, siendo esta zona de la provincia de Perugia la más devastada tras los movimientos de tierra.

El pueblo de Catelluccio quedó practicante destruido y han hecho falta años, trabajo y mucha fuerza de voluntad para que sus habitantes puedan volver poco a poco a la normalidad de antes, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer.

Esta floración viene a recordar que la vida sigue y que con paciencia, cariño y algo de esperanza, todo se puede superar con esfuerzo.

Castelluccio

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