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El amor (en todas sus expresiones) se potencia en el corazón de los viajeros

2 min


Autor: chrisgold

Quienes viajamos y disfrutamos el conocer lugares nuevos sabemos que no importa si se hace acompañado o no, el goce llega igual. El hecho de viajar con familia, amigos, en perfecta soledad o en pareja tiene sus beneficios y perjuicios pero al terminar el viaje siempre sabemos que fue la decisión perfecta el haber elegido ese modo.

Lo complejo en al análisis surge cuando intentamos explicar el comportamiento del corazón en cada una de esas maneras de viajar. El hecho de salir de la zona de confort y experimentar la sensación de conocer un lugar nuevo tiene sus beneficios en si mismo: las probabilidades de enfermedades y problemas cardíacos disminuyen notablemente, así como el estrés, la asimilación de alimentos en la digestión mejora considerablemente, como algunos de tantos ejemplos. Pero, ¿Qué sucede con el amor?

La liberación de los prejuicios, la abertura de la mente al estar en contacto con gente y cultura ajenas y el hecho de compartir experiencias similares con aquellos otros viajeros, ayuda a la aceleración en el proceso de construcción de un vínculo. Por eso, muchas veces, al viajar solo se nos es mucho más fácil conocer gente que nos produce ese aceleramiento en los latidos, tan cercano (y a la vez distante) del concepto de amor. Aquello que vivimos en nuestro lugar de origen en horarios fuera del ámbito laboral, aumenta exponencialmente cuando estamos de viaje, ya que la carga horaria es distinta. Tenemos el día entero para el ocio, para compartir, para conocer al otro. Es una situación ideal casi irrepetible al momento de retornar.

Pero el viajar solo también puede producir algo contrario como puede ser reafirmar una relación ya existente. Los días de viaje pueden pasar y al estar pensativos sabemos que el hecho de extrañar no se refiere a la comodidad ni al mantenimiento del status quo, sino al verdadero sentir de querer estar con esa persona y de compartir las experiencias vividas con ella.

Tal vez el mismo fin suceda con el viaje en pareja. Muchas veces romper con la rutina a través de la práctica del turismo ayuda a solventar conflictos y dudas que van surgiendo en la diaria. Y el hecho de compartir intereses, resolver imponderables juntos y en perfecta comunión produce una armonía capaz de revivir afectos casi perdidos.

Ejemplos hay cientos, aquellas charlas entre amigos o en un viaje en familia que logran convencer al inseguro de tomar la decisión correcta al volver, o al revés, logrando por fin, romper con esa persona con quien ya no podía relacionarse mas. Estarán los amigos curiosos que descubren su amor en ese periplo o quienes comienzan a sentir sensaciones nuevas a raíz de la experimentación del viaje.

Lo importante es entender que el musculo del corazón no solo se activa con sacar el pasaporte de la mesa de luz, sino con las interacciones humanas que desarrollamos desde el propio inicio del viaje, con quienes estamos en pareja, con quienes ya conocemos o quienes otros que nos esperan en destino. No hace falta visitar Paris o Venecia para sentir el ritmo cardiaco acelerar, solo falta abrirse al mundo, su energía y las personas; y dejarse llevar por la fuerza del amor, del amor por viajar.


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