El bar giratorio de la Patagonia que parece desafiar la gravedad

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En lo más alto del Cerro Otto, en Bariloche, existe una obra que desde hace décadas sigue sorprendiendo a turistas de todo el país: una confitería giratoria ubicada a 1.405 metros de altura, capaz de ofrecer una vista panorámica de 360 grados sin que el visitante tenga que moverse de su asiento.

Se trata de la emblemática Confitería Giratoria, un espacio único que combina paisaje, gastronomía y una ingeniería tan precisa como impactante. Mientras los visitantes disfrutan de un chocolate caliente, una picada regional o una porción de torta artesanal, el salón rota lentamente sobre su propio eje y revela, de forma casi imperceptible, algunos de los paisajes más impresionantes de la Patagonia.

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Desde sus ventanales se pueden contemplar el lago Nahuel Huapi, el Cerro Catedral, el Cerro Tronador, las islas del lago y hasta el tradicional hotel Llao Llao, en una experiencia que convierte al paisaje en protagonista absoluto.

La historia de este ícono turístico comenzó en la década del 70, cuando el empresario Boris Furman imaginó un complejo capaz de aprovechar al máximo las vistas privilegiadas del Cerro Otto. Fascinado por la inmensidad del entorno, impulsó la construcción del teleférico y, en 1974, concretó la apertura de esta estructura circular que rápidamente se convirtió en una de las grandes atracciones de Bariloche.

Con capacidad para unas 200 personas, la confitería fue diseñada para resistir las exigencias del clima de montaña. Sus cristales templados aíslan el frío exterior, mientras un sistema de calefacción mantiene el interior cálido y confortable. Pero el detalle más fascinante está en su funcionamiento: el salón se desplaza sobre una base móvil impulsada por cuatro motores eléctricos, permitiendo completar una vuelta entera en 20 o 40 minutos, según la velocidad elegida.

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Más allá de su valor arquitectónico, el lugar también es una parada obligada para quienes quieren saborear clásicos de la cocina patagónica. Entre sus especialidades aparecen el goulash con spätzle, las picadas con ahumados regionales —como ciervo, jabalí, trucha y salmón—, además de tartas de frutos rojos, alfajores artesanales y el infaltable chocolate caliente.

A más de 50 años de su inauguración, la Confitería Giratoria del Cerro Otto sigue siendo una joya turística de la Patagonia y una de esas experiencias que convierten una simple merienda en un espectáculo inolvidable.

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