«El rey ha muerto, que viva el rey»: la expresión ritual en la sucesión de las monarquías que involucra a la corona británica

El rey ha muerto, que viva el rey la expresión ritual en la sucesión de las monarquías que involucra a la corona británica
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«El rey ha muerto, viva el rey«, o «El rey ha muerto, larga vida al rey«, es un lema o grito que se emplea como expresión ritual en la sucesión de las monarquías, especialmente en el reino de Francia y en la corona británica. Con el reciente fallecimiento de la Reina Isabel II, esta tradición volvió a estar en boca de especialistas en el correspondiente tratamiento real.

«The King is dead, long live the King», es una expresión ha sido usada en lengua francesa desde 1272 -sucesión de Enrique III de Inglaterra por Eduardo I de Inglaterra- y que no forma parte de la Proclamation of the accession que debe hacerse por el Accession Council.

El Rey Ha Muerto, Que Viva El Rey: La Expresión Ritual En La Sucesión De Las Monarquías Que Involucra A La Corona Británica
«El rey ha muerto, que viva el rey»: la expresión ritual en la sucesión de las monarquías que involucra a la corona británica

Esta frase se pronuncia tradicionalmente ante el público que se reúne en cada ciudad y pueblo ante la noticia de la muerte de un rey: curiosamente también es usado en mandatos de naciones como la de Dinamarca, donde es el primer ministro el que la pronuncia desde el balcón del Palacio de Christiansborg, sede del Folketing -Parlamento-.

¿Qué significa? Con tal lema se pretendía evitar la peligrosa situación política que se plantea en un interregno, además de servir como última ocasión de vitorear al rey fallecido y primera ocasión de hacerlo con el nuevo rey, con lo que ello conlleva de significado político: la expresión de la fidelidad de los súbditos al rey y (especialmente en el contexto de la sociedad feudal) la renovación automática de los lazos del vasallaje.

El significado más trascendente de tal expresión es la continuidad de la institución monárquica más allá de las personas que la encarnan, teorizada de forma más profunda en conceptos como el denominado doble cuerpo del rey. Es decir, según indica este usuario de Twitter, los reyes gozan de dos cuerpos: un cuerpo natural y un cuerpo político. El cuerpo natural es el que se enferma, equivoca o muere. El político es inmortal, idealizado e invisible.

Si bien ambos cuerpos son inseparables, viven en la misma persona, por lo que cuando un rey muere, lo que muere es el cuerpo natural, no el político. El rey jurídicamente no puede morir porque se terminaría la monarquía. En un sentido metafórico, las efigies arriba de las tumbas representan la importancia de perdurar ese «cuerpo político» que no muere nunca.

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