Estudiantes descubren un cráneo de Triceratops de 66 millones de años en Dakota del Sur

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¿Quién no fantaseó con participar en una excavación y encontrar un esqueleto de dinosaurios? Y, quienes si lo hayan hecho, seguramente fantaseaban también con un t-rex o un triceratops. Tal vez, los más reconocibles o favoritos que todos teníamos de niños. Pues bien, este grupo volvió realidad esa fantasía.

Un grupo de estudiantes universitarios de Westminster College en Missouri estaban en Badlands de Dakota del Sur para un viaje de recolección de fósiles y terminaron desenterrando un cráneo de triceratops de 1360 kg y dos metros, que data de hace 66 millones de años.

Wow.

En 2019, durante el viaje anual de recolección de fósiles de los estudiantes con su profesor de paleontología David Schmidt, los guardaparques le preguntaron al grupo si podían mirar un objeto que había sido descubierto varios meses antes. El grupo notó de inmediato que el hallazgo se parecía al cuerno de un triceratops. Pero debido a que no se les permitió seguir investigando sin autorización legal, el grupo esperó hasta el verano de 2020 para excavar el área.

Tal fue la emoción que tres estudiantes actuales y cuatro exalumnos se unieron a Schmidt en junio y julio para la excavación anual a pesar de que no se pudo ofrecer el crédito del curso. Acamparon durante dos meses y trabajaron duro para desenterrar el cráneo de dinosaurio, al que llamaron Shady en honor a la ciudad de Shadehill ubicada cerca.

“A medida que continuamos descubriendo más partes del cráneo, estaba en negación”, dijo Schmitt, que supervisaba el grupo, a St. Louis Public Radio. “Estaba pensando, ‘Esto no puede ser un cráneo. ¿Cuánta suerte podría tener? Eso probablemente solo le sucede a una fracción muy pequeña de personas en este planeta. Yo no puedo ser uno de esos “.

El fósil fue transportado al campus de Westminster, donde los estudiantes universitarios lo utilizarán para la investigación.

Aún hay más huesos de triceratops debajo de la tierra, pero el profesor y sus estudiantes regresarán el próximo verano para excavar el resto.

Cómo es el proceso de extracción de huesos de dinosaurios

La mayoría de los restos fósiles se encuentran por casualidad, normalmente en la construcción de carreteras y edificios, aunque existen algunas zonas donde los investigadores saben que es más probable encontrar restos. Una vez se encuentra el fósil, en el mismo lugar donde se halla, se elimina la capa superior de roca y piedras que lo recubre intentando delimitar el tamaño de la pieza. Posteriormente se cavan varias zanjas alrededor, a una distancia prudencial del mismo, para conseguir extraer la pieza entera.

Tras la extracción se cubre toda la pieza con yeso, igual que el que se utiliza en los hospitales para inmovilizar huesos rotos. De esta manera se pretende evitar que cualquier golpe pueda dañar el fósil, pues aunque son “rocas”, se trata de restos realmente delicados.

Una vez transportado al laboratorio se quita la capa superior del yeso  y comienza la preparación mecánica del fósil. Para limpiar al máximo la pieza los paleontólogos utilizan un aparato similar a las fresas que usan los odontólogos que, gracias a una pequeña vibración y aire, consigue separar los trozos de roca sobrante que recubren la pieza. “Para evitar dañarla se acercan a unos 3-4 milímetros del borde fósil”, nos explica Malavet.

Una vez finalizada la preparación mecánica los investigadores deben limpiarla todavía más para  conseguir dejar completamente limpio el resto paleontológico.  Para ello lo primero que hacen es aplicar un químico protector (el B 72) a la parte que está expuesta para evitar el deterioro que les pudieran causar los ácidos. Posteriormente se sumerge la pieza en soluciones químicas específicas y controladas para conseguir eliminar esa pequeña costra de tierra y roca de no más de 5 milímetros.

Una  vez limpia, los científicos estudian a fondo el material identificando tanto la especie a la que pertenecieron dichos restos, como las distintas partes del mismo, su tamaño, etcétera.

Todo este proceso es un laborioso trabajo manual que puede llevar a los científicos de semanas hasta meses o incluso años dependiendo del tamaño de la pieza. Y es además una tarea importantísima en la investigación y la conservación de los restos fósiles.

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