Un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrió un posible osario prehispánico durante las obras del Tren México-Querétaro, en las inmediaciones de la terminal Buenavista, en la Ciudad de México. El hallazgo, realizado a 1,40 metros de profundidad, podría aportar información sobre las prácticas funerarias de las antiguas comunidades que habitaron la zona.
Entre los restos encontrados hay cráneos, mandíbulas, fragmentos de cadera, fémures, costillas y dientes. Los especialistas identificaron un depósito funerario en el que los huesos no conservaban su relación anatómica, una característica que permitió plantear la hipótesis de que se trataría de un osario.

Hasta el momento, se recuperaron nueve osamentas, dos de ellas con modificaciones craneales, además de cinco mandíbulas en buen estado de conservación. La edad y el sexo de los individuos, así como las características de las alteraciones en sus cráneos, todavía deberán determinarse mediante estudios de laboratorio.
El depósito podría corresponder al periodo Posclásico Tardío (1200-1519 d. C.) o a los primeros años del contacto con los españoles. La hipótesis se apoya también en los objetos encontrados junto a los restos, entre ellos platos, ollas, pequeñas figurillas, malacates y herramientas de piedra. Algunos fragmentos de cerámica fueron identificados como pertenecientes a la cultura Azteca III, cuya temporalidad se ubica entre 1350 y 1520 d. C.
Otro dato relevante es la ubicación del descubrimiento, dentro de lo que habría sido el calpulli de Nonoalco, uno de los antiguos barrios vinculados al islote de Tlatelolco. Además, los restos aparecieron cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida en el siglo XVI como capilla de visita de los frailes franciscanos.

Los especialistas explicaron que los osarios podían formarse cuando los restos de personas enterradas previamente eran retirados de sus sepulturas originales y trasladados a otro espacio. La presencia de materiales prehispánicos y coloniales abre interrogantes sobre cómo cambiaron las prácticas funerarias durante ese período de transición histórica.
Tras su recuperación y documentación, los materiales fueron trasladados a laboratorios especializados en antropología física, lítica y cerámica, ubicados en Hidalgo. Allí serán sometidos a tareas de limpieza, restauración y análisis antes de su resguardo definitivo. Mientras tanto, los trabajos arqueológicos forman parte de las tareas de salvamento necesarias para preservar el patrimonio histórico antes de que continúen las obras ferroviarias.









