Hallazgo histórico tras 83 años: identificaron en una isla del Pacífico el cuerpo de un marine desaparecido en la Segunda Guerra Mundial

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Después de 83 años de incertidumbre, un soldado estadounidense que había desaparecido en plena Segunda Guerra Mundial finalmente pudo volver a casa. Se trata de Norton V. Retzsch, un infante de marina de 25 años que fue dado por desaparecido en 1943 durante una misión en la jungla de las Islas Salomón, y cuyos restos fueron identificados décadas después gracias a un minucioso trabajo forense que incluyó ADN, análisis antropológicos y registros dentales.

El hallazgo fue confirmado por la Agencia de Contabilidad de Prisioneros de Guerra y Desaparecidos del Departamento de Defensa de Estados Unidos (DPAA), que logró ponerle nombre a unos restos que permanecieron sin identificar durante más de ocho décadas. Aunque la identificación se concretó el 1 de abril de 2025, la noticia fue anunciada oficialmente recién el 4 de marzo de 2026, cerrando así uno de los capítulos más dolorosos para su familia.

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Retzsch, oriundo de Cincinnati, se había alistado en el Cuerpo de Marines de Estados Unidos en septiembre de 1941, apenas unos meses antes de que Estados Unidos ingresara formalmente en la guerra. Formó parte de la Compañía C del Primer Batallón de Asalto, una unidad de élite entrenada para incursiones anfibias y combate en terrenos selváticos detrás de líneas enemigas.

Su destino quedó marcado durante la Operación Toenails, una ofensiva lanzada por las fuerzas estadounidenses el 30 de junio de 1943 para recuperar la isla de Nueva Georgia, ocupada por Japón en el centro de las Islas Salomón. El grupo de Retzsch desembarcó en Rice Anchorage el 5 de julio y comenzó a avanzar por la jungla, una de las zonas más hostiles y peligrosas del frente del Pacífico.

El 9 de julio de 1943, mientras la Compañía C se dirigía hacia posiciones japonesas cerca de Punta Enogai, los marines cayeron en una emboscada. Fue en ese combate donde Retzsch y otros dos soldados desaparecieron y nunca regresaron. Semanas más tarde, una patrulla estadounidense encontró a un enemigo que llevaba la placa de identificación del marine, una señal devastadora que alimentó durante años la sospecha de su muerte, aunque sin pruebas concluyentes.

En los años posteriores, el ejército intentó encontrar sus restos. Entre noviembre y diciembre de 1947, la 604ª Compañía de Registro de Tumbas realizó búsquedas sin éxito. Finalmente, en 1949, el caso fue declarado irrecuperable y el nombre de Retzsch quedó grabado en las Tablas de los Desaparecidos del Cementerio y Monumento Americano de Manila, en Filipinas.

Sin embargo, la historia no terminó ahí.

Con el paso del tiempo, surgieron indicios de que sus restos podrían haber sido recuperados mucho antes, aunque sin ser identificados. En diciembre de 1943, unos restos hallados en Enogai fueron trasladados primero a un cementerio en Nueva Georgia y luego al de Finschhafen, en Papúa Nueva Guinea, donde fueron clasificados como “Desconocido X-182”. Tras varios intentos fallidos por determinar a quién pertenecían, esos restos terminaron enterrados en el Cementerio Americano de Manila en 1950.

Durante décadas, el caso quedó congelado en el tiempo, hasta que la DPAA volvió a revisar la documentación histórica y detectó que varios restos sin identificar hallados en Enogai y Bairoko podían coincidir con soldados desaparecidos en esa misma campaña. En enero de 2019, los restos catalogados como X-182 fueron exhumados del cementerio de Manila y enviados para nuevos análisis.

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La clave para resolver el misterio llegó gracias a la ciencia y a la perseverancia familiar. En 2006, Kim Opitz, sobrina nieta de Retzsch, había entregado una muestra de ADN al ejército. Esa información genética, combinada con estudios antropológicos y registros dentales, permitió finalmente confirmar que el “Desconocido X-182” era en realidad Norton V. Retzsch.

La noticia sacudió a la familia, que durante generaciones se negó a dejar caer su recuerdo en el olvido. “Mi madre nunca, nunca nos dejó olvidarlo”, contó Opitz a medios locales. Y cuando recibió la confirmación, la emoción fue total: “Fue una euforia inmensa”.

Después de más de ocho décadas, el marine desaparecido en una isla remota del Pacífico tendrá por fin un entierro con nombre, historia y homenaje. Sus restos serán sepultados el próximo 13 de abril en Marana, Arizona, en una ceremonia que simboliza mucho más que una despedida: representa el cierre de una herida abierta desde la guerra y la posibilidad de que, incluso después de 83 años, algunas historias todavía puedan encontrar su final.

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