Un paseo en kayak por Santorini: flotar en aguas volcánicas

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Una manera distinta de disfrutar las playas del sur de la isla: aguas cristalinas, playas volcánicas y lugares a donde solo se llega con kayaks. Te contamos nuestra experiencia.

Mañana fresca y cielo despejado en Pyrgos. Nos miramos con Ale y agradecemos a los dioses griegos por el clima, ya que el día anterior cancelaron la excursión por mal tiempo. Improvisamos un desayuno con tostadas y café, y bajamos por las calles serpenteantes hasta llegar a la plaza principal. El reloj marca las 9am y con una puntualidad absoluta aparece en su camioneta Haris, guía de Santorini Sea Kayak. Una pareja de californianos completan el grupo para el tour “South Discovery”.

paseo en kayak por santorini

Entusiasmados al recordar la experiencia en Kayak en Halong Bay, Vietnam, enfilamos hacia el sureste de Santorini. Después de bordear el yacimiento arqueológico de Akrotiri llegamos a Playa Kambia, una playa pequeña que tiene una típica taberna griega que, al estar tan cerca de la costa y por la fuerza del agua, está llena de algas: piso, mesas, sillas, todo. A pocos metros en el local de Santorini Sea Kayak, nos esperan Kostas y Andreas, los guías colaboradores de Haris. Sobre el agua, media docena de kayaks de diferentes colores amarrados ya están listos para salir.

Dejamos las mochilas y llevamos lo necesario: agua, protector solar y cámara de fotos. Antes de salir, Haris nos dice que nos quedemos tranquilos: “Los kayaks son alemanes, por lo tanto, son estables”, reímos. Acto seguido nos explica las normas de seguridad y los movimientos a tener en cuenta. Intento imitar el movimiento de manos y lo hago al revés, Haris me corrige con sutileza. Me siento en la parte de adelante del kayak y Ale, atrás, se encarga de la dirección de la nave. Los californianos se acomodan, hablan sin hablar, no parecen novatos.

Ajustamos los pedales del kayak y partimos. El agua es cristalina y fría, en el fondo se ven las rocas, no parece profundo aunque no vemos como opción caernos. En ese momento recordamos que nos olvidamos de comprar las sandalias Crocs, ya es tarde. Empezamos con movimientos que “mejoran” con el correr de los minutos, tratamos de mostrar tranquilidad y coordinación hasta que nos damos cuenta de que no podemos quedarnos tan atrás de nuestros compañeros del tour. Los requisitos son mínimos: inglés básico para entender las indicaciones, saber nadar y un estado físico aceptable.

Los californianos sincronizan como un ballet ruso, su coordinación es absoluta, dejan en evidencia y amplifican lo malo que somos. Haris nos cuenta que estuvo en Colombia y Venezuela y nos alienta en español: “¡Fuerza, vamos!”. Debería haber visto kayak en las olimpíadas en lugar de esperar esa competencia para ir al baño, pienso. Además de derrochar simpatía nuestros guías nos dan seguridad y cada tanto enderezan la nave. La tienen tan clara que tienen tiempo de sacar fotos durante todo el recorrido.

Desde el agua vemos las islas de Aspronisi y Thirasia. También, bordeamos la playa blanca, a la que solo se accede a través del agua y la playa roja que tiene un enorme paredón rojo –como si hubiesen rebanado parte de la montaña-, lo que quedó de un volcán que erupcionó hace 3600 años. Su suelo está formado por piedras diminutas que parecen pimienta roja y negra en granos. El acceso a esta playa sino es por agua es dificultoso, ya que hay que subir por unos cuantos escalones irregulares de piedra. Si van con nenes o con gente mayor es más fácil llegar por agua –que sepan nadar por las dudas-.

En el medio de la travesía y justo a tiempo para recargar energías y descansar los brazos entumecidos, paramos en una pequeña playa a la que se accede solo en kayak.

Allí, bajo la montaña negra –cerca del faro- y rodeados de inmensas paredes de piedra de un gris claro, Haris saca un mapa y nos cuenta la historia y geología de la isla. Mientras los chicos preparan el almuerzo, en el que se lucen los sandwiches de tomate y queso feta, de pollo, y de salmón, completan la mesa frutillas de estación, bananas e higos. De los mejores picnics de nuestra vida: comida de primera en un lugar soñado. La vuelta es más fácil después del primer tramo, sobre todo después de haber pasado por lugares con correntada y tan rodeados de piedras que solo podía pasar de un kayak a la vez: ese rato de práctica sumado a los sandwiches nos dan fuerza para el regreso.

Durante el trayecto de más de 6km y 2hs y media, remamos y disfrutamos de vistas que sólo se pueden apreciar desde el agua. Es increíble que en este lugar tan tranquilo hace miles de años una de las mayores erupciones volcánicas de la historia enterró a la civilización cretense. Una vez más salimos airosos y disfrutamos de una muy buena alternativa para hacer algo diferente en Santorini. ¿Será la tercera experiencia en Kayak la vencida?

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Islandia es uno de los países que aprovechó la “pausa” que generó la pandemia de coronavirus en muchos aspectos para realizar mejoras tanto en sus carreteras como en sus diferentes sitios turísticos. En este país, el turismo constituye el 42% de su economía y esa pausa, si bien sirvió para algunas cosas, generó un gran impacto en los ciudadanos que dependen del turismo como medio de vida. Al igual que sucedió en varios lugares alrededor del mundo.

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En vistas de impulsar el turismo y motivar a las personas a viajar allí, Islandia expandió su programa de visas para poder permanecer en el país por un largo período de tiempo. En un principio, este programa solo comprendía a personas provenientes de países que formen parte del Espacio Schengen pero ahora se ha extendido a más lugares. El mismo plantea que ciudadanos extranjeros que trabajen de forma remota para compañías que no sean islandesas podrán aplicar para permanecer por un período de seis meses, tanto ellos como sus familias. Así lo informa el sitio oficial de Work in Iceland.

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En el sitio establecen que “Para que le otorguen permiso para la estadía extendida, la persona en cuestión debe demostrar una relación de trabajo con una compañía extranjera (o verificar que trabaja por su cuenta en el país en el que tiene residencia permanente) y cumplir con los ingresos y seguro médico requeridos“. De acuerdo al sitio de noticias Bloomberg, el ingreso necesario para poder aplicar es de, mínimo, un millón de coronas islandesas por mes, lo cual equivale, aproximadamente, a 7360 dólares por mes o 88000 dólares anuales.

Hasta el momento no fue informado a partir de cuándo se puede aplicar ni la documentación que hay que presentar, pero desde Work in Iceland anunciaron que pronto tendrán más información.

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