La cordillera de los Andes atraviesa un invierno excepcional por la cantidad de nieve acumulada, un fenómeno que genera expectativas en Mendoza y San Juan de cara a los próximos meses. La gran reserva nival podría traducirse en un mayor caudal de los ríos durante el verano, aunque el resultado dependerá de un factor clave: la temperatura y la velocidad del deshielo.
Un relevamiento realizado por el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) de Chile registró durante agosto una cobertura de nieve superior a los 10.000 kilómetros cuadrados en la región de Coquimbo, más del doble de la media histórica de los registros satelitales recientes.
La situación también se observa en distintos sectores de los Andes Centrales, particularmente en zonas vinculadas con Mendoza y San Juan, donde el agua proveniente de la nieve cordillerana tiene un papel fundamental para la alimentación de los ríos.

Una reserva clave para los ríos
El comportamiento de la nieve es seguido mediante imágenes satelitales y estaciones meteorológicas por equipos especializados como el Observatorio Andino. Leandro Cara, geólogo especializado en sensores remotos e imágenes satelitales, explicó que el organismo cuenta con registros de más de dos décadas, lo que permite comparar las condiciones actuales con diferentes momentos de la serie histórica.
“Este invierno ha sido excepcional”, señaló el especialista, quien comparó el escenario actual con el registrado en 2005, dentro de los últimos 25 años analizados.
En el caso de Mendoza, la nieve acumulada en las montañas tiene una importancia particular para el sistema hídrico. Según Cara, alrededor del 85% del escurrimiento de los ríos mendocinos depende de la nieve que cae durante el invierno.
Las imágenes satelitales permiten seguir la superficie cubierta por nieve y observar cómo evoluciona el manto a lo largo de las semanas. Durante este invierno se produjeron algunos episodios de gran magnitud, especialmente hacia finales de julio, que luego fueron acompañados por nuevas nevadas de menor intensidad.
El fenómeno tuvo una presencia extendida en los Andes Centrales, aunque con una incidencia mayor hacia el norte, en sectores relacionados con San Juan y Mendoza.
Qué puede pasar durante el verano
La cantidad de nieve acumulada permite anticipar un escenario favorable para los caudales de los ríos durante la temporada estival. La estimación es que el derrame podría ubicarse por encima del promedio, aunque todavía existen variables que pueden modificar ese resultado.
“Si va a haber un derrame superior al promedio, yo estimo que sí, por la cantidad de nieve que hay”, sostuvo Cara.
La gran incógnita está en cómo se producirá el deshielo. No alcanza con conocer cuánto hielo y nieve se acumuló durante el invierno: también es necesario observar a qué velocidad esa reserva se transforma en agua y cuándo llega a los cauces.
La temperatura será determinante
La temperatura puede modificar de manera significativa el comportamiento de la reserva nival. Si se producen jornadas más cálidas, la nieve puede derretirse con mayor rapidez y provocar que una mayor cantidad de agua llegue a los ríos en un período más corto.
“La temperatura va a decidir cuánta agua va a venir al río en qué momento”, explicó el especialista.
Un deshielo acelerado también puede afectar la permanencia de la nieve en las zonas más elevadas de la cordillera. En lugar de conservarse durante más tiempo, parte de esa reserva podría derretirse antes y reducir el volumen disponible para períodos posteriores.
“Al haber mayores temperaturas, la nieve se derrite más rápido”, advirtió Cara.
Un invierno excepcional después de años de sequía
El especialista también relacionó el escenario actual con las condiciones del océano Pacífico y la presencia del fenómeno de El Niño, aunque remarcó que será necesario seguir la evolución durante los próximos meses antes de sacar conclusiones definitivas.

La importante cantidad de nieve registrada representa un cambio significativo frente al prolongado período de sequía que atravesó la región. Sin embargo, Cara pidió cautela y señaló que todavía no es posible afirmar que la sequía haya terminado en el norte argentino.
Por ahora, los Andes Centrales cuentan con una reserva nival extraordinaria que abre expectativas sobre la disponibilidad de agua durante el próximo verano. El desafío estará en seguir de cerca las temperaturas para conocer cuánto de esa nieve terminará llegando a los ríos y en qué momento.
“Para nosotros este año es súper interesante, porque hacía muchos, muchos años que no teníamos un registro de nieve de tal magnitud”, concluyó Cara.









