La increíble travesía de cinco argentinos que cruzaron el Atlántico en una balsa primitiva

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Sin motor, sin timón y sobre apenas nueve troncos unidos con cuerdas vegetales. Así comenzó una de las expediciones más increíbles protagonizadas por argentinos: la travesía de la balsa Atlantis, una misión que buscaba demostrar que el ser humano pudo haber cruzado el océano Atlántico hace más de 3.500 años.

La aventura fue liderada por Alfredo Barragán, un abogado y explorador argentino que en mayo de 1984 partió desde las Islas Canarias junto a otros cuatro compatriotas rumbo a América, impulsados únicamente por los vientos y las corrientes marinas.

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El hallazgo que cambió la vida de Barragán

Todo comenzó años antes, cuando Barragán encontró un artículo sobre las gigantescas cabezas olmecas descubiertas en México, esculturas de más de 3.500 años con rasgos africanos.

La pregunta quedó instalada en su mente: ¿cómo habían llegado hombres africanos a América miles de años antes de Cristóbal Colón?

Investigando sobre antiguas técnicas de navegación, descubrió similitudes entre balsas utilizadas en África y embarcaciones primitivas de América Latina. Además, encontró estudios que demostraban que las corrientes del Atlántico podían transportar embarcaciones desde África hasta el Golfo de México de forma natural.

Sin embargo, cuando presentó su teoría ante especialistas del Museo Nacional de Antropología e Historia, recibió un rechazo absoluto.

Le dijeron que las cuerdas se romperían, que la madera se hundiría y que la travesía era imposible. Pero esa negativa terminó impulsándolo todavía más.

Una balsa sin clavos y una misión extrema

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La Atlantis fue construida como una réplica exacta de las balsas primitivas de hace 3.500 años.

Medía 13,6 metros de largo, estaba formada por nueve troncos ecuatorianos y no tenía ni una sola pieza metálica. Todo estaba unido únicamente con cuerdas vegetales.

A bordo viajaban:

  • Jorge Iriberri
  • Daniel Sánchez Magariños
  • Horacio Giaccaglia
  • Félix Arrieta

El objetivo era simple pero brutal: sobrevivir en el océano únicamente con los recursos que habría tenido el hombre antiguo.

Las decisiones más extremas antes de zarpar

La preparación fue tan intensa como la propia travesía.

Barragán e Iriberri incluso decidieron operarse antes de partir y se extirparon el apéndice de manera preventiva para evitar una posible apendicitis en medio del océano.

Además, ambos recibieron entrenamiento médico para aprender a amputar extremidades en caso de emergencia.

“No existía la palabra imposible”, recordaría años después el equipo.

La expedición cargó agua, alimentos, instrumental médico y equipos de filmación, pero rechazó patrocinadores comerciales porque Barragán quería convertir la balsa en “un monumento al romanticismo”.

Tormentas, quemaduras y un secreto inesperado

Los primeros días fueron caóticos. El mástil casi se desploma durante una tormenta y las cuerdas de la embarcación crujían constantemente, haciendo pensar a la tripulación que la balsa podía desarmarse en cualquier momento.

Pero uno de los momentos más sorprendentes llegó cuando el camarógrafo Félix Arrieta confesó algo impensado: no sabía nadar.

Lo reveló recién tres días después de haber partido porque temía quedarse afuera de la expedición.

Como la Atlantis no tenía timón, si alguien caía al agua resultaba prácticamente imposible rescatarlo.

A eso se sumó otro problema inesperado: el sol. En aquella época casi no existían protectores solares como los actuales y la tripulación olvidó llevarlos.

La solución fue extrema: comenzaron a untarse en la piel la grasa de salamines y longanizas para evitar quemaduras graves.

El momento más emocionante en medio del océano

Tras casi dos meses de navegación, la expedición atravesó sus horas más angustiantes.

Las nubes impedían orientarse mediante navegación astronómica y nadie sabía con certeza dónde estaban. Podían estar cerca de América… o haber sido desviados nuevamente hacia África.

Entonces apareció un pesquero venezolano.

Barragán tomó la radio y preguntó desesperadamente su ubicación.

La respuesta llegó segundos después:

“Están a 10 millas de las Islas Testigo. ¡Bienvenidos a América!”

Los cinco argentinos rompieron en llanto, se abrazaron y celebraron en medio del océano.

La frase que quedó para la historia

El 12 de julio de 1984, luego de recorrer casi 5.900 kilómetros en 52 días, la Atlantis ingresó al puerto de La Guaira escoltada por embarcaciones y helicópteros.

Allí, frente a los micrófonos y las sirenas de los barcos, Barragán pronunció la frase que convirtió la expedición en leyenda:

“Que el hombre sepa que el hombre puede”.

Décadas después, la travesía sigue siendo considerada una de las mayores hazañas náuticas argentinas y un símbolo de perseverancia frente al escepticismo.

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