Mi experiencia usando Couchsurfing: todo lo bueno, lo malo, los miedos y lo inolvidable.

8 min


– Amiga, atenta. Aquí te mando toda la información que tengo de la persona que me va a hospedar en su casa. Fotos, intereses, la ciudad en que vive y su teléfono. No te preocupes por la dirección exacta, alguna vez leí que se puede rastrear a la gente usando su número telefónico. Listo, estoy lista, mañana en la mañana llegaré a Gijón ¡Al fin al fin al fin voy a conocer Asturias! Si en la tarde aun no te doy señales de vida, entonces puedes llamar a la policía.
– María Paz ¿es necesario? ¿sumamente necesario? ¡Por qué quieres usar Couchsurfing! ¡Me vas a tener preocupada todo el día! Además ¿era necesario que tu primer host fuera hombre y viviera solo?
– Julie, tranquila. Si te cuento a ti lo que estoy haciendo es para que mi mamá no tome un avión y me venga a buscar. No te pongas como una mamá, compórtate como una viajera. Y si, es necesario usar Couchsurfing. Porque quiero conocer Asturias con ojos de local, porque no hay hostales en Gijón y los hoteles no son parte de este viaje. Además, si no uso Couchsurfing en Europa ¿dónde? ¿En India?
– Te juro que si no me das señal de vida antes de las 2 de la tarde llamaré a la policía. Te lo juro.

Backpackers in Paris

Esa noche no dormí. Viajé de Sevilla a Gijón en un bus nocturno muy cómodo y no dormí. No tenía sueño. Estaba ansiosa. También nerviosa ¿Y si me pasa algo?

Había leído mucho sobre Couchsurfing. Sabía que era una plataforma basada en la confianza. Un local te da alojamiento gratis y, en la mayoría de los casos, tienes la oportunidad de conocer el lugar donde estás de una forma más cotidiana. Conoces a los amigos de tu host, salen juntos, cocinan, conversan, comparten.

No me convencía. Ya es suficientemente incómodo estar todo el tiempo compartiendo dormitorios con 10 personas en los hostales mochileros, para qué iba a querer vivir la incomodidad de quedarme en la casa de un desconocido, bajo sus reglas y horarios. Muchos blogs de viajes hablaban de las maravillas de conocer gente a través de Couchsurfing y lo promovían como una buena forma de ahorrar dinero mientras viajas. Conocí muchos viajeros que habían usado la plataforma y tenían todo tipo de experiencias: muy buenas, regular o muy malas.

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Una semana antes de comenzar mi viaje me llegó una noticia sobre una viajera que había sido asesinada por su host de Couchsurfing. Había sido hospedada en Nepal por un hombre con muy buenas referencias en la página y había pasado lo peor. No quise indagar más, Couchsurfing no iba a ser parte de mi viaje. Hasta que llegué a Europa.

Llevaba casi un mes viajando sola por Europa y sentía que me faltaba algo. A diferencia de Asia, en Europa es más difícil conocer gente en la calle. Mientras en Asia toda la gente siente curiosidad por ti, en Europa eres una más. Había conocido toda la arquitectura, los puentes, los parques y los edificios. Había probado todos los quesos franceses, las pastas italianas y las tapas españolas. Había hecho todos los clichés, pero no sabía nada del día a día, de la cotidianeidad.

Couchsurfing

Empezar en Couchsurfing no fue fácil. A mi inseguridad con respecto a la plataforma se sumó mi falta de experiencia. Nadie me respondía mis solicitudes. Las razones eran muchas: no tenía referencias, mis mensajes eran muy largos, pedía muchas noches de alojamiento, mis fechas de llegada y partida eran vagas.

Estaba desesperada. Me iba en dos días a Gijón y ninguna de las personas a las que les había escrito me podía recibir. Gijón no tenía hostales (solo encontré hoteles totalmente fuera de mi presupuesto). No quería perder mi pasaje. Me había prometido no pedir alojamiento a hombres, menos si vivían solos, pero la desesperación me hizo ampliar mi búsqueda. Leí durante horas los perfiles y las referencias de los hosts y envié un par de solicitudes. Además, en honor al poco tiempo que me quedaba, publiqué mi viaje en la comunidad de Gijón en caso que alguien me quisiese recibir.

Había recibido dos propuestas que me hicieron perder la esperanza. La primera era de un hombre que vivía solo y que me ofrecía alojarme en su casa pero que tendríamos que compartir su cama. Ok, siguiente. La segunda decía literalmente “Hola, eres muy guapa. Quizás sea un poco tentador para mi tenerte en mi casa, pero llega cuando quieras”. Fin. No tenía donde quedarme, iba a tener que cambiar mi destino.

TGIF Couchsurfing friends.

Entonces me contestó Diego. Podía recibirme en su casa, pero el primer día tenía una reunión familiar y no podría estar conmigo, si yo no tenía problemas con eso era bienvenida. Diego era uno de los pocos hombres a los que yo les había enviado una solicitud. Al leer su perfil me di cuenta que compartíamos muchos intereses y sus referencias eran excelentes. Si, era hombre y vivía solo, pero también me transmitía una confianza que me hacía pensar que no era una mala idea quedarme con él. Confirmé mi llegada para el 11 de septiembre a las 7 de la mañana.

Y ahí estaba. Viajando en el bus nocturno sin pegar un ojo. Llegué temprano al terminal de buses y Diego me pasó a buscar. Al principio estaba incómoda. Me iba a quedar en la casa de un desconocido y sentía que tenía que ser sociable. No fue difícil. Diego era serio, pero tenía mucho tema de conversación. Trabajaba a distancia, por lo que tuvo tiempo para mostrarme la ciudad y contarme detalles que solo los locales manejan. Cantamos karaoke, nos recomendamos libros, salimos a comer, cocinamos y también conversamos sobre viajes. Me contó que durante sus viajes nunca ha usado Couchsurfing, pero que le encanta la plataforma para conocer gente de otras culturas, gente que le puede dejar algo.

“Voy a ser sincero, yo soy bastante egoísta al elegir a quien hospedo y a quien no. Para mi Couchsurfing es dar y recibir. Yo hospedo gente que me parece interesante, que tiene un hobby que podamos compartir, que venga de un país que me interesa conocer o que esté haciendo un viaje que algún día me gustaría hacer. Acepté tu solicitud porque, a pesar de no tener referencias, me contaste sobre tu viaje, tus planes y tu sueño de conocer las tierras de Melendi. Me da un poco de risa lo de Melendi pero me gustó que fueras sincera. Además, eres chilena y me interesa mucho la historia de tu país.”

TGIF Couchsurfing in Lyon!

Siempre que me preguntan sobre mi experiencia en Couchsurfing digo que tuve suerte. Diego fue por lejos el mejor primer host que pude haber tenido. Se dio el tiempo de llevarme a lugares típicos de su ciudad, me explicó la canción Asturias completa (fue por esta canción por la que decidí visitar Asturias), me contó historias tan bonitas de Gijón que solo me hacen sentir una gran ternura por su gente. Escuchó atentamente todos mis intereses y, dado mi amor enfermizo por los perros, me llevó a conocer la playa de los perros. Me fui de su casa con mi ebook lleno de nuevos libros, que hasta el día de hoy me acompañan en mis tardes de viajera. Gracias a él aprendí a confiar, aprendí a valorar la plataforma, aprendí que hay gente buena en el mundo y sobre todo decidí que quería hospedar gente apenas llegara a Chile. Entendí que recibir viajeros en tu hogar es una forma de viajar en tu propia ciudad. Los viajeros llegan con aires nuevos, ideas distintas y preguntas que te hacen pensar.

Una vez que empiezas se vuelve un poco adictivo. Antes de ir a una nueva ciudad piensas “¿quiero conocer más viajeros en un hostal o quiero vivir con locales? “. Así que lo hice un par de veces más. Solo tuve buenas experiencias.

“¡Eres una niña valiente! ¡Mi ídola! ¡Cuéntame todo de tu viaje!”. Con esas palabras me recibió Agnese, la italiana que me hospedó en Oviedo. A diferencia de Diego, ella había usado Couchsurfing por primera vez siendo hospedada. Sentía tanta gratitud de la gente que la recibió que decidió que ella también quería aportar al mundo de los viajeros dándoles un techo y un lugar cómodo donde quedarse cuando lo necesitaran. Horneaba muffins todas las mañanas para mi desayuno y luego se iba a trabajar, me invitó a conocer a sus amigas y tomamos Vermount mientras en la ciudad llovía torrencialmente. Ella decía que admiraba mi viaje y mi valentía, yo admiraba su vida. Trabaja de violinista y cada dos años se cambia de ciudad para conocer un lugar nuevo. Yo me quedé en su departamento dos días antes de su cambio de ciudad. Aburrida de la lluvia y los deportes outdoor, dejaba Oviedo y se iba a Madrid. Hasta el día de hoy hablamos, me aconseja cuando estoy cansada de viajar y le cuenta a todo el mundo mis aventuras.

En Oslo me recibió Petra. Tenía un perro. Su hospitalidad y amistad me marcaron. Me llevó a hacer trekkings arrastrando un neumático (se estaba preparando para un trekking en Nepal), cenamos en un bote casa y, lo más impresionante para mí, me pasó una copia de sus llaves apenas llegué. No me conocía y confió. Esta casa fue una de las que me costó dejar. Las cenas, las conversaciones y las tardes de té me iban a hacer mucha falta. Nuestra amistad nos unió meses después en Tailandia, donde tuvimos unas buenas vacaciones en la playa.

En un continente que se destaca por las libertades individuales, la calidad de vida y las economías “estables” es muy fácil sentirse sola. Caminas por las calles y nadie te mira. No existe esa curiosidad y hospitalidad que encuentras en Asia. Eso creía yo. Gracias a Couchsurfing me di cuenta que la gente buena está en todos lados, solo hay que estar dispuesto a encontrarla.

Muchos viajeros y futuros viajeros piden consejos de hostales, destinos, vuelos, transporte. Hoy yo quiero dar este consejo: usen Couchsurfing, aunque sea una vez. Atrévanse. Denle la oportunidad a un desconocido. Salgan de la pequeña zona de confort que construimos cuando viajamos. Oblíguense a confiar en extraños. Si no quieren ser hospedados entonces hospeden a un viajero. Hospeden a alguien que los va a sacar de su vida cotidiana, que los va a hacer sentir de viaje por unos días. No voy a negar que existen riesgos, como en todos los sistemas donde la base es la confianza. Tomen las precauciones necesarias, pidan ayuda a gente con experiencia, lean las referencias y, sobre todo, confíen en su intuición.

Mi viaje no habría sido lo mismo sin mi experiencia en esta red viajera. Mi confianza en la humanidad no sería la misma. Tampoco tendría los mismos amigos. Hoy tengo en mi circulo de gente a Diego, que se encarga de decirme lo loca que estoy cada vez que hablamos, pero también me consigue y regala todos los libros que voy necesitando en mi camino. Tambien tengo a Agnese, que con sus palabras recoge todos mis pedacitos cuando me siento abatida. Petra se encarga de poner mis pensamientos en orden cuando me dan las crisis viajeras, me habla desde la experiencia y su incondicionalidad no me deja de sorprender. Y tengo una familia mexicana que se robó mi corazón cuando me recibió en Copenhague y una alemana siempre lista para tener conversaciones filosóficas y profundas conmigo. Soy una eterna agradecida de la vida por darme la posibilidad y la valentía de haber probado esta experiencia, por darme la fuerza necesaria para no permitir que mi miedo no me permitiese descubrir, aprender y disfrutar.


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