Testimonios de viaje: un atardecer en el Salar de Uyuni

El viaje a Uyuni

Partí la noche de un sábado a Uyuni desde la Terminal de Buses de La Paz. El autobús empezó su recorrido a las 20 horas con 30 minutos y el viaje duraría al menos ocho horas. Antes de las cinco de la mañana, llegué a Uyuni.

Al primer paso fuera del autobús, fui abordado por una agente de una agencia de viajes quien ofrecía el tour de tres días y dos noches para recorrer el Salar y la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa.

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Mi amigo Edgar Coronel, quien en semanas pasadas recorrió esta parte de Bolivia, me recomendó no pagar más de 650 bolivianos por el servicio (97 dólares aproximadamente). La vendedora, al primer contacto ofreció el servicio por el valor indicado.

No lo pensé más, ni decidí regatear el costo, estaba cansado y el frío no me permitía reaccionar rápidamente. Ella gentilmente me condujo a su oficina, firmamos un documento y posteriormente me direccionó a una cafetería que atendía las 24 horas.

El tour empezaría a las 9 y 30 de la mañana, entonces, tendría tiempo suficiente para recorrer parte de la ciudad. Luego de disfrutar de un suculento desayuno, empecé a recorrer Uyuni. La estación del tren, las anchas y solitarias calles y el monumento al Dakar fueron los lugares que no debían faltar en el recorrido.

Rumbo al Salar de Uyuni

Antes de las 10 de la mañana fui embarcado en un auto tipo jeep, compartiendo el vehículo con un turista boliviano y dos turistas españoles que estudiaban en Chile. El guía/conductor nos indicó que recorreríamos rápidamente el cementerio de trenes para adentrarnos al gran salar.

A los pocos minutos de viaje, luego de visitar el cementerio de trenes, el salar ya era visible. Cerca del mediodía, nuestros pies caminaron por primera vez sobre el gran manto blanco.

El Salar de Uyuni, que ocupa más de 10.000 kilómetros cuadrados, es el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo.

Disfrutábamos la experiencia, sin embargo, mis ojos buscaban con desesperación una zona del blanquísimo lugar en la que el cielo se refleja sobre el manto de sal. No lo encontré, la tristeza me embargó rápidamente y partimos camino al volcán Tunupa.

Una hora de viaje nos condujo a la comunidad de Coqueza, sitio ubicado en las faldas del Tunupa. En este lugar las actividades cotidianas y la subsistencia de su población son parte del atractivo. En Coqueza disfrutamos del almuerzo y cerca de las 3 de la tarde partimos a la Isla de Incahuasi.

Volcán Tunupa

Mientras nos aproximábamos a Incahuasi, el conductor nos preguntó si deseábamos llegar a los reflejos antes del anochecer. El resto de viajeros asintieron con un sí firme, yo, sin embargo, deseaba disfrutar el recorrido sin apuros.

Incahuasi (“La Casa del Inca” en quechua), es la isla más conocida en el Salar. Su superficie está poblada por cientos de milenarios cactus gigantes, los que pueden sobrepasar los 10 metros de altura. Recorrimos rápidamente la isla y partimos nuevamente.

El atardecer en el gran salar

Antes de las 6 de la tarde, el conductor nos preguntó si teníamos botas para agua. Todos dijimos que sí. Yo no entendía el motivo de la pregunta porque durante todo el trayecto no encontramos agua. Mientras tanto, los turistas españoles comentaban su experiencia en el salar la tarde pasada y estaban emocionados por llegar a los reflejos.

Empecé a entender que los reflejos era la zona del salar cubierta de agua, es decir el espejo de sal. Mi corazón empezó a agitarse y rogaba llegar lo más pronto posible. ¡Finalmente llegamos! El conductor buscó un lugar alejado del resto de vehículos para que nosotros disfrutemos de la puesta del sol.

El auto se detuvo, descendimos del jeep, mis pies caminaron en el agua del salar que ya reflejaba el cielo.

La puesta del sol empezó y trajo el momento más bello del día. Caminábamos en medio de un gran espejo de agua. Mientras el sol agonizaba en el horizonte, el cielo ardía en el salar. El agua reflejaba la hermosura de la tarde. No lo creía, lloraba, agradecía y volvía a llorar.

El atardecer en el Salar de Uyuni es una de las experiencias más fascinantes que he vivido. A las 6 y 30 de la tarde, partimos al hotel de sal. Lugar en el que pasaríamos la primera noche de esta gran aventura.

Escrito por Carlos Arellano

Ecuatoriano, militante del 85, apasionado por la fotografía. Sencillo y aventurero. Amante de las largas e interesantes conversaciones; disfruto de caminar, conocer y aprender; escritor ocasional. Construyendo una vida con propósito: “trekking”, “trail running”, “running”, aventura, “camping”, música, chat, libros, FOTOGRAFÍA.

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