Un sueño posible: vivir viajando por el mundo

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Primer año de carrera universitaria, nueva ciudad, nueva casa. Así transcurrían mis días en Rosario a mis 20 años, entre planes de estudio y trabajo. Todavía no tenía idea de lo que la vida me tenía preparado.

Un año más tarde conocí a Nachi, y mientras soñábamos a lo grande, vivíamos una vida como cualquier otra. De casa al trabajo, del trabajo a casa, y alguna que otra escapadita de fin de semana. No nos podíamos quejar, o si, pero no lo hacíamos porque nos creíamos privilegiados.

Hacíamos lo que queríamos. Nachi tenia su propio hostel y trabajaba de lo que quería. Yo tenía un empleo donde todos mis días a las 13 hs estaba libre para hacer lo que sea. Alquilábamos un departamento en una linda zona de la ciudad, y salíamos una o dos veces por semana a nuestra cervecería favorita.

Alguien diría que no podíamos pedir más, y no juzgo a quien lo crea, pero sí que podíamos.
Había un sueño que no estábamos cumpliendo, un sueño que se nos escapaba de
las manos: vivir viajando.

sueño

Un sueño posible

No recuerdo exactamente qué día fue, pero recuerdo todo sobre ese día. Estaba en la oficina, como todas las mañanas, y me dije que esto no podía ser la vida, o más bien,
que la vida no podía ser sólo esto. Nada de lo que pasó después de ese momento podía cambiar nuestro destino.

Un mes después nos recuerdo vaciando y entregando nuestra casita y también recuerdo todas las sensaciones que eso me provocaba. Dejar esa heladera que compramos en 24 cuotas. La cama que todavía estábamos pagando y esos televisores que nadie iba a cuidar mas que nosotros.

Me recuerdo despidiéndome de las personas que formaban parte de mi día a día, y sin
imaginarme como sería la vida sin ellas. Recuerdo todo eso haciéndome cosquillas en la panza y generándome alguna que otra lágrima.

Pero me recuerdo feliz por arriesgarlo todo. Me recuerdo decidida a cumplir mi sueño. Me
recuerdo subiendo al avión con una persona que iba a hacerme sentir en casa estemos donde estemos.

Las preguntas de siempre: ¿Cuánto tiempo se van? ¿De qué van a vivir? No puedo ni recordar la cantidad de veces que escuché esas dos preguntas. Y la respuesta era
siempre la misma respuesta: NO LO SÉ.

Lo único que sabía era que no quería vivir y morir pensando en cómo hubiera sido mi vida si me hubiese animado. Y eso me alcanzaba. Y también me sobraba. Así que ese 25 de mayo, que podría haber sido como todos los otros 25 de mayo, no lo fue.

Ese 25 de mayo de 2016 aterrizamos en Bologna, donde empezó nuestra nueva vida, nuestra vida de viaje.

Primera estación: Europa

Cuatro meses estuvimos viajando por Europa. Un mes viajando por Marruecos, 5 meses
comiendo sandwichitos en las plazas para que puedan ser cinco meses más, y a pesar de que nuestros ahorros se evaporaban, ya era demasiado tarde para pensar en volver. Esto recién empezaba.

Había escuchado esto de la “WORKING HOLIDAY” varias veces, y no sé porqué jamas había
prestado atención ni me había interesado. Pero el momento había llegado, y Nueva Zelanda era SI O SI nuestro próximo destino, así que nos pasamos un mes informándonos y asegurándonos de que todo saliera bien mientras esperábamos el gran día de la aplicación.

No había margen de error. Nueva Zelanda TENIA que ser nuestro próximo destino, y por
supuesto que así lo fue.

Los últimos meses en Nueva Zelanda fueron de mucho trabajo, y del duro. Trabajábamos de 8 de la noche a 7 de la mañana, y nos quedaban pocas energías para el resto de las horas del día, que obviamente las pasábamos durmiendo. A pesar de eso, nos hicimos un grupo de amigos que hacía menos duras las horas de trabajo y mucho más divertidos los días libres, y lo mejor de todo, vivíamos a una cuadra de este lugar. . No sé qué pasa con el cielo en Nueva Zelanda pero todos los colores siempre son más intentos ahí. Y en nuestro último día, el cielo nos regaló esta postal ❤ . . . . #unviajedeidaa #wonderful_places #tripblizzard #skytravaller #descubraseumundo #mybestday #instaviajeros #instravel #iamtb #travelblogger #traveladdict #travelgram #mytravelgram #picoftheday #mifotoxelmundo #fotodeldia #easywaytotravel #girlslovetravel #newzealand #viajandodesdecasa #iamdigitalnomad #argentinayelmundo #holaviaje #mapa_viajero #malabaresdeviaje #vacationmodeon #supertrampers #unviajedeidaa #unviajedeidaaennuevazelanda

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 El 12 de octubre de 2016 empezó nuestra aventura por tierras Kiwis, y yo no me imaginaba ni un poco cómo sería ese país. Por recomendación de un amigo decidimos instalarnos en la ciudad de Christchurch, en la isla sur del país, que al ser una ciudad en constante reconstrucción por haber sufrido un terrible terremoto, sobraba trabajo para viajeros como nosotros, es decir, dispuestos a todo.

Primera sensación del país: ESTO NO ES INGLÉS, TIENE QUE SER OTRO IDIOMA. Seis años
de mi vida me había pasado de academia en academia para no entender absolutamente nada. Pero es que Nueva Zelanda tiene su propio inglés, y no hay estudio que valga, hay que vivirlo para entenderlo (o para no entenderlo nunca).

Segunda sensación del país: NOS ROBARON LA PRIMAVERA. Y yo que pensaba que los
vestiditos del verano europeo me iban a servir porque justo llegábamos en octubre. Gracias que existen los SECOND HAND, porque nos tuvimos que comprar desde medias hasta camperas inflables. Si, en primavera.

Tercera sensación del país: LA BUROCRACIA ES UN PLACER, o mejor, la burocracia casi no
existe. Abrir una cuenta en el banco puede llevarte de 3 a 5 minutos. Comprar un auto de 15 a 30 minutos. Conseguir un trabajo de 1 a 5 días.

¿Suena utópico, no? Es que Nueva Zelanda es lo más parecido a la perfección que yo vi y viví en mi vida. Sus paisajes son increíbles, estés donde estés. Sus rutas son un placer (siempre que te acostumbres a conducir al revés).

Los kiwis son personas simples, siempre sonríen, y andan descalzos. Son confiados y tienen motivos para serlo. ¿Se imaginan un puesto de madera en plena ruta? Ahora imagínense que ese puesto tiene bolsas de frutas, un cartel con el precio, y una cajita para
que dejes el dinero y te vayas contento con tus kiwis, o lo que sea que elijas.

¿Pueden siquiera imaginar que no haya nadie controlando ese puestito? Apuesto a que no, pero así es. En Nueva Zelanda el cajero en el supermercado es uno mismo, y quien pone la nafta al auto, también. Podés estar en el medio de la nada, pero siempre habrá un baño público. Mucho más, con jabón y papel higiénico recién puesto.

¿Dónde vive la persona que se encarga de limpiarlo? No lo voy a entender nunca, pero gracias. Nueva Zelanda también es el paraíso de los motorhomes, y si no te alcanza para uno de esos, también es el paraíso de los autos largos, con cortinas y colchones dentro. Hay camping gratis a lo largo de todo el país, y hasta una aplicación que te los localiza a todos.

sueño

¿Quieren saber de qué trabajamos? Nuestro primer trabajo fue “TRAINING HOPS” y obvio que no teníamos ni idea de qué se trataba hasta que llegamos a ese pueblo formado por 1000 ovejas, 500 vacas y un pequeño supermercado. Ah, y también el campo donde nosotros íbamos a trabajar. No bar. No wifi. Acá vamos a ahorrar, pensamos para consolarnos.

Nuestro alojamiento “gratis” era una casilla rodante que debía haber estado inutilizada desde hacia por lo menos 10 años. El trabajo consistía en enrollar las ramitas de las plantas de lúpulo en unos hilos que iban dede el suelo hasta unos 3 metros para arriba. Y un detalle más: llovió 17 de los 20 días que estuvimos ahí.

Me imagino que no hace falta contar cómo nos quedo la espalda después de 20 días
agachándonos para enrollar ramitas, ¿no? Y como si todo esto fuera poco, una noche nos despertamos moviéndonos como barco pirata en nuestra casilla. Si, también vivimos el primer terremoto de nuestras vidas.

Nuestro segundo trabajo fue “THINNING APPLE” y por supuesto que solo sabíamos que había que hacer algo con manzanas. Cuando a las manzanas le faltan algo así como tres meses para estar listas, hay que hacer una selección de ellas, quitar las que peor estén, y darles lugar para que las que quedan crezcan fuertes y sanas. Ese era nuestro trabajo, y a pesar de trabajar en el rayo del sol y tener que transportar unas escaleras mas grandes que nosotros, fue de lo mejorcito que hicimos.

Después de eso lavamos platos en bares, limpiamos en geriátricos, cortamos papas y pepinos en alguna que otra cocina, pegamos etiquetas en cajas, juntamos copas en un casino, y nos encargamos de hacer las ensaladas y los postres para las aerolíneas (y también nos comimos las sobras).

Y no podía faltar. También estuvimos presentes en la famosa “KIWI SEASON”, el peor trabajo de mi vida. Un ruido de máquinas que no paraba en las 11 horas de trabajo, y mientras tanto uno poniendo kiwis que caían SIN PARAR dentro de cajas. 11 HORAS DIJE.
Por suerte compartíamos las horas de trabajos con muchos mas latinos como nosotros, y por suerte cuando no trabajábamos nos la pasábamos de asados en la playa. Pero por mucha más suerte, ese trabajo fue el último. Y gracias a todo eso estuvimos 9 meses disfrutando de Asia.

La segunda navidad lejos de casa y rodeados de nuevos paisajes, cultura y personas. Sin vitel tone, pionono y papitas con mayonesa. Sin postre de mama. Sin fernet con los hermanos. Otra navidad sin regalos, sin arbolito, sin esperar ansiosos hasta las 12 para ver las caras de nuestros sobrinos abriendo sus paquetes. Otra navidad probando nueva comida pero extrañando brindar con todos nuestros seres queridos. Otra navidad sin nuestros amigos. . . Hoy es de esos días en que extrañamos a la familia y a los amigos más que nunca. El calor de la casa, los abrazos y las risas. . Pero también es nuestra segunda navidad juntos y demostrándonos todos los días que los sueños están para cumplirse, y que cuando se quiere, se encuentra la forma para que se pueda, SIEMPRE. . . Les deseamos una Feliz Navidad a todos desde nuestra casa en Tailandia! . Festejen, cómanse todo, abrácense, compartan todo lo que puedan, rían mucho y sobre todo, amen muchísimo, que tener a la familia y a los amigos cerca es de esas cosas qué hay que agradecer y disfrutar todos los días ❤ . . . . . . . #unviajedeidaa #tailandia #beautifulseasia #thailand #viajes #mochileros #turismo #viajarporelmundo #viajecito #viajerosoy #instatravel #trip #igtravel #instapassport #travelblogger #welltraveled #instatraveling #iamdigitalnomad #iamtb #argentinayelmundo #makemoments #buscablogs #picoftheday #capture #openmyworld #exploremore #natgeo #wonderful_places #unviajedeidaaentailandia #unviajedeidaaenchiangmai

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 Creo que Nueva Zelanda no sólo nos dio los paisajes más lindos. No sólo nos permitió conocer personas dispuestas a todo por viajar, como nosotros. No sólo nos dio amigos y nos permitió conocer un estilo de vida que jamas hubiésemos creído posible.

Nueva Zelanda también nos puso a prueba, nos vio haciendo algo que nunca antes imaginamos, pasando noches enteras trabajando y pensando en cuantos días de viaje nos iban a permitir esas horas de trabajo. Nos vio contando las horas de diferencia -que son tantas- para poder comunicarnos con nuestras familias, y también nos vio cansados, muy cansados, pero nunca arrepentidos de todo lo que estábamos viviendo.

Nueva Zelanda es especial, y creo que lo es porque fue ahí donde confirmamos que
definitivamente vivir viajando nos hace feliz, CUESTE LO QUE CUESTE.

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Gran noticia en favor de la preservación del medio ambiente: tras la reciente sanción de una ley, la Ciudad de Buenos Aires deberá sumar 100.000 árboles cada año. La iniciativa apunta a alcanzar un 35% de cobertura arbórea del espacio aéreo de la Ciudad dentro del plazo de siete años, contados desde la entrada en vigencia de la ley.

Se trata de una norma que fue aprobada por 50 votos positivos y cuatro abstenciones durante la sesión ordinaria de la Legislatura, que se llevó a cabo hace unos días mediante una modalidad de participación mixta de diputados, es decir de manera virtual y presencial, por la pandemia del coronavirus.

La normativa contempla un programa de reforestación centrado en las Comunas 3, 9, 10 y 14, elegidas debido a que registran los más bajos niveles de ejemplares de árboles, cuya presencia representa, en mayor medida, un aporte contra los factores del desarrollo urbano que impactan en el ambiente.

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Cabe destacar que, de acuerdo al censo de arbolado público del 2018, se relevaron 431.326 árboles, de los cuales 370.916 se encontraban en veredas mientras que 60.140 emplazados en parques, plazas y jardines. Esta nueva propuesta aspira a lograr un 35% de cobertura arbórea del espacio aéreo de la Ciudad dentro del plazo de siete años, contados a partir de la entrada en vigencia de la ley.

Tal como consta en la norma, “la definición de los lugares de plantación se realizará en función de aspectos ambientales, paisajísticos y utilitarios, priorizando las planteras de alineación vacías o subocupadas y los espacios de dominio público de las Comunas que registren menor cantidad de ejemplares, conforme los datos del último censo realizado“.

De esta manera, según se ha indicado, el plan de reforestación prevé la plantación de un mínimo de 100.000 ejemplares nuevos por año de especies autóctonas. En cuanto a los ejemplares escogidos para reconvertir gran cantidad de espacios verdes en la ciudad, los mismos deberán ser definidos por las autoridades que estarán a cargo del programa.

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