Arrojan toneladas de aluminio desde barcos y aviones para rescatar un lago contaminado

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Durante años, el lago Ketchum, en el estado de Washington, sufrió un grave deterioro ambiental debido a niveles de fósforo extremadamente altos, que provocaban frecuentes floraciones de algas y reducían notablemente la calidad y transparencia del agua. Para enfrentar el problema, científicos y autoridades implementaron una estrategia poco convencional: aplicar grandes cantidades de compuestos de aluminio directamente sobre el lago para bloquear el nutriente responsable de la contaminación.

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Los estudios revelaron que la mayor parte del fósforo no provenía de fuentes externas, sino que estaba acumulado en los propios sedimentos del fondo desde hacía décadas. Cada año, ese fósforo regresaba al agua y alimentaba nuevas proliferaciones de algas, creando un ciclo difícil de romper.

Ante este escenario, los especialistas descartaron una costosa operación de dragado y optaron por una solución química. El tratamiento consistió en la aplicación de sulfato de aluminio y aluminato de sodio, sustancias capaces de inmovilizar el fósforo tanto en la columna de agua como en el lecho del lago, evitando que vuelva a estar disponible para las algas.

La intervención comenzó en 2014 con la distribución de miles de galones de estos compuestos. Sin embargo, la primera operación debió suspenderse antes de completarse debido a complicaciones que provocaron la muerte de algunos peces, lo que obligó a reforzar los controles y ajustar el procedimiento.

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A pesar de ese contratiempo, las autoridades consideran que la técnica sigue siendo una de las herramientas más eficaces para restaurar lagos afectados por exceso de nutrientes. El proyecto demandó una inversión inicial cercana a los 250.000 dólares y continúa con aplicaciones periódicas para mantener los resultados.

Los especialistas sostienen que esta estrategia permite mejorar significativamente la calidad del agua sin remover físicamente los sedimentos, una alternativa mucho más compleja y costosa. El caso de Ketchum se ha convertido en un ejemplo de cómo la ingeniería ambiental puede ayudar a recuperar ecosistemas acuáticos degradados por décadas de contaminación.

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