Una ciudad histórica del suroeste de Inglaterra fue elegida como la más feliz del mundo según el último ranking elaborado por la revista Time Out, que encuestó a más de 24.000 personas para conocer cómo perciben la calidad de vida en sus lugares de residencia.
La elegida fue Bath, una ciudad del condado de Somerset ubicada a aproximadamente una hora y media de Londres, famosa por sus termas romanas, su arquitectura georgiana y la gran cantidad de espacios verdes.

El estudio evaluó aspectos como la gastronomía, la vida cultural, la naturaleza, el sentido de comunidad, el bienestar y la satisfacción de los habitantes con su ciudad.
Los resultados fueron contundentes: el 93 % de los residentes aseguró que Bath los hace felices, el 92 % afirmó sentirse más feliz allí que en cualquier otro lugar donde haya vivido y el 90 % considera que sus vecinos tienen una actitud positiva.
Uno de los grandes atractivos del destino son las históricas Termas Romanas, construidas alrededor del único manantial natural de agua caliente de Inglaterra, que desde hace siglos convierten a Bath en uno de los centros termales más famosos de Europa.

Además de su legado histórico, la ciudad destaca por su elegante arquitectura de piedra color miel, reconocida por la UNESCO, con lugares emblemáticos como Royal Crescent, el conjunto circular conocido como The Circus y la imponente Abadía de Bath.
El contacto con la naturaleza también fue determinante para alcanzar el primer puesto del ranking. Los habitantes valoran especialmente la combinación entre parques urbanos y el fácil acceso a la campiña inglesa. Entre los espacios más visitados sobresale el Royal Victoria Park, que cuenta con jardines, canchas deportivas y amplias áreas recreativas.

Bath también fue reconocida por su fuerte sentido de comunidad y su intensa agenda cultural, con festivales literarios, eventos artísticos y una amplia oferta gastronómica que va desde tradicionales casas de té hasta pubs y restaurantes típicos.
La combinación de patrimonio histórico, naturaleza, tranquilidad y una alta calidad de vida convirtió a Bath en la ciudad donde, según sus propios habitantes, es más fácil sentirse feliz.







