Tras varios años de menor pérdida de hielo, las temporadas de 2025 y 2026 registraron mínimos históricos que obligaron a los investigadores a revisar sus proyecciones sobre el impacto del cambio climático.
Los científicos volvieron a encender las alarmas sobre el estado del Ártico luego de comprobar que los inviernos de 2025 y 2026 registraron niveles de hielo marino excepcionalmente bajos, poniendo fin a la aparente estabilización observada durante los primeros años de esta década.
Según un reciente análisis, la extensión del hielo marino sufrió entre 2024 y 2025 una caída cercana al 6%, la mayor disminución interanual registrada desde que existen mediciones satelitales. Los datos de 2026, además, se ubicaron muy cerca de otro mínimo histórico.

Durante los primeros años de la década de 2020, los especialistas habían observado que el ritmo de pérdida del hielo parecía desacelerarse respecto de décadas anteriores, lo que abrió el debate sobre una posible estabilización temporal. Sin embargo, las últimas mediciones modificaron ese panorama y muestran que la tendencia descendente continúa.
El hielo marino del Ártico es uno de los principales indicadores del cambio climático. Desde finales de la década de 1970, las observaciones satelitales muestran una reducción constante de su superficie durante todos los meses del año, especialmente al finalizar el verano, cuando la cobertura alcanza su punto mínimo.
Para comprender si una caída tan pronunciada como la de 2025 podía producirse bajo las condiciones climáticas actuales, los investigadores realizaron simulaciones con modelos del Ártico considerando un calentamiento de aproximadamente 3 °C desde 1980.
Los resultados indicaron que una disminución de esa magnitud ocurriría, en promedio, una vez cada cien años simulados. Aunque se trata de un fenómeno poco frecuente, los especialistas remarcan que es compatible con un Ártico cada vez más cálido y propenso a cambios abruptos entre un año y otro.

Los investigadores advierten que, si el calentamiento global continúa, el hielo marino invernal seguirá registrando fuertes fluctuaciones y probablemente mantendrá una tendencia de retroceso. Además de las temperaturas, factores como las condiciones atmosféricas en primavera, la nubosidad, el espesor del hielo, la nieve, los vientos y el calor del océano también influyen en la cantidad de hielo que logra sobrevivir cada temporada.
El estudio concluye que la pérdida de hielo en el Ártico no se ha detenido y que los eventos registrados en los últimos dos inviernos representan una nueva señal del impacto que el cambio climático sigue teniendo sobre una de las regiones más sensibles del planeta.







