No son caballos comunes. A primera vista, su pelaje ensortijado llama la atención y hace que parezcan animales salidos de una historia fantástica. Algunos tienen rulos marcados en todo el cuerpo, otros lucen una especie de lana suave y esponjosa, y su particular aspecto sorprende a quienes los conocen por primera vez.
Se trata de los Bashkir Curly, una singular raza de caballos que puede encontrarse en Maquinchao, en plena Línea Sur de Río Negro.
Pero conocerlos es apenas una parte de una experiencia que propone adentrarse en una Patagonia diferente, lejos de los destinos más conocidos. El recorrido atraviesa la estepa, permite descubrir una laguna que durante el invierno se congela, observar fauna silvestre y conocer emprendimientos locales que buscan mantener vivas las historias y tradiciones de la región.
El secreto está en sus rulos
La gran sorpresa del viaje espera en la Yeguada Rodríguez, donde viven estos particulares caballos de pelaje rizado.
Desde lejos, su pelo puede parecer áspero o similar a la lana, pero quienes se acercan descubren una textura completamente diferente. Según cuentan desde la experiencia turística, el tacto se encuentra en un punto intermedio entre la lana de una oveja y la crin tradicional de un caballo.

La particularidad del pelaje también cambia según la época del año.
Los rulos pueden apreciarse especialmente entre mayo y octubre. Después, el pelo comienza a modificarse y aparecen zonas más claras en su característico manto.
Otra de las curiosidades es su olor. A diferencia de lo que podría esperarse, los animales no presentan el típico aroma asociado a los caballos, sino uno más parecido al de la lanolina, una sustancia grasa que protege la lana.
Los ejemplares que viven en esta yeguada son considerados únicos en Sudamérica y pertenecen a una raza poco común. Sus antepasados habrían vivido en estado salvaje en la meseta de Somuncurá.
Con el tiempo, la familia Rodríguez, encabezada por el veterinario Gerardo Rodríguez, comenzó a reunir y reproducir ejemplares hasta formar la yeguada que actualmente recibe visitantes.
Un encuentro sin barreras
La experiencia está pensada para que el contacto con los animales sea cercano y sin demasiadas formalidades.
Los caballos se encuentran sueltos y los visitantes pueden acercarse, observarlos y fotografiarlos mientras conocen más sobre su historia y sus características.
La propuesta se desarrolla en un ambiente familiar, donde también forman parte de la experiencia la gastronomía, las conversaciones y el tiempo para simplemente disfrutar del paisaje.
No hay una visita acelerada ni un recorrido rígido.
Quienes quieren seguir observando a los caballos pueden hacerlo. Quienes prefieren tomar fotografías, caminar o quedarse disfrutando de una infusión también tienen su momento.
Y después del encuentro con los animales, el viaje continúa.
Una laguna congelada en medio de la estepa
Luego del almuerzo, la excursión se interna unos 35 kilómetros en la meseta hasta llegar a la laguna Ñe Luan.
El paisaje cambia por completo.
En invierno, las bajas temperaturas pueden congelar el agua y transformar el lugar en una postal inesperada, con bloques de hielo, un muelle y un mirador rodeados por la inmensidad de la estepa rionegrina.

Durante el trayecto también es posible cruzarse con algunos de los animales que habitan la región.
Choiques, guanacos y zorros pueden aparecer a lo largo del camino, aunque los encuentros, como suele ocurrir con la fauna silvestre, dependen del momento y la suerte.
El recorrido invita a avanzar sin apuro, mirar por la ventanilla, tomar mate y dejar que el paisaje haga el resto.
El gran protagonista: el silencio
Más allá de los caballos de rulos y de la laguna congelada, hay otro elemento que sorprende a quienes recorren esta parte de Río Negro: el silencio.
En medio de la estepa, lejos de las grandes ciudades y del movimiento constante, el paisaje parece detenerse.
No hay bocinas, multitudes ni ruido.
Solo el viento, los animales y, muchas veces, nada más.
Esa tranquilidad es parte de lo que busca ofrecer la propuesta: una oportunidad para conocer una Patagonia menos transitada y descubrir que la estepa no es un territorio vacío, sino un lugar lleno de historias, emprendimientos y personas que eligieron vivir y trabajar allí.
Un viaje que también busca impulsar a la comunidad
La iniciativa, impulsada por Destino Sur, propone que el turismo también genere un impacto positivo en las localidades que forman parte del recorrido.
Por eso, algunas experiencias incluyen alojamiento, gastronomía local y visitas a espacios donde trabajan artesanas y productores de la zona.
La idea es que quienes visitan la región no solo pasen por el lugar para tomar una fotografía y seguir viaje, sino que puedan conocer a las personas que viven allí y que el dinero generado por el turismo circule dentro de la comunidad.
La propuesta también busca poner en valor otros puntos de la Línea Sur y acercar a los visitantes a actividades relacionadas con la lana, la esquila, las artesanías y las formas tradicionales de producción.
Una Patagonia para descubrir de otra manera
La próxima excursión a la Yeguada Rodríguez está prevista para el 12 de septiembre y propone una jornada completa por Maquinchao y sus alrededores.
El recorrido incluye el traslado, la visita a los caballos Bashkir Curly, una charla guiada, el contacto con los animales, una recepción con tortas fritas e infusiones, almuerzo y el recorrido por la meseta hasta la laguna Ñe Luan.

Más allá de los detalles de la excursión, la experiencia propone una forma diferente de acercarse a la Patagonia.
Una Patagonia de caminos largos y horizontes interminables. De caballos con rulos que parecen sonreír frente a las cámaras. De lagunas congeladas, mates, artesanas y animales silvestres.
Y, sobre todo, de silencios tan profundos que, por momentos, hasta parece que hablar sería una forma de romperlos.








