Un simple dulce relleno se convirtió en una de las atracciones más inesperadas de las Dolomitas italianas. Cada mañana, cientos de excursionistas llegan hasta un refugio de montaña ubicado a 2.300 metros de altura con un único objetivo: conseguir uno de los famosos krapfen que se volvieron virales en las redes sociales.
El fenómeno ocurre en el refugio Friedrich August, situado en Val di Fassa, donde desde hace décadas preparan estas tradicionales rosquillas rellenas. Sin embargo, lo que durante años fue simplemente una especialidad del lugar terminó transformándose en un furor turístico después de que las imágenes de los dulces comenzaran a circular en internet.

Ahora, las filas pueden reunir a hasta 300 personas.
Los krapfen se ponen a la venta desde temprano, alrededor de las 7:30. Son bollos fritos y rellenos, similares a una dona, que en este caso llevan crema de vainilla y se sirven espolvoreados con azúcar.
Pero hay un problema para quienes llegan tarde: suelen agotarse antes de las 10 de la mañana.
Un dulce con 40 años de historia que explotó en redes
Los responsables del refugio explicaron que los krapfen forman parte de su propuesta desde hace unos 40 años. La receta no es nueva y tampoco cambió demasiado con el tiempo.
Lo que sí cambió fue la cantidad de personas que querían probarlos.
Según contaron, todo comenzó a crecer después de que alguien publicara una fotografía de los dulces en redes sociales hace unos años. La combinación parecía perfecta para convertirse en contenido viral: un bollo recién hecho, una taza de café y, de fondo, algunas de las montañas más impresionantes de los Alpes italianos.
Desde entonces, el refugio pasó de ser una parada habitual para excursionistas a convertirse en un destino en sí mismo.
Para muchos visitantes, la experiencia no consiste solamente en comer el dulce. También forma parte del atractivo hacerlo recién preparado, todavía caliente, mientras se disfruta de las vistas del Sassolungo y el Sasso Piatto.
El precio de cada pieza ronda entre los 3 y 4 euros.
Cientos de personas en la montaña por una rosquilla
En los últimos días comenzaron a circular videos que muestran largas filas de excursionistas esperando frente al refugio. Algunas de esas colas reúnen a cientos de personas que llegan hasta el lugar con la intención de conseguir uno de los krapfen antes de que se terminen.
La escena abrió un debate sobre un fenómeno cada vez más frecuente: el impacto que pueden tener las redes sociales sobre determinados destinos turísticos.
Una publicación, una foto o un video viral pueden transformar rápidamente un sitio tranquilo en una parada obligada.
Y eso es justamente lo que, según algunos vecinos y referentes locales, está ocurriendo en distintos sectores de las Dolomitas.
La preocupación por el turismo viral

El crecimiento repentino de visitantes no fue recibido con entusiasmo por todos.
Algunos habitantes y especialistas de la zona comenzaron a cuestionar el impacto que genera este tipo de turismo, impulsado por la búsqueda de experiencias que puedan fotografiarse y compartirse en redes sociales.
Giorgio Daidola, instructor de esquí y exprofesor, criticó la transformación de ciertos espacios naturales en productos de consumo rápido y comparó la situación con una especie de feria instalada en plena montaña.
Su preocupación apunta a que los visitantes ya no lleguen únicamente para recorrer los senderos, disfrutar del paisaje o conectarse con el entorno, sino para cumplir con una experiencia específica que vieron previamente en internet.
La foto del krapfen se convierte así en parte del viaje.
Un fenómeno que se repite en otros lugares de las Dolomitas
El caso del refugio Friedrich August no sería aislado. En los últimos años, varios puntos de las Dolomitas comenzaron a experimentar episodios de saturación turística luego de convertirse en escenarios populares para fotografías y videos.
Referentes del Club Alpino Italiano advirtieron que algunos lugares considerados “icónicos” concentran cada vez más visitantes en momentos específicos, generando situaciones que hasta hace algunos años eran poco frecuentes.
La preocupación está relacionada con la presión sobre el entorno natural, pero también con la experiencia de quienes visitan estos espacios buscando tranquilidad.
En algunos sectores, disfrutar del paisaje se vuelve más difícil cuando decenas o incluso cientos de personas se concentran en un mismo punto para sacar una fotografía.
Así, un fenómeno que comenzó con una simple publicación terminó convirtiendo a un refugio de montaña en uno de los lugares más buscados de la región.
Cada mañana, mientras las primeras bandejas de krapfen salen de la cocina, cientos de personas comienzan a acercarse. Algunos llegan por el paisaje, otros por la excursión y muchos, directamente, por un dulce.
El resultado es una postal cada vez más común en la era de las redes sociales: una fila de cientos de turistas a 2.300 metros de altura esperando una rosquilla que, probablemente, ya se haya agotado antes de las 10 de la mañana.








