Debajo de las montañas de Burgos existe un mundo que durante miles de años permaneció oculto. Es Ojo Guareña, uno de los complejos kársticos más grandes de Europa y un extraordinario laberinto natural formado por más de 110 kilómetros de galerías y cavidades subterráneas.
El paisaje pertenece a la comarca de Las Merindades y combina naturaleza, geología, arqueología e historia en un mismo territorio. Bajo la superficie, el agua fue excavando lentamente la roca durante millones de años hasta crear un entramado de cuevas, ríos, salas y pasadizos que todavía hoy continúa siendo estudiado.
Pero Ojo Guareña es mucho más que un fenómeno geológico. Sus cavernas también conservan rastros de quienes las recorrieron durante miles de años, desde grupos humanos del Paleolítico hasta poblaciones medievales.
Un enorme mundo escondido bajo la montaña
El complejo se formó sobre un conjunto de rocas calizas y dolomíticas del Cretácico Superior. La acción del agua sobre estas rocas solubles fue creando grietas y conductos que, con el paso de millones de años, terminaron formando una extensa red subterránea.
Los ríos Guareña y Trema, junto con el arroyo de Villamartín, siguen participando en este proceso de modelado del paisaje.
El resultado es un sistema en el que el agua se infiltra desde la superficie, circula por el interior de la montaña y finalmente vuelve a emerger. Así se desarrolló un verdadero sistema de drenaje subterráneo que explica buena parte de la singularidad del lugar.
En la superficie, el paisaje también permite comprender el fenómeno: depresiones, dolinas, macizos rocosos y diferentes formas del relieve revelan la conexión entre lo que ocurre a cielo abierto y lo que se encuentra bajo tierra.

Un espacio protegido de enorme valor
La importancia de Ojo Guareña hizo que el complejo recibiera diferentes figuras de protección. Es Bien de Interés Cultural desde 1991, Monumento Natural de Ojo Guareña dentro de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla y León y forma parte de la Red Natura 2000 como Lugar de Interés Comunitario.
La protección alcanza también a un territorio en el que sobreviven pequeños pueblos y núcleos rurales distribuidos entre los municipios de la Merindad de Sotoscueva, la Merindad de Montija y Espinosa de los Monteros.
Así, el valor del lugar no está únicamente bajo tierra. El complejo reúne también un paisaje rural y montañoso que permite observar cómo las comunidades humanas se adaptaron durante siglos a este entorno.
Cueva Palomera: el corazón de las visitas
Entre las diferentes cavidades que forman Ojo Guareña se encuentra la Cueva Palomera, una de las principales opciones para conocer el interior del complejo.
El recorrido turístico permite avanzar entre formaciones creadas por el agua y contemplar estalactitas, estalagmitas y diferentes estructuras geológicas. Dependiendo del itinerario, el recorrido puede alcanzar aproximadamente 2,5 kilómetros, aunque también existe una alternativa más corta de alrededor de 1,5 kilómetros.
A lo largo del trayecto aparecen distintos espacios con características particulares, como la Dolina de Palomera, la Rampa de Palomera, la Sala Edelweiss, la Sima Dolencia, la Sala del Cacique y el llamado Museo de Cera.
Cada uno permite observar diferentes aspectos del complejo: desde las formaciones minerales hasta la fauna acuática, los vestigios arqueológicos y las huellas que dejaron antiguos visitantes.
Una ermita escondida dentro de una cueva
Otro de los grandes atractivos del complejo es la Cueva-Ermita de San Bernabé.
El recorrido por esta cavidad se extiende durante unos 400 metros y combina el paisaje subterráneo con un elemento que parece salido de otra época: una ermita excavada en la propia entrada de la cueva.
El templo está dedicado a San Tirso y San Bernabé y conserva pinturas murales realizadas en los siglos XVIII y XIX que representan episodios relacionados con los martirios y milagros de los santos.
En el interior también se encuentran la Pila del Santo y la galería de los Silos. Una de las salas del complejo, conocida como Sala del Ayuntamiento, tiene además una función histórica y continúa utilizándose para determinados actos.
La visita permite comprender cómo las características naturales de la cueva fueron aprovechadas por las comunidades que habitaron la zona.
Un museo arqueológico bajo tierra
La historia humana de Ojo Guareña es tan impresionante como su geología.
Las investigaciones arqueológicas encontraron evidencias de presencia humana que abarcan desde el Paleolítico Medio hasta la Edad Media. En la cueva de Prado Vargas, por ejemplo, se hallaron herramientas de piedra asociadas al Musteriense, con una antigüedad aproximada de 70.000 años.
En otras zonas del complejo aparecen evidencias todavía más sorprendentes.
En la Cueva Palomera se conservan pinturas rupestres de unos 10.000 años de antigüedad, correspondientes al final del Paleolítico. También existen huellas humanas en la denominada Sala de las Huellas, donde antiguas pisadas de personas descalzas quedaron preservadas en el suelo.
La datación de fragmentos de antorchas encontrados en este sector permitió determinar que algunas de estas incursiones ocurrieron hace aproximadamente 15.600 años y que otras corresponden a períodos mucho más recientes.
Es decir, las cuevas no fueron utilizadas una única vez: distintos grupos humanos regresaron a ellas durante miles de años.
Dibujos de animales y figuras humanas
El arte rupestre es otro de los grandes tesoros de Ojo Guareña.
En la Cueva de Kaite se encuentran representaciones de cérvidos, mientras que en la Sala de la Fuente aparecen figuras antropomorfas, animales y formas geométricas.
Las representaciones corresponden a diferentes momentos de la Prehistoria, con manifestaciones que se extienden desde el Neolítico final hasta los primeros momentos de la Edad del Bronce.
Las paredes de las cavernas funcionan así como una especie de archivo natural de la presencia humana en la región. Cada pintura, huella o herramienta aporta información sobre cómo las personas se desplazaban, utilizaban y comprendían este particular paisaje subterráneo.
Un laberinto que todavía guarda secretos
A pesar de sus más de 110 kilómetros de galerías conocidas, Ojo Guareña continúa siendo un territorio de enorme interés científico.

La combinación de ríos subterráneos, formaciones geológicas, fauna adaptada a la oscuridad y restos arqueológicos convierte al complejo en un espacio excepcional para estudiar tanto la evolución del paisaje como la relación entre el ser humano y las cavernas.
Lo extraordinario es que la experiencia comienza mucho antes de entrar bajo tierra. El paisaje de Burgos ya anticipa la estructura del complejo y permite entender que las montañas que se ven desde la superficie son apenas la parte visible de un sistema muchísimo mayor.
Debajo de ellas existe un auténtico laberinto de roca y agua.
Más de 110 kilómetros de cuevas, ríos subterráneos, pinturas de miles de años y una ermita construida dentro de la montaña hacen de Ojo Guareña uno de los lugares más singulares de España. Un territorio donde naturaleza y cultura quedaron unidas bajo tierra durante miles de años y que todavía conserva buena parte de sus secretos.








