Un jubilado de 75 años plantó más de 42.000 árboles y transformó un terreno abandonado de São Paulo en un bosque urbano

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Hélio da Silva comenzó su proyecto en 2003, cuando el lugar era utilizado como basural y estacionamiento improvisado. Más de dos décadas después, el área se convirtió en un corredor verde de tres kilómetros y 192.000 metros cuadrados

En una de las zonas más urbanizadas de São Paulo, donde predominan el asfalto y las grandes avenidas, un hombre decidió emprender por su cuenta una tarea que parecía imposible: recuperar la vegetación que alguna vez ocupó ese territorio. Hélio da Silva, un jubilado brasileño de 75 años, lleva más de dos décadas plantando árboles en Tiquatira y ya superó los 42.500 ejemplares.

Su trabajo permitió transformar un terreno degradado de la zona este de la ciudad en una extensa franja verde de aproximadamente tres kilómetros de longitud y 192.000 metros cuadrados. El área, ubicada entre la Marginal Tietê y la avenida São Miguel y atravesada por el arroyo Tiquatira, es conocida actualmente como Parque Lineal de Tiquatira.

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Aunque el Ayuntamiento de São Paulo reconoció oficialmente el espacio como parque en 2008, la cantidad y densidad de vegetación que se desarrolló con los años hicieron que vecinos y el propio Silva comenzaran a referirse a él como un verdadero bosque urbano.

Un proyecto que comenzó con apenas 200 árboles

La historia empezó en noviembre de 2003. Por entonces, Silva acostumbraba caminar por Tiquatira y observaba cómo el terreno se deterioraba progresivamente. Había poca vegetación, basura y problemas de seguridad, y el lugar también era utilizado como estacionamiento improvisado.

Una mañana decidió que quería recuperar el paisaje natural de la zona. Su objetivo era devolverle a ese sector de São Paulo parte del Bosque Atlántico, uno de los principales biomas de Brasil.

El comienzo, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Silva compró 200 plántulas, pero todas fueron destruidas en pocos meses. Lejos de abandonar la iniciativa, volvió a intentarlo con otras 400.

Cada árbol que desaparecía se convertía, para él, en un motivo para continuar.

El apoyo que permitió que el bosque creciera

El proyecto comenzó a ganar impulso cuando Silva conoció a Eduardo Jorge, quien fue secretario de Medio Ambiente de São Paulo entre 2005 y 2012.

Jorge visitó Tiquatira y decidió que los técnicos municipales debían colaborar con el proyecto en lugar de poner obstáculos. Ese respaldo permitió acelerar las tareas de plantación y consolidar la recuperación del terreno.

Cuando el espacio recibió el reconocimiento oficial como parque, en 2008, Silva ya había plantado alrededor de 5.000 árboles. Desde entonces, la cifra no dejó de crecer hasta superar los 42.000 ejemplares.

La mayoría de las especies plantadas son nativas del Bosque Atlántico y también se incorporaron árboles frutales. El objetivo es recuperar, dentro de una enorme ciudad, parte de la biodiversidad que existía antes de la expansión urbana.

Un refugio verde frente al calor de la ciudad

La transformación no solo modificó el paisaje. La aparición de una masa vegetal tan extensa también cambió la experiencia de quienes viven en los alrededores.

Los vecinos utilizan actualmente el parque para caminar, hacer ejercicio y pasar tiempo al aire libre. Además, la vegetación ayuda a reducir la sensación térmica en una zona especialmente afectada por el asfalto y la impermeabilización del suelo.

Investigadores de la Universidad de São Paulo han señalado que los sectores urbanos con mayor presencia de vegetación pueden registrar temperaturas más moderadas, generando un mayor confort térmico.

Para quienes viven cerca, la diferencia es perceptible. El ambiente cambia al ingresar al parque: hay sombra, más humedad y una sensación de frescura que contrasta con las calles asfaltadas que lo rodean.

La transformación también tuvo efectos sobre la actividad del barrio y la percepción de seguridad, según los propios vecinos.

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El próximo objetivo: llegar a los 50.000 árboles

A sus 75 años, Silva todavía no considera terminado su proyecto. Continúa visitando Tiquatira prácticamente todos los días y asegura que sigue financiando de su propio bolsillo parte de las plántulas y los fertilizantes.

Su próxima meta es alcanzar los 50.000 árboles plantados.

Pero su proyecto va más allá de la reforestación. También pretende instalar pequeñas bibliotecas públicas en el parque y continuar visitando escuelas para transmitir a los más jóvenes la importancia de cuidar y recuperar los espacios naturales.

Después de más de 20 años de trabajo, aquel terreno que alguna vez estuvo cubierto de basura y apenas contaba con algunos árboles aislados se convirtió en uno de los grandes ejemplos de cómo una iniciativa individual puede modificar un paisaje urbano.

Y Silva tiene una manera muy particular de imaginar su legado: asegura que hizo un pacto con Dios y que no piensa morir, sino “convertirse en árbol”.

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