Un estudio revela el impacto de la actividad humana en el glaciar Khumbu: en temporada alta, el campamento base genera más de 6.000 litros diarios de fluidos y una parte termina directamente sobre el hielo
El Everest se ha convertido en mucho más que uno de los grandes desafíos del montañismo. El crecimiento de las expediciones comerciales y del turismo de montaña ha transformado el campamento base situado en el lado nepalí en un pequeño asentamiento temporal, con cientos de tiendas, cafeterías, conexión wifi y duchas de agua caliente.
Pero toda esa actividad tiene consecuencias en uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta.
Un estudio publicado en julio en Springer Nature analizó el impacto de la presencia humana sobre el glaciar Khumbu, situado junto al campamento base, y estimó que las descargas de orina de montañeros y trabajadores han contribuido al derretimiento de aproximadamente 154 toneladas de hielo.
La cifra forma parte de un análisis más amplio que estudia distintos factores asociados a la actividad humana en la zona. Los investigadores señalan principalmente el calentamiento global, el uso local de combustibles fósiles y el calor aportado por la orina que se vierte directamente sobre el glaciar.
Más de 6.000 litros al día
Durante la temporada de escalada, el campamento base puede concentrar a miles de personas entre alpinistas, guías, trabajadores y equipos de apoyo.
De acuerdo con el estudio, toda esa población genera más de 6.000 litros diarios de fluidos corporales. La cantidad está relacionada también con el enorme consumo de agua que requiere permanecer a semejante altitud.
El problema aparece cuando parte de esos residuos termina directamente sobre el hielo.
La orina llega al glaciar a una temperatura superior a la del entorno y, al entrar en contacto con la superficie helada, transfiere calor y favorece un deshielo localizado.

Sin embargo, los investigadores remarcan que este fenómeno no puede compararse con el impacto del cambio climático. La orina constituye una fuente de calor localizada y asociada directamente a la presencia humana, mientras que el calentamiento global es, con diferencia, un factor mucho más importante en el retroceso del glaciar.
El interés del estudio está precisamente en mostrar cómo pequeñas fuentes de impacto pueden adquirir relevancia cuando se concentran en un espacio reducido y extremadamente sensible.
Un campamento base cada vez más parecido a una pequeña ciudad
La dimensión del problema se entiende mejor al observar cuánto ha crecido la infraestructura alrededor del Everest.
El campamento base nepalí se encuentra a unos 5.364 metros sobre el nivel del mar y durante los últimos años ha incorporado servicios que hace décadas parecían impensables a esa altura.
Hay cafeterías, conexión wifi, duchas calientes y diferentes servicios destinados a los montañeros y sus equipos.
En 2023 llegaron a contabilizarse aproximadamente 1.600 tiendas de campaña. Ese mismo año, el campamento utilizó 824 cilindros de gas licuado de petróleo, cerca de 19.000 litros de queroseno y más de 5.000 litros de gasolina.
Todo ello genera calor y emisiones adicionales en un entorno donde las condiciones ambientales son especialmente delicadas.
El Everest ya no es solo para quienes buscan alcanzar la cima
El impacto tampoco procede exclusivamente de las grandes expediciones.
Cada temporada, miles de personas recorren las rutas que conducen hasta el campamento base sin tener necesariamente como objetivo alcanzar la cumbre. El trekking hasta esa zona se ha convertido en una experiencia turística por derecho propio, mientras que las expediciones comerciales continúan aumentando la presencia humana en la montaña.
El resultado es una auténtica industria turística instalada a miles de metros de altura.
Y los investigadores creen que el impacto real podría ser incluso mayor, ya que su análisis no contempla todas las fuentes de calor relacionadas con la actividad humana en la zona. Entre ellas se encuentran los helicópteros, los excursionistas y los yaks utilizados para transportar materiales.
El campamento base se calienta más rápido que el glaciar
Otro de los aspectos destacados por la investigación es la evolución de las temperaturas.
Los científicos observaron que las temperaturas del campamento base han aumentado aproximadamente el doble de rápido que en otras zonas del glaciar, mientras que el incremento registrado en las áreas cubiertas de nieve ha sido aproximadamente la mitad.

Estos datos refuerzan la preocupación por mantener una infraestructura turística cada vez mayor en contacto directo con el glaciar.
Por ese motivo, una de las posibles soluciones que se están estudiando es trasladar el campamento base a una zona más estable y alejada del hielo.
La medida permitiría reducir la presión directa sobre el glaciar y, al mismo tiempo, intentar compatibilizar la creciente actividad turística con la conservación de uno de los entornos naturales más extremos del planeta.
El caso del Everest demuestra así que la huella humana no desaparece por estar a más de 5.000 metros de altura: incluso allí, miles de visitantes pueden alterar un ecosistema que durante siglos permaneció prácticamente aislado de este nivel de actividad.








