Un iceberg de 76 kilómetros cuadrados se desprendió de Groenlandia y ahora avanza hacia el estrecho de Nares

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Un gigantesco bloque de hielo se separó en agosto del glaciar Petermann y comenzó un lento desplazamiento hacia aguas abiertas. La NASA lo considera el mayor desprendimiento registrado en un glaciar del Ártico desde 2020.

Un bloque de hielo de más de 76 kilómetros cuadrados

El desprendimiento ocurrió durante agosto en el glaciar Petermann, ubicado en la costa noroeste de Groenlandia. El iceberg alcanzó una superficie de más de 76 kilómetros cuadrados, un tamaño comparable al de Saint Thomas, en las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

El fenómeno fue detectado el 4 de agosto por Adam Garbo, estudiante de doctorado en glaciología de la Universidad de Ottawa, mientras analizaba imágenes obtenidas por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA).

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Según la NASA, se trata del mayor desprendimiento producido en un glaciar del Ártico desde 2020.

Los desprendimientos de grandes bloques de hielo forman parte del ciclo natural de los glaciares que desembocan en el océano. Sin embargo, los científicos siguen de cerca estos episodios porque pueden aportar información sobre la evolución y estabilidad de las masas de hielo de Groenlandia.

La fractura sorprendió a los investigadores

El equipo que estudia el glaciar llevaba tiempo observando varias grietas de gran tamaño que atravesaban su extensa lengua de hielo. Los investigadores esperaban que alguna de ellas provocara un desprendimiento considerable.

Pero el hielo terminó rompiéndose por una fractura diferente, dando lugar a un iceberg más pequeño de lo que inicialmente habían calculado.

La separación tampoco significa que el proceso haya terminado. A finales de agosto todavía permanecían abiertas otras dos grandes grietas que podrían generar nuevos desprendimientos.

Según las estimaciones de los investigadores, esos futuros icebergs podrían alcanzar aproximadamente 94 y 84 kilómetros cuadrados, aunque todavía no es posible determinar cuándo podrían separarse del glaciar.

El iceberg ya salió del fiordo

Después de desprenderse, el enorme bloque comenzó a desplazarse por el fiordo Petermann. Durante su primera semana recorrió aproximadamente tres kilómetros por día.

Posteriormente avanzó hacia la salida del fiordo y comenzó a dirigirse hacia el estrecho de Nares, que separa Groenlandia del archipiélago ártico canadiense.

En ese recorrido se encontró con un obstáculo: Joe Island, un pequeño afloramiento rocoso situado en la zona.

Imágenes tomadas por el satélite Landsat 9 de la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) los días 23 y 24 de agosto permitieron observar cómo el iceberg interactuaba con la isla.

No es la primera vez que ocurre algo similar. En 2010, otro gran bloque desprendido del glaciar Petermann chocó contra Joe Island y terminó dividiéndose en dos.

Viento, corrientes y mareas definirán su recorrido

Cuando se desprendió del glaciar, el iceberg tenía una altura estimada de menos de 150 metros. Desde entonces, los vientos y las corrientes superficiales comenzaron a empujarlo fuera del fiordo.

Las imágenes satelitales más recientes muestran que el bloque empezó a girar después de su encuentro con Joe Island y continúa avanzando hacia el suroeste por el estrecho de Nares.

Su recorrido, sin embargo, probablemente será cada vez más difícil de seguir como una única masa de hielo.

El gigante terminará fragmentándose

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Los investigadores esperan que el iceberg pierda tamaño progresivamente a medida que avance por el océano.

Las mareas, el viento, las corrientes marinas y el deshielo irán debilitando su estructura hasta provocar la separación de fragmentos cada vez más pequeños.

Los icebergs procedentes del Petermann suelen ser relativamente delgados y frágiles en comparación con algunos de los enormes bloques que se desprenden de otros glaciares de Groenlandia o de la Antártida.

Algunos pueden quedar encallados en el lecho marino durante largos períodos, mientras que otros continúan desplazándose durante grandes distancias antes de fragmentarse por completo.

Además de aportar agua dulce al océano a medida que se derriten, estos grandes bloques de hielo pueden representar un riesgo para la navegación y determinadas infraestructuras marítimas, especialmente cuando se alejan de las zonas cercanas al glaciar del que proceden.

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