Jim Nollman soñaba con convertirse en una estrella de la guitarra. Su carrera, sin embargo, tomó un camino bastante más extraño: durante años instaló parlantes bajo el agua frente a la costa de Canadá para improvisar música junto a orcas salvajes. Ahora, aquellas sesiones quedaron reunidas en un disco.
Cuando tenía 20 años, Jim Nollman imaginaba para sí mismo un futuro bastante convencional dentro del rock: quería convertirse en el próximo Eric Clapton. No ocurrió. En lugar de escenarios multitudinarios y solos de guitarra frente a miles de personas, terminó tocando frente a un público mucho más inesperado: orcas que nadaban libremente en las aguas de la Columbia Británica, en Canadá.
Durante más de 15 años, Nollman y otros músicos realizaron experimentos sonoros en una ensenada del estrecho de Johnstone. Desde una embarcación equipada como estudio flotante enviaban sonidos al océano mediante parlantes submarinos y utilizaban hidrófonos para registrar las vocalizaciones de los animales. Entre 1985 y 2002 acumularon más de 60 horas de grabaciones de estos singulares encuentros entre humanos y cetáceos.
La experiencia formaba parte del trabajo de Interspecies, la organización creada por Nollman para explorar nuevas formas de relación entre seres humanos y otros animales. El lugar donde se desarrollaron buena parte de estas sesiones recibió incluso un nombre propio: Orcananda, una residencia artística establecida junto a las aguas frecuentadas por las orcas.
Pero las orcas no siempre aparecían. Según recordó Nollman en una entrevista con Guitar World, un investigador que trabajaba en la zona terminó revelándole un detalle que cambió su percepción de aquellas noches: gran parte de los animales parecía ignorar la música, pero una madre y su hijo regresaban repetidamente al lugar. Para él, esos encuentros comenzaron a parecerse cada vez menos a conciertos y cada vez más a una improvisación compartida.
Nollman asegura que también descubrieron ciertos patrones musicales sorprendentes. Según su relato, algunas vocalizaciones de las orcas giraban alrededor de notas que los músicos podían reproducir con sus instrumentos. Cuando ellos repetían esas secuencias, en ocasiones los animales parecían responder con llamadas similares. La escena provocaba inevitablemente una sensación difícil de ignorar entre quienes participaban: por momentos, sentían que estaban “tocando” junto a ellas.
La interpretación de esas experiencias, sin embargo, nunca estuvo exenta de controversias. Nollman no se presentó como científico y reconoció que su trabajo despertó fuertes críticas dentro de algunos círculos académicos. Su búsqueda estaba más cerca del arte, la escucha y la experimentación que de intentar demostrar científicamente que las orcas comprendían o producían música de la misma manera que los humanos.
Décadas después, aquellas grabaciones reaparecieron bajo el título “Orcas’ Greatest Hits”, un álbum publicado por Smithsonian Folkways el 14 de agosto de 2026. El trabajo reúne 14 piezas seleccionadas del archivo generado por Nollman y sus colaboradores y combina guitarra eléctrica, percusión y otros instrumentos con las vocalizaciones registradas bajo el agua.
No era, además, la primera vez que Nollman llevaba una idea semejante a un disco. Ya en 1982 había publicado Playing Music with Animals, un trabajo en el que experimentaba musicalmente con lobos, pavos y también orcas. Más de cuatro décadas después, Smithsonian Folkways volvió sobre esa particular obsesión para recuperar uno de sus proyectos más extensos.
Jim Nollman nunca se convirtió en el próximo Eric Clapton. Pero terminó construyendo una carrera posiblemente mucho más difícil de repetir: la de un músico que pasó buena parte de su vida preguntándose qué podía ocurrir si, en lugar de tocar únicamente para otros humanos, dejaba que una guitarra sonara debajo del océano y esperaba a ver quién contestaba.






