Chile quiere cultivar arándanos en el desierto más árido del mundo con agua de mar

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El proyecto busca transformar 450 hectáreas del desierto de Atacama en una nueva zona agrícola, con una inversión de hasta 30 millones de dólares. La iniciativa toma como referencia el crecimiento de la producción frutícola peruana y podría generar unos 3.000 puestos de trabajo.

Chile busca llevar la producción de arándanos al desierto de Atacama, considerado el más árido del mundo, mediante un proyecto que propone utilizar agua de mar desalinizada para regar cultivos en una región marcada por la escasez hídrica.

La iniciativa es impulsada por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y contempla desarrollar un plan piloto en terrenos fiscales ubicados a unos 20 kilómetros al norte del aeropuerto Desierto de Atacama, en la comuna de Caldera, a aproximadamente 870 kilómetros de Santiago.

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La propuesta prevé comenzar con 200 hectáreas de arándanos cultivados en macetas y avanzar hacia una superficie de 450 hectáreas. Para concretarla, se estima una inversión de entre 25 y 30 millones de dólares, además de un esquema de financiamiento que permita afrontar el elevado costo del agua.

Según las estimaciones difundidas por los impulsores, un proyecto de esa escala podría generar alrededor de 3.000 puestos de trabajo durante la temporada de cosecha. De esta manera, la apuesta no solo busca ampliar la producción frutícola chilena, sino también crear nuevas oportunidades laborales en el norte del país.

Cómo planean cultivar arándanos en el desierto

El principal desafío es garantizar el suministro de agua en una zona donde las precipitaciones son extremadamente escasas. Para resolverlo, el proyecto propone recurrir a agua de mar desalinizada, que luego se utilizaría para el riego de las plantaciones.

El plan contempla que el Estado facilite el acceso a terrenos fiscales y contribuya a estructurar el financiamiento inicial, mientras que el sector privado asumiría los costos operativos. De acuerdo con los representantes del gremio agrícola, ya existe un inversionista chileno dispuesto a afrontar el riesgo de la etapa inicial.

Sin embargo, el costo del agua continúa siendo uno de los factores decisivos para determinar si el modelo puede sostenerse económicamente. Por eso, el plan piloto permitiría evaluar la viabilidad de la propuesta antes de avanzar con una expansión de mayor escala.

El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Antonio Walker, advirtió que el proyecto necesita avanzar en los próximos meses para evitar que la oportunidad termine trasladándose a otro país. Según explicó, si las plantas no se siembran en Chile durante mayo de 2027, podrían terminar cultivándose en Perú.

La iniciativa fue presentada al Gobierno chileno en septiembre y cuenta con el interés de empresarios vinculados a la producción y exportación de arándanos, un sector que ya tiene presencia en ambos países.

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Perú, el ejemplo que Chile quiere seguir

Para conocer experiencias que puedan servir de referencia, representantes del Gobierno y del sector agrícola chileno viajaron recientemente a Perú, donde analizaron sistemas de irrigación y proyectos que permitieron ampliar la actividad agrícola en regiones áridas.

El país vecino se convirtió en uno de los principales protagonistas del mercado internacional de frutas gracias al desarrollo de nuevas superficies productivas y a la incorporación de infraestructura para llevar agua a zonas con condiciones climáticas adversas.

Según las cifras presentadas por Walker, Perú cuenta con alrededor de 2,6 millones de hectáreas bajo riego y exportaciones frutícolas que alcanzan los 15.000 millones de dólares. Chile, en cambio, dispone de aproximadamente 900.000 hectáreas regadas.

Aunque ambos países comparten desafíos vinculados con la disponibilidad de agua, el modelo peruano no podría replicarse de manera idéntica en Atacama. Parte de su desarrollo agrícola se apoyó en el traslado de agua desde zonas con mayor disponibilidad, una alternativa que puede resultar menos costosa que la desalación.

Por eso, los impulsores de la propuesta consideran que la experiencia peruana puede aportar conocimientos técnicos y comerciales, pero que será necesario adaptar las soluciones a las condiciones geográficas y económicas del norte chileno.

Una apuesta por ampliar la frontera agrícola

El proyecto también abrió el debate sobre el aprovechamiento de los terrenos fiscales para desarrollar nuevas actividades productivas. Desde el Gobierno chileno, distintos funcionarios valoraron la posibilidad de convertir superficies actualmente sin explotación agrícola en espacios capaces de generar empleo e inversiones.

No obstante, el desafío va más allá de instalar plantaciones en medio del desierto. La viabilidad del proyecto dependerá de que el costo de desalinizar y transportar el agua permita producir arándanos de manera competitiva, además de garantizar un manejo eficiente de los recursos.

Si el plan piloto demuestra resultados, podría convertirse en un antecedente para explorar otros cultivos y ampliar la actividad agrícola en el norte de Chile. Por ahora, la iniciativa se encuentra en una etapa de evaluación y todavía debe resolver aspectos financieros y operativos antes de concretar la plantación.

La apuesta refleja una tendencia creciente en la agricultura mundial: utilizar tecnología e infraestructura para producir alimentos en territorios que, por sus condiciones naturales, parecían poco aptos para esa actividad. En Atacama, el próximo paso será comprobar si los arándanos pueden echar raíces en uno de los lugares más secos del planeta.

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