Rescatan a una tortuga laúd de 400 kilos que pasó toda la noche atrapada en una red de pesca

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Redactora
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Una hembra adulta de la especie, considerada la mayor tortuga marina del mundo, logró sobrevivir tras permanecer horas sin poder salir a respirar en Ceuta. Los rescatistas tuvieron que inclinarla durante una hora para ayudarla a expulsar el agua de sus pulmones.

Una tortuga laúd de entre 300 y 400 kilos fue rescatada y reanimada en Ceuta, España, después de pasar toda la noche atrapada en una red de pesca sin posibilidad de salir a la superficie para respirar. El operativo, realizado el martes 27 de octubre, estuvo a cargo de los buzos de la almadrabeta local y del Centro de Estudios y Conservación de Animales Marinos (CECAM), que consiguieron estabilizar al animal y devolverlo al mar.

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El ejemplar fue localizado alrededor de las 9:30 de la mañana, durante una inspección rutinaria de las redes. La tortuga estaba exhausta, muy debilitada y en un estado de semiinconsciencia compatible con la aspiración de agua. Como ocurre con todas las tortugas marinas, necesita subir periódicamente a la superficie para respirar, por lo que permanecer atrapada bajo el agua durante tantas horas representaba un riesgo mortal.

Ante la gravedad de la situación, los buzos alertaron al CECAM, cuyo equipo se desplazó hasta el lugar para iniciar las maniobras de recuperación. Tras comprobar que se trataba de una hembra adulta de aproximadamente 30 años, los especialistas le colocaron un arnés de seguridad y la levantaron con una grúa hasta una plataforma estable.

El procedimiento fue fundamental para salvarle la vida. Los rescatistas colocaron a la tortuga inclinada unos 45 grados, con la cabeza apoyada en el suelo y la parte posterior elevada, una posición que mantuvieron durante aproximadamente una hora para facilitar la expulsión del agua acumulada en las vías respiratorias y los pulmones.

Durante ese tiempo, el equipo supervisó sus constantes vitales, su respuesta neurológica y su capacidad para volver a respirar por sus propios medios. Poco a poco, el animal recuperó la consciencia y la fuerza muscular, lo que permitió avanzar con las siguientes etapas de la intervención.

Una vez estabilizada, los especialistas realizaron mediciones y tomaron muestras de sangre y piel para su análisis biológico y genético. El caparazón alcanzaba 1,5 metros de longitud curva, mientras que sus aletas delanteras medían aproximadamente un metro cada una. También examinaron posibles lesiones externas y comprobaron que no presentaba indicios de haber ingerido plásticos.

Finalmente, después de confirmar que su estado permitía devolverla al agua, los rescatistas autorizaron su liberación. La recuperación fue tan favorable que la propia tortuga consiguió soltarse del arnés y regresar al mar por sus propios medios, alejándose rápidamente de la embarcación.

Según el CECAM, se trata de la primera tortuga laúd recuperada en la historia de la almadrabeta de Ceuta, una instalación de pesca tradicional situada en el estrecho de Gibraltar, un corredor natural por el que circulan numerosas especies marinas entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo.

La importancia del rescate también está relacionada con la edad y la capacidad reproductiva del ejemplar. Las hembras adultas desempeñan un papel fundamental en la supervivencia de la especie, ya que pueden realizar varias puestas durante una temporada, con entre 80 y 100 huevos por nido.

La tortuga laúd (Dermochelys coriacea) es la tortuga marina más grande del planeta y puede superar los 600 kilos de peso y los dos metros de longitud. A diferencia de otras tortugas, no tiene un caparazón rígido, sino una estructura flexible formada por pequeñas placas óseas recubiertas de piel, con varias crestas longitudinales que recorren su cuerpo.

Es una especie capaz de recorrer miles de kilómetros y sumergirse a profundidades superiores a los 1.000 metros. Su alimentación se basa principalmente en medusas, por lo que cumple una función importante en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Sin embargo, también es vulnerable a las capturas accidentales en redes de pesca, la contaminación y la pérdida de las playas donde se reproduce.

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La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la clasifica globalmente como Vulnerable, aunque su situación puede variar según la población y la región.

El rescate de Ceuta no fue el único operativo reciente en el que participaron los buzos de la almadrabeta y el CECAM. El pasado 13 de octubre, el mismo equipo consiguió liberar a seis delfines comunes y cerca de 300 peces luna que habían quedado atrapados accidentalmente en una red de pesca.

En aquella ocasión, todos los animales fueron liberados sin sufrir heridas. La revisión de las redes varias veces al día resultó fundamental para detectar a tiempo la presencia de los ejemplares y activar el protocolo de rescate.

Ambas intervenciones ponen de relieve los riesgos que las artes de pesca pueden representar para la fauna marina y la importancia de contar con personal especializado para actuar con rapidez. En el caso de la tortuga laúd, la coordinación entre los buzos y el equipo veterinario permitió que un animal adulto, con capacidad reproductiva, sobreviviera a una situación que podría haber terminado en su muerte.

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