Un joven alemán de 20 años quedó solo a 2.600 metros de altura, con síntomas de hipotermia, después de que sus dos compañeros decidieran continuar el ascenso hacia un refugio en los Alpes austríacos. El excursionista logró pedir ayuda por teléfono y sobrevivió gracias a un complejo operativo de rescate que se extendió durante toda la noche, en medio de fuertes nevadas, viento y temperaturas bajo cero.
El episodio ocurrió el sábado en el macizo del Hochkönig, en el estado de Salzburgo, Austria. Los tres montañistas habían iniciado la travesía pese a las advertencias meteorológicas y a la recomendación de otra excursionista que les había aconsejado no salir debido a las condiciones previstas.

Durante el recorrido por el sector conocido como Königsjodler, uno de los integrantes del grupo comenzó a sentirse mal, quedó exhausto y ya no pudo continuar. En lugar de detener la expedición y permanecer juntos, sus dos compañeros lo dejaron atrás y siguieron camino hasta alcanzar el refugio Matrashaus, ubicado a 2.941 metros de altitud y cerrado durante la temporada invernal.
El joven permaneció solo en la montaña hasta que logró comunicarse con los servicios de emergencia. Cerca de las 19, llamó al Servicio de Rescate en Montaña de Salzburgo para pedir asistencia. Presentaba síntomas de hipotermia y no estaba en condiciones de descender por sus propios medios.
La situación era especialmente delicada porque la oscuridad, las fuertes ráfagas de viento y las nevadas impedían utilizar helicópteros. Por ese motivo, los equipos de rescate tuvieron que organizar un operativo terrestre y avanzar a pie por un terreno cubierto de hielo y nieve.
Wolfgang Haggenmüller, jefe de operaciones del puesto de rescate de Mühlbach, mantuvo contacto telefónico con el excursionista mientras los rescatistas se acercaban. Le indicó que debía mantenerse en movimiento y que no intentara descender solo, ya que desplazarse sin asistencia en esas condiciones podía provocar una caída o agravar su situación.
Once rescatistas participaron del operativo, equipados con crampones para avanzar sobre las superficies heladas. La subida resultó extremadamente difícil incluso para los profesionales, debido a la nieve acumulada, la escasa visibilidad y las condiciones climáticas adversas.
Poco antes de la medianoche, los equipos finalmente lograron llegar hasta el joven. Para entonces, había pasado varias horas expuesto a temperaturas extremas y con un cuadro de hipotermia. Gerhard Kremser, jefe del servicio de rescate del distrito de Pongau, advirtió sobre la gravedad de lo ocurrido y aseguró que el excursionista difícilmente habría sobrevivido si permanecía otra noche en la montaña.
El descenso tampoco fue sencillo. Habían caído alrededor de 20 centímetros de nieve y el sendero había quedado completamente cubierto, lo que dificultaba tanto la orientación como el desplazamiento. Además, existía peligro de avalanchas en las zonas de mayor pendiente.
Para garantizar su seguridad, los rescatistas aseguraron al joven con una cuerda y lo acompañaron durante todo el trayecto. El grupo llegó finalmente a la Erichhütte a las 8.18 del domingo, después de una intervención que se extendió durante aproximadamente 14 horas.
Mientras tanto, los otros dos montañistas también debieron modificar sus planes. Tenían previsto descender por el sector de Birgkar, pero los rescatistas les recomendaron evitar ese recorrido por el riesgo de aludes. Ambos lograron llegar a una zona segura durante la tarde del domingo.

La Policía de Montaña de Austria abrió una investigación para esclarecer por qué el grupo se separó y cuáles fueron las circunstancias del abandono. Las autoridades prevén entrevistar a los tres excursionistas y remitir el expediente a la fiscalía, que deberá determinar si el episodio tiene consecuencias penales.
El caso también reavivó las advertencias sobre los riesgos de emprender travesías de montaña sin respetar los pronósticos meteorológicos ni evaluar las propias capacidades físicas. Desde el servicio de rescate señalaron que una planificación incorrecta y la decisión de ignorar las recomendaciones pueden convertir rápidamente una excursión en una emergencia potencialmente mortal.
Kremser dejó un mensaje dirigido a quienes practican montañismo y recordó que saber cuándo abandonar una ruta también forma parte de la actividad. «Las montañas no van a marcharse», expresó, al insistir en que dar la vuelta a tiempo puede marcar la diferencia entre una experiencia difícil y una tragedia.









