Buscan voluntarios para vivir gratis en la Ribeira Sacra gallega y cuidar animales

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Una pareja de los Países Bajos abrió las puertas de su finca ecológica en Galicia para recibir voluntarios que quieran experimentar la vida rural a cambio de alojamiento y comida. La propuesta se desarrolla en plena Ribeira Sacra, una de las regiones naturales más atractivas del noroeste de España, y combina tareas de jardinería, cuidado de animales y mantenimiento de una propiedad de 7,5 hectáreas.

Los anfitriones son Roy y Mia, una pareja que comenzó a formarse en permacultura en los Países Bajos en 2009 y que decidió instalarse en el interior de Galicia para desarrollar un estilo de vida lo más autosuficiente posible. Su proyecto, llamado Finca Castrovello, está ubicado en la comarca de Chantada, en la provincia de Lugo, y funciona como una pequeña comunidad donde la huerta, los animales y el contacto con la naturaleza forman parte de la rutina cotidiana.

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La propuesta está publicada en la plataforma Workaway y ofrece alojamiento y tres comidas diarias a cambio de algunas horas de colaboración. La alimentación es mayoritariamente vegetariana y aprovecha los productos de la finca, con preparaciones caseras como mermeladas, empanadas y limonada. En los días libres, los voluntarios pueden organizar sus propias comidas en una cocina ubicada junto a las habitaciones.

Para hospedarse, hay distintas alternativas. Una de ellas es una habitación equipada con una cama doble y otra individual, electricidad y baño compartido con ducha de agua caliente. También existe una cabaña de madera con terraza y vistas al entorno, pensada para una o dos personas. Esta última opción es más rústica, ya que no cuenta con electricidad y utiliza un váter seco. Los anfitriones facilitan una lámpara solar para iluminar el espacio. Además, quienes viajen en vehículo propio pueden estacionar una autocaravana en la propiedad.

Aunque no existe un horario fijo establecido en el anuncio, las experiencias compartidas por antiguos voluntarios describen jornadas de aproximadamente cinco horas diarias, cinco días por semana. Roy y Mia organizan los turnos de trabajo y descanso, por lo que los detalles se acuerdan al llegar. Las tareas domésticas vinculadas a la convivencia, como lavar los platos o poner la mesa, no se contabilizan como horas de colaboración.

El trabajo en la finca es variado y depende de las necesidades de cada momento. Una parte importante se concentra en el huerto y el bosque comestible, un sistema de cultivo que combina árboles frutales, arbustos y distintas plantas para reproducir algunas de las dinámicas de un bosque natural. Allí se realizan actividades como sembrar, regar, cosechar, desmalezar, podar e injertar.

También hay que ocuparse de los animales que viven en la propiedad. Entre ellos se encuentran perros, gatos, gallinas y ovejas, que necesitan alimentación y cuidados diarios. Las tareas pueden incluir limpiar el gallinero y los corrales, además de colaborar durante el esquileo de las ovejas.

A esto se suman trabajos de mantenimiento y construcción, como cortar leña, reparar cercos, desbrozar terrenos, acondicionar el invernadero, realizar tareas de albañilería, pintar vigas y trabajar en paredes y revestimientos. Por eso, la pareja busca personas con energía, predisposición y cierta capacidad para realizar actividades físicas.

A cambio, los anfitriones también comparten sus conocimientos. Roy es delineante y albañil, y tiene experiencia en instalaciones eléctricas y de fontanería. Mia, por su parte, trabaja en jardinería, enfermería y cocina. Algunos voluntarios que ya pasaron por la finca destacaron la posibilidad de aprender técnicas de construcción, esquilar ovejas y conocer más sobre permacultura y formas de vida fuera de la red eléctrica convencional.

El entorno es otro de los grandes atractivos de la experiencia. La Ribeira Sacra se extiende entre las provincias de Lugo y Ourense y se caracteriza por sus profundos cañones, viñedos en terrazas y antiguos monasterios. Los ríos Sil y Miño modelaron un paisaje de paredes naturales que pueden alcanzar los 500 metros de altura, mientras que en sus laderas se cultiva la uva mencía mediante un sistema conocido como viticultura heroica, debido a las difíciles condiciones del terreno.

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Uno de los lugares destacados de la región es Belesar, donde los viñedos se distribuyen en bancales sobre el embalse y es posible realizar recorridos en catamarán por el cañón del Miño. La zona también conserva una importante concentración de iglesias románicas rurales. A poca distancia se encuentra el monte Faro, que alcanza los 1.187 metros de altura y ofrece diferentes posibilidades para realizar caminatas y disfrutar de la naturaleza.

Para los momentos de descanso, la finca dispone de dos bicicletas y existen rutas de senderismo en los alrededores. También es posible organizar excursiones hacia las aguas termales de Ourense, aunque se encuentran a mayor distancia.

En cuanto a los requisitos, la estancia mínima es de dos semanas y cada voluntario debe contar con un seguro de responsabilidad civil. Los anfitriones también pueden solicitar una copia del pasaporte. No aceptan familias y mantienen algunas reglas de convivencia: está prohibido fumar por el riesgo de incendios durante los períodos secos, no se permiten las drogas ni el consumo excesivo de alcohol y es obligatorio quitarse el calzado antes de entrar a las viviendas.

Otro aspecto importante es la conectividad. El acceso a internet en la finca es limitado, por lo que recomiendan contar con datos móviles o acercarse al bar del pueblo. La parada de autobús más cercana está a unos dos kilómetros y la estación de tren se encuentra aproximadamente a 30 kilómetros. Los anfitriones pueden recoger a los voluntarios que llegan en transporte público. Quienes no tengan ciudadanía de la Unión Europea deberán gestionar el visado correspondiente para realizar la estancia.

La pareja cuenta con 50 reseñas en Workaway y una calificación promedio de 4,9 sobre cinco en aspectos como fiabilidad y comunicación, además de la insignia de Super Host. Sin embargo, algunos participantes decidieron terminar su experiencia antes de lo previsto porque el estilo de vida rural no coincidía con sus expectativas.

De cara al invierno, Roy y Mia buscan especialmente a una persona que pueda cuidar la casa y los animales entre mediados de diciembre y mediados de enero. Es una oportunidad para quienes quieran pasar varias semanas en un entorno natural de Galicia, aprender sobre autosuficiencia y conocer desde adentro una forma de vida muy diferente a la de las grandes ciudades.

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